Alexia Putellas (Mollet del Vallès, 32 años) es zurda, aunque no del todo. Alexia tiene eso que se llama lateralidad cruzada, es decir: es zurda de pie pero diestra de mano. Juega con su pierna izquierda dominante pero firma contratos y autógrafos con la derecha, igual que Maradona, Leo Messi y Lamine Yamal. Alexia chuta una y otra vez con su pierna izquierda contra una pared de ladrillo en un callejón del este de Londres. Ella no dice chutar, claro, dice golpear. Subida a unos tacones de aguja de 10 centímetros de charol granate, vestida con un gorro de lana y un enorme abrigo en una calurosa mañana de julio en plena ola de calor, posa para el fotógrafo. La primera vez que golpea el balón se escucha un suspiro colectivo. ­¿Stilettos, adoquines, abrigo y balón? “She is such a star”, dice la jefa de producción con un acento inglés cerradísimo. Por algo la llaman La Reina. The Queen.Golpea el balón con la fuerza justa y lo recoge como si pesara lo mismo que un globo. Cuando empezó a jugar en el Sabadell, con siete años, apenas podía levantar el balón del suelo. Compartía equipo con niñas de 12, que “hacían unos pases y unos tiros espectaculares” y ella se enfadaba porque no las podía imitar. Pero también se empeñaba, y allí, por la banda izquierda, a fuerza de persistencia, empezó la formación de la que hoy es una de las mejores jugadoras del mundo y dos veces ganadora del Balón de Oro. Entonces no federaban a niños menores de ocho años, así que mintieron con su edad, una “pequeña trampilla” para que pudiera jugar en el equipo. Su tía la llevaba al entrenamiento desde su pueblo a Sabadell al terminar el colegio, después de merendar. Su padre la recogía cuando salía de trabajar y si ellos no podían, entonces lo hacía su abuelo. “El pobre, que nos metíamos por Barcelona y bueno, nos perdíamos”, cuenta Alexia en un descanso de la sesión de fotos.Acaba de instalarse en Londres, donde comenzará a jugar en septiembre con el London City Lionesses, un club exclusivamente femenino propiedad de la empresaria Michele Kang, que desde 2022 ha invertido en equipos de fútbol femenino (además del London City, es propietaria del Washington Spirit en la Liga estadounidense y del OL Lyonnes en Francia, el equipo más laureado de Europa), fichajes, equipamientos e investigación sobre lesiones en mujeres. La presentación de Alexia en Nueva York como nueva jugadora del London City generó mucha expectación: dejaba el Barça tras 14 años y haber ganado cuatro Champions League, diez Ligas, diez Copas de la Reina (y una más antes con el Espanyol, en 2010) y seis Supercopas de España por un equipo de apenas siete años que solo lleva dos en la WSL, la primera división femenina de la Liga inglesa. Los medios allí reunidos veían en este movimiento una alianza más duradera entre la española y Kang que los tres años que estipula su contrato. Dos mujeres con un mismo objetivo, una unión estratégica y formativa para impulsar el fútbol femenino en el ámbito global. En aquella presentación Alexia recordó la frase que le había dicho Michele Kang: “El fútbol femenino no es caridad”. La inversora estadounidense, que hizo su fortuna con una empresa de tecnología médica, sabe que existe un nicho de mercado en este deporte que aún está por florecer. Sus fichajes millonarios no son algo tan habitual en el fútbol femenino. Además de a Alexia, que según la página Transfermarkt tiene un valor de mercado de 1,5 millones de euros, Kang ha fichado este verano a Mapi León, también jugadora del Barça, a Mary Earps, a Kadidiatou Diani, a Nicole Anyomi, a Janni Thomsen y a la murciana Daniela Arques, lo que demuestra su ambición y compromiso de ganar títulos con su club londinense. De hecho, los abonos de temporada ya se han agotado y están vendiendo entradas a un volumen y velocidad muy superiores