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Durante años, los visitantes de la Calzada del Gigante, en Irlanda del Norte, dejaron algo más que fotografías y recuerdos. Muchos turistas introdujeron monedas entre las grietas de sus particulares columnas de basalto, una práctica que comenzó como un gesto de buena suerte o afecto, pero que terminó convirtiéndose en un problema para la conservación del monumento natural.
Los trabajos realizados en este emblemático lugar permitieron retirar más de 20 kilogramos de monedas, equivalentes a unas 10.000 piezas, según informó la BBC. La tarea fue lenta y requirió sacar algunas de ellas una por una, debido a que habían quedado profundamente encajadas entre las rocas.
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El hábito de introducir monedas en las formaciones rocosas llevaba años produciéndose, aunque aumentó durante la última década. Algunos visitantes no se limitaban a colocar las piezas en las estrechas grietas: también utilizaban otras piedras para golpearlas y conseguir que quedaran más profundamente incrustadas.








