Durante unas horas solo las socias y los socios de elDiario.es pueden leer este artículo. Gracias por apoyarnos.
Una estructura de 25 metros cuadrados de superficie, tres metros de altura, techo de doble chapa de acero de 10 milímetros de espesor y una puerta con cinco puntos de anclaje de alta seguridad. Ese era el búnker diseñado para custodiar una de las vajillas áureas más importantes de la Edad de Bronce europea. Las piezas de oro, plata, hierro y ámbar con más de 3.000 años de antigüedad que componen el Tesoro de Villena descansaban tras cristales blindados en el Museo de Villena (MUVI). Sin embargo, toda esa ingeniería de contención sucumbió la madrugada del pasado jueves en un asalto exprés de tan solo ocho minutos. La incursión de al menos tres personas encapuchadas se saldó con el expolio de gran parte de este legado prehistórico y dejó en evidencia un sistema de protección certificado.
La paradoja del robo reside en la aparente solidez de las instalaciones. El frente expositivo y los laterales de la cámara contaban con vidrios de altísima resistencia, mientras que la pared trasera disponía de una chapa metálica blindada. Para garantizar la integridad de los fondos, el MUVI disponía de un esquema de alarma concéntrico dividido en cinco anillos de protección independientes con cobertura tanto para el exterior como para el interior del inmueble. El despliegue tecnológico sumaba cámaras de videovigilancia con visión nocturna, junto a sensores térmicos, detectores de movimiento y dispositivos sísmicos diseñados para reaccionar ante cualquier vibración o intento de fractura en la mampostería.