a los del año pasado. Sin embargo, en un deporte que vive aún al margen de los vicios que el dinero provoca en el masculino, estos fichajes, así como la multipropiedad de los equipos, generan cierta polémica. “En el fútbol femenino hay otros grupos y en el masculino la multipropiedad lleva años existiendo. Si lo analizas desde fuera, creo que todo tiene que ver con los tiempos. Puedes trazar un plan más a medio y largo plazo e ir invirtiendo o hacerlo todo de golpe porque te interesa recortar tiempos. Yo he vivido las dos partes, he vivido la paulatina en el Barça y ahora estoy viviendo la otra. Creo que todo forma parte de la industria, lo importante es sumar muchas visiones”, explica Alexia. No existe, para la jugadora, una forma mejor o peor de invertir en fútbol femenino, lo que importa es sumar. El dinero es la gasolina de este deporte y la excusa a la que se agarran quienes no quieren apostar: si no da los beneficios del masculino, no debería exigir igualarse con él. Por eso, los que tachan a Kang de oportunista reconocen implícitamente que sí existe una oportunidad económica. Esta es la paradoja constante. O, como lo definió la periodista de The New York Times Megan Feringa, el “limbo corrosivo” en el que se encuentra el fútbol femenino, entre la voluntad de preservar la esencia y los valores que lo han distinguido o asumir los cambios necesarios para crecer, atraer inversión y pagar a las jugadoras como merecen. A la Alexia que fichó en 2012 por el Fútbol Club Barcelona desde el Levante, donde jugó un año, la describen como tímida, reservada. Jugaba por la banda izquierda, pero poco a poco fue ganando terreno en el centro del campo. Se sentía cómoda tomando decisiones y con solo 24 años ya era capitana del equipo. “En la vida y dentro del deporte me encanta tener un objetivo y trazar el plan para conseguirlo. Disfruto de ese proceso”. Comenzó a jugar ante 200 personas en un equipo sin profesionalizar. El fútbol femenino no tenía visibilidad y el Barça se apoyó en la imagen de sus estrellas, en la imagen de Alexia, para impulsar su crecimiento. Ahora las camisetas de Alexia y de Aitana Bonmatí comparten el podio de las más vendidas con las de sus compañeros Raphinha o Pedri.Alexia camina para hacer otra foto, esta vez cruza un semáforo tratando de mirar al lado correcto de la calzada, aunque termina entrando con parte del equipo en un supermercado Tesco (¿qué hay más británico?). En la espalda, bajo el top corto, asoma el tatuaje de la silueta de una foto de su padre y ella de bebé en la que aparece sosteniendo una pequeña pelota del Barça. Ya desde la cuna parecía encaminada a ser culé. De niña veía con su familia por televisión todos los partidos del Barça, además de pertenecer a la Penya Blaugrana de Mollet del Vallès, con la que viajaba en autobús los domingos al Camp Nou. Su familia es también culé de cuna. Le pregunto si esto le generaba una responsabilidad extra hacia ellos. “No, agradecimiento. La manera de devolverles todo, ¿no? Pero yo creo que igual es un poco el síndrome que tenemos todos los hijos cuando nos sentimos superagradecidos a nuestros padres, yo me siento así”. En su familia siempre vieron con normalidad que la niña jugara al fútbol. Lo hacía a todas horas, en la plaza de su pueblo, en el patio del colegio. Y en el pasillo de su casa. —¿Ha roto muchas cosas con el balón?—No. No he roto mucho porque teníamos un pasillo cortito. Vivíamos en una casa humilde, ¿sabes? Y en el pasillo no había ni cristales ni nada. —¿Qué le dijo su familia cuando les contó que se planteaba dejar el Barça?