El telescopio espacial Nancy Grace Roman, la nueva gran apuesta de la NASA para entender el universo, despegó con éxito este domingo a las 13.26, hora peninsular española, a bordo de un cohete Falcon Heavy de SpaceX desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida. Minutos después del lanzamiento, el observatorio se separó del cohete y comenzó su viaje hasta su destino: el punto de Lagrange L2, a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, donde permanecerá en órbita durante al menos cinco años, ampliables a diez.Con un espejo principal de 2,4 metros (el mismo tamaño que el del Hubble), la principal virtud de Roman no es ver más lejos que sus predecesores, sino ver mucho más ancho: su campo de visión es al menos cien veces mayor que el del Hubble, lo que le permitirá fotografiar en una sola toma lo que a este le costaría cien imágenes distintas. Una vez operativo, generará alrededor de 500 terabytes de datos al año, más de lo que el Hubble ha reunido en sus 35 años de servicio.Roman tiene por delante dos grandes tareas. La primera es arrojar luz sobre dos de los mayores enigmas de la física: la materia oscura, que compone el 85% de la materia del universo, pero nunca ha sido observada directamente, y la energía oscura, la fuerza responsable de que el universo se expanda cada vez más deprisa. Para ello, el telescopio cartografiará más de mil millones de galaxias y miles de supernovas, con una precisión hasta diez veces mayor que la lograda hasta ahora.“Quizá haya un premio Nobel gracias a los datos de Roman, por demostrar algo que explique la materia y la energía oscuras de una forma distinta a como pensamos ahora”, ha dicho la española Begoña Vila a EL PAÍS. Vila es ingeniera de sistemas en el Centro Goddard de la NASA y corresponsable de las operaciones del Sensor de Guiado Fino de Roman.La segunda gran tarea del nuevo telescopio es la caza de nuevos mundos. Roman utilizará tanto el método clásico de tránsito planetario como la técnica de microlente gravitacional, mucho menos explotada hasta ahora, con la que se espera identificar hasta 100.000 exoplanetas nuevos, una cifra que multiplicaría por más de quince el número de mundos confirmados hasta la fecha.Sin embargo, el descubrimiento más importante de Roman, insisten sus responsables, es el que nadie puede prever: los mejores hallazgos de un observatorio nuevo no suelen ser los que se buscaban. “No tenemos ni la menor idea de lo que vamos a encontrar”, reconoció el sábado Vanessa Bailey, científica del Jet Propulsion Laboratory (JPL), durante una rueda de prensa previa al lanzamiento. “Como nunca hemos visto las partes del universo que vamos a observar con Roman, todos queremos encontrar cosas que no esperamos, o que no entendemos”, añade Vila.El telescopio llega al espacio después de un proceso de construcción y pruebas de varios años en el Centro Goddard de la NASA, en Maryland, que finalizó con nueve meses de adelanto sobre el calendario previsto. Ahora empieza la fase más delicada: el viaje hasta L2 y la puesta a punto de sus instrumentos, antes de que la comunidad científica internacional pueda empezar a explotar sus datos. Todos los datos de Roman estarán disponibles para investigadores y estudiantes, sin periodo de exclusividad por parte de la NASA, como sí ha ocurrido en otras ocasiones.