Quienes tratan a Javier Milei en la intimidad, coinciden en su descripción. Hablan de una persona amable, educada, culta, estudiosa y ocupada en encontrar las soluciones a los múltiples problemas que enfrenta la Argentina. Coinciden también en la dependencia que tiene de su hermana. Es una dependencia profunda e intensa. Es, claramente, el producto de una historia de vida. Esos mismos interlocutores también señalan la impresión de estar frente a una persona que se encuentra permanentemente a la defensiva y particularmente sensible a la crítica. La agresividad, en sus distintas formas, es la expresión conductual de una emoción intensa derivada directamente de la ira. Ese estado emocional es muchas veces producto de una situación que le genera a la persona un sentimiento de inseguridad. Frente a esta circunstancia aparece la necesidad de una reacción: la agresión. En suma, no hay una reacción agresiva cuando no hay inseguridad. Las agresiones verbales de Milei contra todos los que se atreven a criticarlo son producto de su inseguridad, la que, por supuesto, nunca reconocerá.

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