—Lo consulté con mi madre, mi hermana y el grupo de mis amigas que son como mis hermanas y me entendieron. Ellos no me lo han dicho, pero yo sé que también soltaron mucho aire porque sufrían cuando las cosas no iban bien en el Barça. Para ellos también ha sido un proceso de aprendizaje. Lo mismo que para mí, que empecé con 200 personas en el campo y no había ni prensa, ni críticas, ni nada, pues la dimensión que ahora tiene, mucha o poca, también les afecta a ellos. Después de tomar la decisión hubo unos días en los que me rompí, que no salía ni a la calle porque la final de la Champions fue algo muy emotivo… Debe de ser difícil plantearse dejar uno de los mejores equipos del mundo para comenzar en un proyecto casi desde cero, por eso dividió la decisión en dos partes, ¿quería dejar el Barça? Y en caso afirmativo, ¿adónde iría? Con el Barcelona había jugado más de 500 partidos convirtiéndose en la segunda mayor goleadora histórica del club, por detrás de Leo Messi. “Hubiera jugado toda mi vida en el Barça, era el escenario ideal, pero el último año gastamos muchísima energía, mental y física, y llegó un momento en que pensé: no sé si voy a ser capaz de volver a ir a ganarlo todo. Siempre había dicho que quería que la última imagen que tuvieran de mí los aficionados fuera estando en lo más alto. Y pensé: no sé cuál es el final perfecto, pero algo parecido es jugar una final de Champions y levantarla”. Entonces comenzó a estudiar los estilos de juego y en dónde le gustaría recalar. Es un año de Mundial, y eso es un riesgo, pues necesitaba un equipo donde mejorar. Valoró dos Ligas muy competitivas, como son la inglesa y la estadounidense. En la española la diferencia entre el Barcelona, con sus 87 puntos, frente a los 72 del siguiente equipo, el Real Madrid, era una brecha consolidada. Quizás también el aburrimiento había influido en la decisión de Alexia. “La exigencia en el Barça nos la poníamos nosotras mismas en los entrenos porque estábamos compitiendo entre nosotras con las mejores”. Se decidió por la Liga inglesa a pesar de que la oferta de Estados Unidos era económicamente mucho más interesante. “Dentro de Inglaterra había dos tipos de propuestas, las más parecidas a un Barça, donde ya se ha ganado, donde ya está todo consolidado, donde saben el camino y tiene una afición, que es algo que ya había vivido, o algo totalmente diferente, como el London City. Me llamó mucho la atención que en el caso de tener éxito era todo más épico”, y además, como dice ella, hay algo que aún no ha ganado y es la Liga inglesa.Su padre falleció antes de verla jugar con su equipo en las categorías absolutas. Alexia le dedicó su primer Balón de Oro, que ganó en 2021, 41 años después del único español que lo había conseguido hasta la fecha, Luis Suárez. El jugador escribió a Alexia unas palabras felicitándola, le decía: “Quizás no te des cuenta de la importancia de este reconocimiento hasta dentro de un tiempo, pero significa mucho para ti y para el fútbol español (…) si me permites un consejo, este trofeo debe ser la base de tu salida, no tu meta”. Volvió a ganarlo al año siguiente (después vinieron Aitana Bonmatí, tres veces, y Rodri), pero hace caso de la recomendación de Suárez y no lo considera una meta, aunque este año pueda ganar el tercero: “Estar ahí es un placer, más después de una lesión grave. Es un premio que se da por todo lo que has hecho en una temporada dentro de un equipo con más compañeras y por tu evolución personal. Si lo gano me alegraré mucho por mi familia por todo lo que ha sufrido. Y si lo gana otra persona, espero que sea una compañera mía y me alegraré muchísimo”. La lesión a la que se refiere es la rotura de ligamento cruzado que sufrió en el entrenamiento previo a viajar para disputar la Eurocopa de 2022. La lesión fue un mazazo. Siempre lo es, pero ella llegó a pensar que su carrera terminaba, incluso en los primeros días tras la lesión se planteó dejarlo ella misma. Pero igual que cuando jugaba en el Levante se empeñaba en entrenar la pierna derecha, se