Desde este 1 de septiembre, repostar no costará lo mismo para todos los conductores. La fiscalidad de los carburantes se modifica con una reducción de 20 céntimos por litro en el gasóleo y de 5 céntimos en la gasolina, una medida pensada para contener el impacto del encarecimiento de los combustibles.PublicidadLa rebaja se produce tras la activación de la cláusula de salvaguarda que el Ejecutivo incorporó al Plan de Respuesta ante la crisis aprobado el pasado 29 de junio. Este mecanismo permite reducir temporalmente la carga fiscal de los carburantes cuando se registra una subida extraordinaria de sus precios, como la que se ha producido en los últimos meses.Qué es la cláusula de salvaguardaLa cláusula de salvaguarda funciona como un mecanismo de protección ante una subida extraordinaria de los carburantes. Su activación estaba vinculada a una condición concreta: que la inflación interanual de la gasolina o el gasóleo superase el 15% en julio. Al cumplirse ese umbral, se ponía en marcha una reducción adicional de la fiscalidad.Los datos de julio confirmaron que el gasóleo había superado ese límite, con un incremento del 15,7% respecto al mismo mes de 2025. La gasolina, en cambio, registró una subida del 7,3%, por lo que no alcanzó el nivel necesario para aplicar la misma rebaja. De ahí que desde septiembre el descuento sea de 20 céntimos por litro para el gasóleo y de 5 céntimos para la gasolina.Este mecanismo altera además el calendario previsto para retirar progresivamente la rebaja fiscal sobre los carburantes. El plan contemplaba una reducción escalonada del descuento de 20 céntimos, que debía pasar a 15 céntimos en julio, 10 en agosto y 5 en septiembre.PublicidadLa activación de la cláusula ha frenado temporalmente ese descenso en el caso del gasóleo. De esta forma, la rebaja extraordinaria permite amortiguar parte del impacto de la subida de precios mientras se mantenga la situación que justificó su aplicación.¿Cómo ha subido el precio de la gasolina y el diésel?El coste de llenar el depósito ha seguido aumentando durante las últimas semanas. Entre el 18 y el 24 de agosto, el litro de gasolina alcanzó de media los 1,72 euros, un 0,9% más que en la semana anterior. El diésel también continuó su escalada hasta situarse en 1,86 euros por litro, tras encarecerse un 1,6%.La comparación con finales de junio muestra con mayor claridad la magnitud de la subida. En apenas dos meses, la gasolina se ha encarecido cerca de un 20%, desde los 1,438 euros por litro registrados entonces. En el caso del gasóleo, el incremento ronda el 24%, frente a los 1,504 euros que costaba a finales de junio.PublicidadEl repunte se produce además coincidiendo con la Operación Retorno, que comenzó el último viernes de agosto y durante la que la DGT preveía hasta 6,9 millones de desplazamientos. En esa jornada, el precio medio se situó en 1,727 euros por litro para la gasolina y 1,861 euros para el diésel, según los datos de Facua.El encarecimiento de los carburantes también está teniendo consecuencias sobre la inflación, que se situó en el 4,3% en agosto, su nivel más elevado en más de tres años. Los productos energéticos fueron uno de los principales factores detrás de este repunte, con una subida interanual del 17%, casi siete puntos por encima de la registrada en julio.El efecto de la rebaja fiscal sobre lo que finalmente paguen los conductores dependerá también de cómo evolucione el precio del petróleo. Si el crudo mantiene su tendencia ascendente, el descuento de los impuestos podría no ser suficiente para evitar nuevas subidas en las estaciones de servicio.A esta incertidumbre se suma la situación en Oriente Medio, donde el conflicto entre Irán y sus adversarios continúa sin una salida clara y Estados Unidos mantiene la presión sobre Teherán con nuevas sanciones. La situación del estrecho de Ormuz, una de las principales rutas mundiales para el transporte de petróleo y gas licuado, sigue siendo otro factor de preocupación para los mercados energéticos.
El diésel rebaja sus impuestos a 20 céntimos desde el 1 de septiembre: este es el motivo
El estrecho de Ormuz mantiene la presión sobre los mercados.









