Tras la primera guerra mundial, Turquía incorporó a su territorio regiones que hasta el momento habían pertenecido a Armenia. Entre ellas estaba la ciudad medieval de Ani, conocida como la ciudad de las 1001 Iglesias, sobre la que armenios, rusos y turcos proyectan las interpretaciones míticas de su pasado. Organizaciones armenias han criticado en numerosas ocasiones el abandono del sitio por parte de las autoridades turcas, así como la reinterpretación de los yacimientos para adaptarlos a la narrativa nacionalista turca, diluyendo su carácter armenio. A lo largo de la historia reciente, estas dinámicas se han reproducido constantemente.PublicidadTodas aquellas expresiones culturales que hacen de una comunidad étnica lo que es, peligran cuando se encuentran bajo el acecho de una fuerza ocupante. La razón está en el ADN mismo de la pulsión genocida: lo que se busca suprimir no es únicamente a un grupo de personas, sino aquello que los hace identificarse y ser percibidos como un grupo con características culturales similares. De este tipo de destrucción saben bastante los palestinos.En 1948, las milicias sionistas expulsaron a la población indígena, expoliaron yacimientos arqueológicos y bautizaron a las localidades palestinas con nombres hebreos. Con la declaración del Estado de Israel, en mayo de aquel año, esta usurpación se consolidó. Siete décadas después, el borrado de las expresiones culturales palestinas no solo se ha intensificado, sino que se ha diversificado, en parte gracias a la interpretación que Israel hace de dos leyes heredadas de la ocupación jordana de Cisjordania.La primera de ellas, la ley jordana número 2 de 1953, establece la posibilidad de expropiar tierras privadas -incluyendo aquí árboles, derechos de uso, edificios, etc- cuando un proyecto sea de utilidad pública. La segunda, la ley jordana de antigüedades de 1966, establece que la propiedad del suelo no implica la propiedad de los restos arqueológicos que se encuentren en él. Además, permite intervenir tierras privadas para llevar a cabo labores de estudio, protección o conservación de un yacimiento. Posteriormente, varias órdenes militares aprobadas por las autoridades israelíes transfirieron las competencias que otorgan estas leyes de la administración civil a la militar.Si bien esta normativa proporciona un marco jurídico a las excavaciones arqueológicas en Cisjordania, no es utilizada en Jerusalén. En la ciudad santa, Israel extendió el uso de la ley de antigüedades israelí que la Kneset aprobó en 1978, según la cual todos los bienes arqueológicos encontrados en el territorio que Israel considera suyo pertenecen al Estado israelí. En este punto es importante recordar que según indican varias resoluciones de la ONU, Jerusalén no pertenece a Israel. Por tanto, la extensión de las leyes aprobadas por Tel Aviv a este territorio es ilegal. Pese a todo, desde mayo de 2026, la Knéset debate una propuesta de enmienda para extender la aplicación de esta ley a Cisjordania.PublicidadTras estos esfuerzos jurídicos está la necesidad del Estado israelí de legitimar sus avances coloniales y "reescribir la historia" de la población indígena palestina, tal y como afirmó Amer Shomali, director del Palestinian Museum, en una entrevista con Público. Para ello, las autoridades israelíes ponen en práctica un "genocidio cultural" que, tal y como complementó la curadora y artista palestina Manar Idrisi, permiten "dividir al pueblo palestino y destrozar su identidad". Ambos expertos participaron el pasado mes de junio en el Foro Ministerial por la Cultura de Palestina organizado por los departamentos de cultura de España y Palestina y celebrado en Madrid, junto a otros artistas y representantes de instituciones culturales árabes.Las expoliaciones de yacimientos arqueológicos cumplen un doble objetivo, detalló a este periódico la antropóloga estadounidense e israelí Maya Wind durante una conversación el pasado mes de mayo. Por un lado, simplifican la diversidad histórica del territorio para primar aquellos elementos del pasado que son funcionales para la narrativa nacionalista israelí. Por otro, sirve de pretexto para la apropiación de tierras palestinas y la expulsión de su población.Jirbet SuseyaJirbet Suseya está situada en una colina al sur del Hebrón. En 1986 fue desalojada por las autoridades israelíes al declarar el lugar como "sitio arqueológico". Bajo el pretexto de estudiar los restos de una antigua sinagoga del siglo V sobre cuyas ruinas se erigió una mezquita, las poblaciones palestinas fueron expulsadas de sus tierras. Mientras que los exiliados tuvieron que asentarse en un territorio cercano a su antigua aldea -de donde volvieron a ser expulsados en 1991-, los colonos israelíes avanzaron en la ocupación de Jirbet Suseya.PublicidadPese a la existencia de un dictamen interno de Plia Albeck, jefa de la División Civil de la Fiscalía del Estado de Israel, en el que según B'Tselem reconoció que los propietarios de los terrenos sobre los que se construyó la aldea de Suseya eran palestinos, la narrativa nacionalista israelí