Hasta aquí, Estados Unidos ha sido clave para mantener en pie al Gobierno de Javier Milei en Argentina. No solo ha utilizado su influencia en el Fondo Monetario Internacional para aprobar en abril de 2025 un nuevo rescate de 20.000 millones de dólares para el país, sino que el propio Tesoro estadounidense ha intervenido directamente en el mercado cambiario local para apuntalar la cotización del peso y ha puesto a disposición otros 20.000 millones vía swap para contener la volatilidad financiera que rodeó a las elecciones de medio término, el año pasado. Ahora, cuando la política argentina comienza a encender motores para la carrera presidencial de 2027, el libertario busca asegurarse de que su principal aliado sigue detrás de él, cubriéndole las espaldas. El ministro de Economía, Luis Caputo, participó esta semana de la reunión de ministros de finanzas y presidentes de bancos centrales del G20, en Asheville, Carolina del Norte, donde mantuvo dos encuentros clave. El lunes se reunió con Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, y el martes con Scott Bessent, secretario del Tesoro estadounidense y articulador central del respaldo de Washington al Gobierno argentino durante la crisis cambiaria de 2025. Bessent no solo lo recibió en privado en el hotel Omni Grove Park Inn, sino que exhibió en público su apoyo a un modelo que suma rechazos dentro del país sudamericano. “Tenemos una oportunidad histórica en el hemisferio occidental liderada por Argentina y las reformas que implementaron allí”, dijo en una conversación que mantuvo con el presentador y analista conservador Larry Kudlow, exdirector del Consejo Económico Nacional de Estados Unidos. “Todos decían que no se podía hacer y ahora estamos viendo cómo baja la inflación y un cambio en las condiciones económicas”, agregó. Los detalles de estos vínculos son centrales para el mercado que, en palabras del ex ministro de Economía argentino Martín Guzmán, percibe la “dependencia importante” que tiene la economía argentina del país del norte. “El compromiso del gobierno de los Estados Unidos fue muy claro con las medidas que tomó el año pasado y ahora el mercado mira si ese compromiso se puede sostener en el tiempo, en función de la evolución de la situación política”, apunta Guzmán, que actualmente se desempeña como profesor en la Universidad de Columbia. En ese sentido, lo que ocurra el 3 de noviembre con las elecciones de medio término en Estados Unidos será determinante para su capacidad de maniobra financiera, más allá de la afinidad política que pueda tener Donald Trump con Milei. “Hoy Argentina necesita garantizar la presencia de Bessent como rescatista de última instancia de cara a la elección 2027”, resume el economista Emmanuel Alvarez Agis, socio fundador de PxQ Consultora y ex viceministro de Economía de la Nación entre 2013 y 2015. Si los años electorales son de mayor agitación en cualquier país del mundo, en Argentina —como tantas otras cosas— esa agitación puede volverse extrema. Tanto inversores como pequeños ahorristas buscan resguardarse con activos seguros; se desprenden de pesos y migran hacia el dólar, lo que eleva su cotización. Si el Banco Central no es capaz de sostener la estabilidad cambiaria con su intervención en el mercado, los efectos se ven rápidamente en la suba de la inflación y la pérdida de poder adquisitivo de la población. Algo que, de ocurrir, no solo dejaría expuestas las fallas del esquema económico de Milei sino que complicaría su proyecto de ser reelecto presidente por otros cuatro años. En las últimas semanas, esos movimientos de resguardo han comenzado a acelerarse. La demanda de dólares de los argentinos alcanzó en julio su nivel más alto desde las elecciones de 2025, con compras de casi 3.150 millones durante ese mes, un 52% más que en junio y el mayor registro mensual desde octubre del año pasado, en plena tensión electoral. Es una cifra que, por ejemplo, supera el superávit comercial argentino y más que duplica las exportaciones de petróleo crudo, uno de los principales generadores de divisas del país. Para anticiparse a este escenario, el equipo económico del gobierno ha cambiado su estrategia este año y comprado alrededor de 14.000 millones de dólares de reservas a lo largo de 2026, un monto inédito y más que la meta anual trazada por el FMI, de 10.000 millones. Es por eso que analistas como Gabriel Caamaño, director de la consultora Outlier, consideran que la economía argentina está en una situación de mayor fortaleza que la de 2025 para soportar embates. “Hoy Argentina es menos dependiente de la ayuda externa, pero igualmente el peso de Estados Unidos puede resultar ser determinante, como lo fue el año pasado”, matiza.Para Guido Zack, director de Economía de la ONG Fundar, si la demanda de dólares continúa su profundización hacia las elecciones, previstas para octubre de 2027, existe la posibilidad de que todos los resguardos tomados por el Banco Central sean insuficientes. Considera que los márgenes para que el apoyo provenga del FMI ya están agotados — Argentina es, por lejos, la principal deudora mundial del organismo—, pero sí cree que podría volver a intervenir el Tesoro de Estados Unidos directamente o activando el swap ya firmado entre las entidades monetarias de los dos países. “El mecanismo para eventualmente instrumentar un salvataje por parte de Estados Unidos ya está generado. Si se usa o no depende tanto de Argentina como de si Estados Unidos está dispuesto a hacerlo. Uno podría decir que las elecciones del año que viene en Argentina se empiezan a jugar en las elecciones de este año de Estados Unidos”, advierte. Consciente de esta situación, el gobierno argentino activa alternativas como el swap con China —que fue renovado por cinco años a principios de mes— y la posibilidad de ampliar las herramientas de financiamiento externo del Banco Central, algo incluido en la reforma de la Carta Orgánica de la entidad que envió el oficialismo al Congreso. El ministro Caputo, que defendió ante sus pares de otros países los resultados del gobierno libertario en la reunión del G20, anticipa que las elecciones no traerán turbulencias y que incluso será la oportunidad para demostrar la solidez del modelo. “Va a ser un año electoral absolutamente atípico porque la economía por primera vez se va a llevar puesta a la política”, ha asegurado en intervenciones pasadas. De todos modos, trabaja duro para mantener fluidas las relaciones con sus aliados.