recuperó con rapidez. El tesón y el perfeccionismo de Alexia Putellas son bien conocidos. El exentrenador del Barça Luis Cortés cuenta que la jugadora siempre quería que le dijera lo que hacía mal para mejorarlo. “Empezamos a trabajar en mis errores, que son necesarios para mejorar, y me cogió un día y me dijo: ‘Ahora te voy a decir todo lo que haces bien porque quiero que lo sigas potenciando. No te centres tanto en el error, que está muy bien y dice mucho de tu mentalidad porque quieres ser lo más completa posible, pero no olvides lo que haces bien”. Esa concentración extrema, el esfuerzo y la perseverancia no los pone solo en el campo. Al contrario que una gran mayoría de los jugadores hombres, las jugadoras no solo velan por su equipo, su propio juego o sus fichajes, sino también por el futuro de su deporte, por eso saben que han de pelear muchísimo en los despachos. La Liga de fútbol femenina solo se profesionalizó en 2021 tras duras negociaciones. El primer convenio colectivo se firmó en 2019 después de una huelga de jugadoras y hasta el convenio de 2025 no se establecieron algunos derechos, como un sueldo base de 23.500 euros, las condiciones de los viajes, 30 días naturales de vacaciones y protección a la maternidad, con garantías salariales y ayudas para guarderías. El tema de los embarazos y la conciliación en los deportes de élite es complejo. “Te lo voy a contar porque ya es oficial. Cuando empiezas las concentraciones con la selección, siempre se hace un feedback con la federación de cómo está el grupo. El grupo de capitanas teníamos una inquietud porque es muy importante para una jugadora vivir mundiales, pero eso implica que las personas que tenemos el deseo de ser madres, porque yo no lo tenía pero se me desarrolló hace un tiempo, no tenemos fácil encajarlo. Y después de un trabajo increíble que ha hecho la federación han acordado con una clínica la posibilidad de congelar óvulos mientras estamos en activo hasta que tú desees. Para mí es un avance enorme porque la federación entiende que estás sirviendo a tu país en contra de tu tiempo biológico, que no puedes parar y no puedes ser madre porque necesitas tu cuerpo para trabajar”. A los 32 años no tiene ni idea de cuándo terminará su carrera, pero cree que no durará más que otros cinco o seis. —¿Qué ha aprendido en el campo que le sirva en su vida cotidiana?—Yo tengo un toc muy grande con el perder tiempo. Y antes, cuando sentía que perdía el tiempo, me transformaba. Me frustraba y entraba como en un bloqueo mental y me decía me tengo que ir de aquí o tenemos que cambiar esto ya, ya, ya, ya. Ahora estoy mucho más tranquila. La lesión, por ejemplo, me ha hecho mucho más empática. Ha cambiado mi manera de relacionarme, ya no digo con un desconocido, sino con mi madre mismo. Antes era mucho más introvertida en cuanto a mis emociones, a mis sentimientos, y ahora tampoco soy la más extrovertida del mundo [ríe], pero sí que vas evolucionando.—¿Y qué hace en su tiempo libre?—Tengo poco tiempo libre, pero me gusta estar mucho con mis amigas porque me da un poco la realidad de lo que le sucede a la gente de mi generación. Somos siete. Al único chico que tenemos le conozco desde los tres años, que íbamos al cole juntos, y luego hay otra chica que también desde los cinco y el resto desde los 12. Sus amigas de siempre no juegan al fútbol, pero en Londres hay ya un gran grupo de compañeras futbolistas. En la sesión de fotos aparece Misa Rodríguez, la exportera del Real Madrid que acaba de llegar a Londres para jugar con el Arsenal. Entre foto y foto la canaria sube el volumen del reguetón que Alexia baila tímidamente, en movimientos pequeños, mientras le ajustan la ropa. En toda esta sesión de cambios de looks y de lugares para fotografiar, la jugadora no se cansa y participa con muy buen