Benjamín Netanyahu lleva 19 años como primer ministro de Israel, pero ninguno de sus Gobiernos ha sido tan destructivo en Cisjordania como el actual, en el que ha dado las llaves a la ultraderecha para hacer, deshacer y —como le gusta decir a su ministro ultra Bezalel Smotrich— convertir en imposible el futuro de un Estado palestino. Es su dedicación desde que retomó el poder en 2022, con particular fuerza e impunidad desde el ataque de Hamás un año más tarde, y de ello se jactó el miércoles, a dos meses de jugarse la reelección en las urnas.Netanyahu subrayó el fruto del “esfuerzo tremendo” de su Ejecutivo: la creación o legalización nacional retroactiva de 104 asentamientos y otras 160 granjas-asentamiento en el mapa del territorio ocupado de Cisjordania. Ese esfuerzo consiste en robar tierras a palestinos utilizando a unos cuantos jóvenes convencidos de que cumplen una misión nacional y divina, y el necesario apoyo (político y financiero) de las instituciones. Los actos de violencia contra palestinos se han disparado un 560% desde 2019. Solo un 6,6% acaba en imputaciones, según los datos de la policía.Aunque todas las colonias en de Cisjordania son ilegales, según el derecho internacional, no deja de sorprender la desfachatez del jefe de Gobierno israelí, presumiendo de aquellas que incluso su propio país considera ilegales y debería desmantelar, algo que ha dejado virtualmente de hacer. El Estado y el movimiento colonizador se han fusionado en estos últimos años. Bajo este Gobierno, los soldados tienen aún más claro a quién pueden expulsar, proteger, disparar o impedir el acceso, en función de si es judío o árabe. Se ha visto en el poblado de Qusra, donde las tropas no sacan a los colonos y no detuvieron ni identificaron el sábado a las decenas que entraron a lanzar piedras y tomar una casa. Qusra está en la zona bajo control de la Autoridad Nacional Palestina (ANP). Ahí los colonos han establecido al menos 30 asentamientos en lugares estratégicos.Netanyahu hizo esas declaraciones en hebreo, en un encuentro anual con colonos israelíes, mientras en inglés se presenta como una especie de muro de contención del islam radical que ayuda a proteger a Europa, alimentando su clara alianza con la ultraderecha islamófoba. En realidad, sus políticas en Cisjordania solo generan dolor, conflicto eterno y radicalización. Esta semana, el primer bombardeo aéreo en meses sumó otros tres muertos a los más de 1.100 que ha causado Israel desde octubre de 2023. Mientras, otorga impunidad a los colonos violentos; ha hecho aún más infernales los desplazamientos en el fragmentado territorio, añadiendo barreras, vallas y retenes; mantiene desplazados (sin fecha alguna de regreso) a más de 30.000 habitantes de tres campos de refugiados del norte, y ahoga económicamente a la ANP. Hoy, el robo de tierras es política oficial del Gobierno de Israel, que ha perdido toda noción de legalidad protegido por el silencio internacional.