No la tiene fácil Dolores Teuly. Al menos en los momentos de alto perfil que comparte con su pareja Mauricio Macri. Si bien en el tejido de su alianza 2027 con Javier y Karina Milei se mueve con esa soltura que da abrazarse a pocos escrúpulos con la misma facilidad que lo hacen sus ya experimentados socios políticos, en espacios como por ejemplo, la gala anual del Bellas Artes que tuvo lugar hace unos días, su presencia ya no provoca el candor y la efervescencia de 2015. Por cierto, esto no quiere decir que le hacen un vacío a su paso, pero ya no hay invitados o empresarios que buscan crear momentos para salir en una foto con Macri. Los porcentajes tan elevados de su imagen negativa no comprenden solamente a opositores de ayer y de hoy, no solamente a riquelmistas. Igualmente, operadores, corresponsales mediáticos y amigos dueños de medios de comunicación no le faltan al expresidente para mostrarlo “alto y ojos más azules”. La misión. En ese contexto, la aparición de Dolores Teuly supuso, además de una nueva apuesta al amor por parte de Mauricio Macri, una oportunidad para repetir el “efecto Juliana Awada”. Esto es, aprovechar lo que generan los romances en los medios de comunicación, para tener una presencia en áreas donde lo importante sean temas políticos y así, buscar que la imagen negativa descienda al menos por debajo de los cincuenta puntos. Y en cuanto a esto, Mauricio Macri cuenta con un diferencial: su hija Antonia Macri –y también Valentina Barbier–no se niegan a posar junto a él para las fotos, y él hace plan con ambas para llevarlas a estrenos de teatro como el de Hairspray en el Coliseo.