humor. Se cambia en el baño de un café para retratarse con un desayuno inglés completo, aunque lo de las baked beans no le convence. Los futbolistas siempre han utilizado la moda para construir sus personajes. Beckham es quizás el más conocido por ello, pero Pep Guardiola desfiló para Antonio Miró, Leo Messi es conocido por los extravagantes trajes de Dolce & Gabbana que luce en las galas, Haaland y su pasión por los bolsos Birkin de Hermès han dado varios titulares durante el último Mundial y Jude Bellingham es embajador de Louis Vuitton. “Al final es una forma de transmitir cómo te sientes. Me ha ido interesando porque soy una persona que conozco una cosa y quiero profundizar. Es algo con lo que me siento cómoda. Me gusta y me lo paso bien”, dice la futbolista.Construir una imagen es una cosa, convertirse en un icono es otra, aunque estén muy relacionadas. Durante este Mundial la presencia de Alexia Putellas en el campo animando a la selección masculina la ha situado en ese podio al que llegan muy pocos. La foto con Penélope Cruz y Rosalía es un paso más en esa construcción, aunque se diera de la manera más natural. “No conocía a Penélope y me impresionó mucho”. A Rosalía, sin embargo, la conoce desde hace años. “La empecé a seguir cuando sacó [el álbum] Los Ángeles, me gustaba mucho lo que hacía porque era disruptor y me empezó a inspirar. Yo utilizo mucho la música, para motivarme, para evadirme, y ella ha estado en muchos momentos de mi carrera. Y luego he tenido la suerte de conocerla y de compartir momentos con ella y es una persona increíble, que hace cosas extraordinarias con su arte y con su talento. La admiro muchísimo porque es capaz de reinventar géneros y romper cosas establecidas y eso solo lo hacen los genios, llevarte a sitios que no eras capaz de pensar ni que existían”.—¿Está cansada de ser una pionera?—Me hubiera encantado que las generaciones anteriores hubieran vivido lo que he vivido yo porque al final creo que es de justicia tener también un poco de memoria, que no hemos empezado nuestra generación a jugar, ¿sabes? O sea, las jugadoras de los años setenta, en los años ochenta… Hemos tenido contacto a través de la selección o del Barça, con ellas, las pioneras reales, y nos han contado anécdotas que dices “en qué momento”, cosas impensables no solo en el fútbol, sino en la sociedad. Por eso no me siento realmente una pionera.Le muestro un plano para visitar Londres a través de la historia de sus mujeres. Su mirada también está bien entrenada. Lo primero que ve es la foto de Emma Clarke, considerada la primera jugadora negra de fútbol. Después mira a Virginia Woolf: “Leí Una habitación propia, me gustó mucho”. Le enseño el lugar donde vivió Mary Shelley, autora de Frankenstein, y miro de reojo la calle donde se encuentra la casa de Mary Wollstonecraft, madre de Shelley y autora del libro Vindicación de los derechos de la mujer, pero no insisto porque he oído muchas veces a Alexia Putellas decir que la verdadera igualdad llegará cuando no hablemos de fútbol femenino y masculino.Hablamos de Londres, una ciudad que la ha recibido con buen tiempo y poco tráfico, o al menos no el suficiente para molestarle aún. “Me gusta cómo me siento. Laia Codina, que lleva ya cuatro años aquí y ha vivido en otros países, me dijo: ‘Prepárate porque en cada ciudad desarrollas una personalidad tuya que tienes que abrazar’. ¿Sabes? Estoy expectante por ver cuál es la que sale. Con ganas”. CRÉDITOSFotografía: Antonio MingotEstilismo: Alba MelendoMaquillaje: Faye Bluff (Agency of Substance)Peluquería: Shunsuke Meguro (Future Rep)Manicura: Jasmine EleazerProducción: Cristina SerranoProducción local: Rosie Cartwright y Sarah Nimmo (Rosie Cartwright Ldt)Asistente de fotografía: Karolina BurlikowskaAsistentes de estilismo: Hugo Latorre y Ariadna Mayal