Lo ha vuelto a hacer. Pedro S�nchez se present� ayer ante la opini�n p�blica, despu�s de un mes desaparecido (incluidas tres semanas de vacaciones), en una entrevista radiof�nica en la que insisti� en el extravagante relato lanzado en d�as pasados sobre la invasi�n de entre 80.000 y 100.000 personas de la ciudad aut�noma de Ceuta. Seg�n el presidente, se ha tratado de una conspiraci�n lanzada en redes sociales por Rusia, Israel y la internacional ultraderechista para desestabilizar al Gobierno progresista de Espa�a.Cualquier persona sensata que escuchara ayer el razonamiento del l�der socialista, adelantado la semana pasada por su ministro de Exteriores, solo ver�a dos explicaciones: o que ha perdido el juicio, o que es un mentiroso compulsivo. Despu�s de o�r algunas otras de las afirmaciones vertidas en la entrevista, como que el Rey Felipe lleva veinte a�os como monarca (apenas lleva doce), lo l�gico es inclinarse por la segunda opci�n. S�nchez lleva a�os mintiendo a sus electores, a los afiliados del PSOE, a sus socios parlamentarios y a toda la ciudadan�a, sin que le cambie la cara. Y esta vez lo ha vuelto a hacer con esa voz impostada con la que pretende lograr una credibilidad perdida hace mucho tiempo.La comparecencia p�blica del presidente del Gobierno, tres d�as antes de acudir al Parlamento a dar explicaciones sobre la crisis de seguridad nacional que sufre nuestro pa�s (�por qu� llamarla crisis migratoria?), ha sido una repetici�n de sus respuestas ante conflictos anteriores. Ni una palabra de autocr�tica, nada de empat�a con los ceut�es y defensa cerrada de Marruecos. No se dio por aludido ante la nefasta gesti�n de una situaci�n en la que no se tomaron medidas hasta semanas despu�s de la invasi�n, no se ha facilitado informaci�n fiable y tampoco ha habido coordinaci�n ni dentro del Ejecutivo, ni con el gobierno de Ceuta. Ayer no aclar� ninguna de las inc�gnitas que permanecen abiertas un mes despu�s. Pretendi� zanjar el asunto con un rid�culo relato digno de los negacionistas m�s radicales.Tanto es as� que ni siquiera sus socios en el Consejo de Ministros le dieron credibilidad. Ernest Urtasun, ministro de Cultura por el cupo de Sumar, sali� ayer a desmentir a S�nchez y culp� abiertamente a Marruecos de dise�ar o consentir "el ataque a la integridad nacional de Espa�a" (frase que utiliz� el propio S�nchez un d�a antes de desaparecer en La Mareta). Otros aliados del Ejecutivo se sumaron a las cr�ticas al presidente.Nadie puede dudar a estas alturas de que en una dictadura como la marroqu� nada sucede a espaldas del Rey. Ante cualquier situaci�n siempre conviene preguntarse �qui prodest? Y, en este caso, est� claro que la invasi�n de Ceuta est� beneficiando a Marruecos. Por mucho que el l�der socialista insistiera ayer en que no hay informaci�n sobre la participaci�n de Rabat, los hechos demuestran que varios ministros del rey Mohamed VI no tardaron ni una semana en defender la soberan�a marroqu� de las ciudades aut�nomas de Ceuta y Melilla.La defensa a ultranza de Pedro S�nchez y sus ministros sobre la colaboraci�n de Marruecos "desde el primer momento" de la crisis es tan incre�ble como el propio relato de la conspiraci�n internacional contra el Gobierno progresista de coalici�n. Desde Rabat siguen neg�ndose a recibir a los menores que se han instalado en Ceuta y ponen todo tipo de trabas para la repatriaci�n de los miles de invasores que siguen malviviendo en las calles de la ciudad.La entrevista de ayer mostr� a un S�nchez derrotado, incapaz de afrontar la crisis de seguridad que afronta Espa�a en sus fronteras y de dar soluci�n a las reclamaciones de los ceut�es, que llevan un mes escuchando que pronto llegar� la normalidad a la ciudad sin que ello suceda. Las declaraciones del presidente de la ciudad aut�noma, Juan Jes�s Vivas, en d�as pasados es el mejor ejemplo de la nefasta gesti�n del Gobierno ante la crisis.Vivas explic� que, d�as antes de la invasi�n, llam� a La Moncloa sin que el presidente le atendiera y recibi� una llamada a la calma de alguien de su equipo, pese a la informaci�n de alerta que le facilit�. Lo mismo sucedi� al d�a siguiente con el ministro del Interior. Fernando Grande-Marlaska estaba muy ocupado con los incendios y no le hizo ni caso. Cuando estall� la crisis los d�as 30 y 31 de julio, S�nchez y Marlaska viajaron a Ceuta y prometieron solucionar el problema r�pidamente.Pero al d�a siguiente, el l�der socialista se fue de vacaciones y fueron pasando los d�as y las semanas mientras el problema se iba agravando. "Tengo derecho a descansar", dijo ayer S�nchez a su entrevistador cuando le pregunt� si no fue un error irse a La Mareta en esos momentos. Ese es su estilo. Como cuando compareci� ante la prensa tras los incidentes en Paiporta y lo primero que dijo es "yo estoy bien" o como cuando en otra intervenci�n p�blica zanj� las preguntas dif�ciles explicando que "son las cinco y todav�a no he comido". Tanto apego a la poltrona y no se da cuenta de que se es presidente 24 horas al d�a 365 d�as al a�o.El presidente aprovech� para volver a defender la inocencia de su esposa, de su hermano y del expresidente Jos� Luis Rodr�guez Zapatero, adem�s de atacar al PP y, sobre todo, a Isabel D�az Ayuso, de la que dijo que "lo del �tico es lo que parece, se ha querido comprar un aticazo con la pasta de los madrile�os". La guerra entre ambos sigue muy viva.Pero en su intervenci�n se produjeron dos afirmaciones especialmente preocupantes, que muestran su nivel de nerviosismo. En primer lugar, al hablar sobre las pr�ximas elecciones y la posibilidad de que haya una alternancia pol�tica, el l�der socialista se despach� con la frase de que "en Espa�a no hay propuesta de alternancia", desacreditando a Alberto N��ez Feij�o, quien le derrot� en los comicios de 2023. Una frase m�s digna de un aut�crata que de un dem�crata.Aprovech�, adem�s, la oportunidad para lanzar una cr�tica al Rey, con mentira incluida. Presumi� de haber visitado cuatro veces Ceuta durante sus ocho a�os de mandato y que Felipe VI no lo hab�a hecho en los veinte como monarca. Solo decir que el rey lo es desde 2014 y que sus viajes requieren la autorizaci�n del Gobierno. A nadie se le escapa que S�nchez lleva a�os bloqueando la actividad real y que buena parte de sus aliados son enemigos de la Monarqu�a constitucional.