0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialSi el Santiago Bernabéu fuese un confesionario, este agosto todos los futbolistas del Real Madrid han purgado sus pecados. Tres partidos, tres victorias, diez goles a favor y dos en contra, dos goleadas en el estadio blanco con solvencia y momentos de buen juego, de aquellos de verticalidad y talento individual que provocan el regocijo de la hinchada. Pero, sobre todo, entusiasma entre la gente la sensación de equipo que ofrecen los de Mourinho: todos corren, todos juegan, todos regatean, todos se abrazan... El influjo del portugués, por el momento, es mano de santo. Ahora mismo el vestuario es una balsa de aceite cuando antes era un hervidero.Si ante la Real Sociedad destacó el 'hat-trick' de Mbappé, futbolista por el que ya Mourinho ha iniciado la campaña para ser el Balón de Oro, el triunfo ante el Málaga lleva la firma de Bellingham (4-0). Encajado en la mediapunta, el inglés, una sombra el curso pasado y silbado por el público del Bernabéu, recupera la versión que maravilló el primer año en Chamartín, ese centrocampista total.El futbolista fue principio y fin del juego del Madrid. Sin Bernardo Silva y Güler, sustituidos por Camavinga y Brahim, Bellingham fue el conductor del juego de ataque, el ejemplo a la hora de activarse en la presión y el abrelatas. Tras unos buenos primeros minutos del Málaga, cuyo fútbol es de aquellos que entra por los ojos, el inglés recuperó en línea de tres cuartos (el Málaga pidió una falta a Recio) y apretó el acelerador deshaciéndose de Galilea y Rafita para colar el balón entre las piernas de Herrero (1-0).Sin tiempo para digerir el golpe, el propio inglés remató de cabeza un rechace del meta a tiro de Mbappé y el Málaga se lió al despejar. El propio portero acabó introduciéndose el balón en la portería (2-0). Mbappé, cuatro minutos después, a pase de Trent Alexander, voleó cruzado para sentenciar en la primera media hora (3-0). El Málaga no lo vio venir, pero el Madrid ya se mostraba dominador cuando pisaba área rival. De un estornudo, los blancos crearon un auténtico huracán para los andaluces. En diez minutos abanderados por Bellingham.Consciente de que en la gestión de vestuario estará el éxito, Mourinho le dio también la titularidad a Rüdiger en lugar de Konate y Cucurella por Carreras. Dos soldados que cumplieron su función sin estridencias. Un remate al palo de Rafa Rodríguez, para despedir el primer acto, fue la única oportunidad con veneno de los visitantes. Tras el descanso, reforzaron el mediocampo para ganar solidez, y el Madrid siguió erre que erre capitaneado también por un Valverde solidario en la presión, ejerciendo de capitán, prolongación de Mourinho. Bellingham, con un remate con la zurda, estrelló el balón en el poste antes de la hora de juego. Los decibelios se rebajaron. Camavinga siguió sembrando dudas con sus desconexiones. Y Mourinho le dio tiempo a Diomande.Sobre el marfileño se han puesto las mismas expectativas que determina su precio (130 millones). Otro reto más para un Mourinho que no quiere desequilibrar el equipo y que lo irá encajando paulatinamente. Pocos regates, mucha timidez aún, un penalti por mano rectificado por el colegiado tras verlo en el VAR: el balón le dio en el brazo pero tras un rebote de Rüdiger.Abierto el partido, con la entrada de Güler el equipo encontró un faro para mejorar los contraataques. Llegó el 4-0 obra del turco tras una asistencia de Vinícius a las puertas del tiempo añadido y Mbappé estuvo a centímetros de hacer la manita. El Madrid de Mourinho es una apisonadora con Bellingham, ahora, a los mandos. El Bernabéu lo celebra.