El nuevo primer ministro británico, Andy Burnham, promete darle la vuelta a la política económica del Reino Unido desde la conservadora Margaret Thatcher como parte de sus ideas para abaratar el coste de la vida y resucitar la lánguida actividad fuera de Londres. El laborista sigue dando pocos detalles de cómo lo hará y con qué recursos contará.

El verano de Burnham ha incluido un posado con una patata –para mostrar lo pequeñas que son por la sequía–, otro vestido de trabajador de supermercado –para promocionar la contratación de jóvenes con ayuda del Gobierno– y un amago de guitarrista en Kiev. El laborista de aire amigable ha ganado popularidad según las encuestas a base de vídeos cortos, la presencia constante en redes y un tour por todas las regiones, pero ahora arranca el curso parlamentario con los desafíos habituales para un país empobrecido y aislado.

“La vida es demasiado cara para demasiadas personas”, dijo Burnham este martes en una declaración ante la Cámara de los Comunes. “El Reino Unido no está en el lugar que querríamos. No está funcionando como debería”.

En su primer discurso formal en el Parlamento desde que fue elegido primer ministro por su partido en julio, Burnham pintó un país dañado por el modelo de privatización, recortes del gasto público y centralización desde los años 80 al que el Brexit le dio la puntilla. “El Reino Unido ha tomado decisiones equivocadas desde los años 80... El cambio empieza con la honestidad”, dijo Burnham, que sugirió más control del Estado de los servicios públicos. Si bien sigue sin detallar sus planes más allá de los que ya estaban marcha con Keir Starmer, Burnham dijo que hacia el final del año presentará un plan en el que estarán incluidas las compañías de agua.