Ronald Sakolsky es un profesor estadounidense retirado que, en 1999, enseñaba inglés en Luoyang, en la provincia china de Henan. Por aquel entonces, conoció la historia de Yin Yuzhen, una agricultora de Mongolia Interior que llevaba adelante una batalla contra la desertificación. Inspirado por su esfuerzo, decidió donar $5,000 para ayudarla a plantar árboles en una zona que durante años había estado dominada por la arena.La primera vez que se encontraron personalmente fue durante una ceremonia de donación en el desierto de Mu Us en el año 2000. Posteriormente, Sakolsky regresó a Estados Unidos y perdió el contacto con Yuzhen. Ella, sin embargo, continuó trabajando y utilizó los recursos recibidos para plantar más de 50,000 árboles.Un reencuentro después de 26 añosCon el paso del tiempo, la transformación del territorio fue extraordinaria. Actualmente, la vegetación cubre más del 80% del desierto de Mu Us, una de las cuatro grandes regiones arenosas de China. Sakolsky no sabía qué había ocurrido con los árboles que ayudó a financiar hasta que volvió a tener noticias de su antigua amiga.En mayo, Yuzhen consiguió ponerse nuevamente en contacto con él mediante una videollamada y lo invitó a regresar a China para contemplar personalmente el “milagro verde” que había ayudado a impulsar. El esperado encuentro finalmente ocurrió el 23 de agosto en el aeropuerto de Ordos, donde ambos se abrazaron entre lágrimas.“Pensé que nunca volvería a verte. Eso por sí solo es un milagro”, comentó Sakolsky según South China Morning Post. “También demuestra que personas de diferentes culturas pueden cumplir sus promesas.”Esa misma noche recorrieron la ciudad y se detuvieron frente a una fuente musical mientras sonaba la canción “See You Again”. Después de cantar juntos, Sakolsky celebró su regreso pronunciando en chino: “He vuelto”.El bosque que nació de aquella donaciónAl día siguiente, Sakolsky pudo comprobar de cerca hasta dónde había llegado el trabajo de Yuzhen. Visitó su casa, que había cambiado desde aquella primera época, y observó los frutos y vegetales que la agricultora consiguió cultivar en un territorio que décadas atrás era prácticamente estéril.“Si cuidas de la Tierra, la Tierra te recompensará”, afirmó. También señaló que, después de más de cuatro décadas luchando contra el desierto, Yuzhen “merece lo mejor”.Juntos caminaron tomados de la mano hasta el denominado oficialmente “Bosque Sakolsky”. Allí, el estadounidense abrazó algunos de los árboles y plantó junto a Yuzhen un nuevo árbol como símbolo de su amistad. “Tú les diste vida a los árboles y los viste crecer, igual que los padres se sienten orgullosos de sus hijos”, le dijo posteriormente.Para Yuzhen, sin embargo, aquella transformación tuvo un costo personal. La agricultora reconoció que pasó tantos años cuidando el bosque que llegó a sentirse como una “madre” para los árboles, aunque eso significara dedicar menos tiempo a su propia familia. Durante años mantuvo la determinación de que “preferiría morir plantando árboles antes que ser derrotada por la arena”.Una amistad que terminó cruzando fronterasSakolsky considera que Yuzhen es la verdadera fuerza detrás de la transformación. Para él, la decisión de ella de dedicar el dinero recibido a los árboles fue más significativa que su propia contribución.“Hace más de 20 años, $5,000 equivalían aproximadamente a 20 años de ingresos para un agricultor chino”, señaló. “Ella podría haberlo utilizado para mejorar su propia vida, pero en cambio lo dedicó a los árboles. Muy pocas personas harían eso.”El propio Sakolsky reconoce que antes de conocer a Yuzhen nunca se consideró un ambientalista y que sabía muy poco sobre la desertificación. Su relación con ella terminó cambiando su manera de entender la conexión entre las personas y el planeta.“Solo tenemos una Tierra. Si no cuidamos de ella, ella no cuidará de nosotros”, agregó el ex docente. Después de pasar varios días juntos, ambos descubrieron que las palabras eran cada vez menos necesarias para comunicarse. Antes de abandonar el desierto, Sakolsky se llevó un frasco con arena como recuerdo de aquel lugar y como símbolo del vínculo creado entre dos personas de China y Estados Unidos.Yuzhen también le entregó un bordado con las palabras “Una Tierra, un sueño”, además de unas plantillas hechas a mano decoradas con rosas y mensajes de buenos deseos. La historia del reencuentro rápidamente se hizo viral: videos de ambos acumularon más de 120 millones de reproducciones en las redes sociales de China en apenas unos días.
Donó $5,000 para plantar árboles en un desierto de China: 26 años después volvió para descubrir el increíble resultado
Ronald Sakolsky regresó a China para reencontrarse con Yin Yuzhen, la agricultora a la que ayudó en 1999. Allí caminó por el bosque que creció gracias a décadas de esfuerzo y a una donación que nunca imaginó que tendría semejante impacto.






