El descubrimiento de un nuevo Camino Inca en Machu Picchu acaba de sumar una pieza inesperada al enorme rompecabezas arqueológico de la antigua ciudadela. La ruta, localizada en el sector de la Muralla Mandor, fue identificada mediante tecnología LiDAR y comprende al menos 2,5 kilómetros de vestigios. Pero lo que más intriga a los investigadores no es únicamente su extensión, sino la dirección que toma: los primeros análisis sugieren que habría estado orientado hacia Yanantin, una montaña sagrada vinculada con prácticas rituales de la sociedad inca.La investigación fue posible gracias al uso de LiDAR, una tecnología de teledetección que emplea pulsos de luz láser para obtener información detallada del terreno incluso cuando este permanece cubierto por una vegetación muy densa. En este caso, los equipos permitieron identificar la red pétrea del camino, además de estructuras y plataformas que no eran fácilmente visibles desde la superficie.Los especialistas de la Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco y de la Universidad de Varsovia identificaron aproximadamente 2,5 kilómetros de Camino Inca con características arquitectónicas correspondientes al Horizonte Tardío. Algunos tramos presentan plataformas de entre 1,5 y 2 metros de ancho, mientras que el trazado muestra sectores en zigzag que siguen la accidentada geografía de la montaña.La principal pista está en la orientación. Según Nino Del Solar Velarde, responsable de Investigaciones Arqueológicas de Machu Picchu, la ruta atraviesa Mandor y mantiene una dirección que coincide con el eje de Yanantin, montaña situada a unos 4.100 metros sobre el nivel del mar. Para los investigadores, esta coincidencia plantea la posibilidad de que no se tratara simplemente de una vía de desplazamiento cotidiano.Yanantin formaba parte del conjunto de montañas consideradas sagradas alrededor de la llaqta de Machu Picchu. Dentro de la cosmovisión andina, el concepto de yanantin está relacionado con la dualidad, la complementariedad y el equilibrio. Por ello, la posibilidad de que una ruta haya sido construida deliberadamente en dirección a este espacio abre una hipótesis fascinante: que el camino haya servido para desplazamientos vinculados con ceremonias o prácticas religiosas.Otro elemento que desconcierta a los especialistas es la propia Muralla Mandor. Sus sectores alcanzan entre dos y tres metros de altura, una característica que inicialmente podría hacer pensar en una estructura defensiva. Sin embargo, hasta ahora no se ha encontrado un contexto arqueológico que permita relacionarla directamente con un conflicto bélico.La alternativa planteada es que esa estructura pudo funcionar como un camino ritual sobreelevado, adaptado a la topografía natural. A diferencia de las plataformas ortogonales que pueden observarse en otros sectores de Machu Picchu, en Mandor los incas parecen haber incorporado la arquitectura directamente a la forma de la montaña. Esta interpretación todavía debe ser comprobada mediante investigaciones físicas en el terreno.El hallazgo también cambia la manera de entender Machu Picchu. La ciudadela no habría funcionado como un espacio aislado, sino como el núcleo de una extensa red de caminos que conectaba distintos sitios arqueológicos. De acuerdo con los investigadores, el nuevo tramo podría tener conexiones con estructuras ya identificadas y formar parte de una red de más de 300 kilómetros de caminos vinculados al entorno de la llaqta.La respuesta definitiva al misterio todavía no está escrita. El trabajo realizado hasta ahora ha sido no invasivo, por lo que los arqueólogos deberán realizar nuevas prospecciones directamente sobre el terreno. Estas investigaciones están previstas hacia finales de 2026 y comienzos de 2027, con la participación y autorización de las instituciones encargadas de proteger este espacio natural y arqueológico. Mientras tanto, el nuevo camino ofrece una posibilidad extraordinaria: conocer un poco más sobre la relación que los incas establecieron entre arquitectura, paisaje y espiritualidad en uno de los lugares más estudiados del Perú.