continúa siendo la de que el lugar arqueológico es esencialmente judío y que, por tanto, forma parte legítimamente del patrimonio del Estado de Israel.SilwanAlgo similar ocurre en Silwan, en Jerusalén Este. La riqueza arqueológica de este pueblo de mayoría palestina fue declarada por Israel como el Parque Nacional de las Murallas de Jerusalén en 1974. En el centro de la población hay un importante yacimiento arqueológico que los estudiosos israelíes han bautizado "Ciudad de David".Como recogió un informe de la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre los Territorios Palestinos Ocupados, presentado ante la Asamblea de la ONU en el verano de 2025, pese a que el lugar "reúne objetos representativos de muchas culturas de los últimos 7.000 años (...), la narrativa presentada en el yacimiento de la Ciudad de David se centra solo en la historia judía del yacimiento (principalmente el período del reino de Judea en el siglo X a.C. y el período del Segundo Templo), ignorando todos los demás períodos y culturas".Según este documento, las autoridades israelíes llevan desde los 2000 tratando de llevar a cabo nuevas excavaciones, para lo que exigen adquirir los domicilios de los palestinos que allí viven y desalojarlos. Las demoliciones se multiplicaron con el inicio de la última fase del genocidio en la Franja de Gaza, tras los ataques de Hamás del 7-O de 2023.En 2024, las autoridades israelíes tiraron abajo 24 viviendas palestinas y un centro comunitario de un barrio de Silwan, denominado Al Bustan, con la intención de construir un parque turístico llamado El Jardín del Rey, en referencia a un lugar bíblico que aparece en las escrituras santas relacionado con la Ciudad de David. A finales de 2025, otro informe de las Naciones Unidas daba cuenta del riesgo de desplazamiento forzoso de, aproximadamente, unos 1.550 palestinos de la misma comunidad.SebastiaA principios del siglo XX, varios arqueólogos de la Universidad de Harvard excavaron un yacimiento situado en Sebastia, un pueblo palestino actualmente perteneciente a la Gobernación de Nablus, en el norte de Cisjordania. Entre los hallazgos había restos helenísticos, bizantinos, islámicos, cruzados y hebreos. De hecho, según las escrituras bíblicas, este lugar se situó en Samaria, capital del antiguo reino de Israel. Por ello, las autoridades sionistas han bautizado con este nombre a toda la mitad norte de Cisjordania.Actualmente, el yacimiento es objeto de disputas territoriales que Tel Aviv justifica apelando a la necesidad de conservar el yacimiento. A ello contribuye el hecho de que su administración esté dividida entre la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y el Estado de Israel. Este conflicto es el resultado de la delimitación llevada a cabo en 1995 en el marco de los Acuerdos de Oslo II. PublicidadEste acuerdo establecía temporalmente tres zonas en Cisjordania, que funcionarían hasta que la ANP pudiera asumir el control total del territorio. El Área A, integrada por las localidades administradas civil y militarmente por la ANP; la B, que depende de los palestinos para cuestiones civiles pero de Israel para las de seguridad; y la C, que integra las localidades completamente controladas por Israel. Es en esta última zona en la se producen la práctica totalidad de los avances coloniales de Israel.La ciudad de Nablus y, con ella, buena parte de Sebastia, quedó en el Área B. Sin embargo, el yacimiento, que históricamente había estado vinculado a la aldea palestina, quedó en la C. Pese a todo, los locales continuaron desarrollando su economía al calor de sitio arqueológico. De hecho, en 2012, Palestina -Estado miembro de la Unesco desde el año anterior- incluyó este yacimiento dentro de la Lista de Iniciativa de Patrimonio Mundial de la Unesco, el paso previo a presentar su candidatura como Patrimonio Mundial.Los israelíes más extremistas nunca aceptaron este vínculo. En 2022 se registraron una decena de asaltos de colonos y de intervenciones de las IDF en el núcleo urbano de Sebastia. En 2023, meses antes de los ataques de Hamás, las autoridades israelíes aprobaron un proyecto de 8,8 millones de dólares para financiar la explotación del yacimiento. El argumento central de los sionistas fue la conservación del yacimiento, impedir su deterioro, preservar el patrimonio histórico judío y, según recogió Haaretz, evitar la apropiación ilegal que había intentado llevar a cabo la ANP.PublicidadTras la inversión económica llegaron las órdenes de expulsión. Entre julio de 2024 y febrero de 2026 las autoridades israelíes pasaron de expropiar una parcela del yacimiento a confiscar 2,06 kilómetros de tierras que incluían más de 500 parcelas agrícolas, fundamentales para la subsistencia de los palestinos. Esto pone en jaque la subsistencia de cientos de familias árabes de las poblaciones aledañas.La experiencia en Jirbet Suseya y Silwan, así como en otros lugares arqueológicos y patrimoniales de la Palestina histórica, pronostica que las autoridades israelíes no se detendrán en el anuncio de expropiación del pasado mes de febrero.