Análisis Exclusivo suscriptores La pérdida de vegetación y la alteración del suelo pueden aumentar el riesgo de erosión, deslizamientos e inundaciones cuando regresen las lluvias.El Instituto Humboldt advierte que los daños sobre el suelo y la cobertura vegetal persisten después de controlar las llamas y pueden modificar la forma en que el agua llega a los ríos. Foto: Daniel López / EL TIEMPO.PERIODISTA DE MEDIOAMBIENTE Y SALUD29.08.2026 22:01 Actualizado: 29.08.2026 22:01

Colombia atraviesa un fenómeno de El Niño de “alta severidad” que ha sido el combustible para los incendios forestales. Pero el Instituto Humboldt advierte que el verdadero riesgo no termina cuando se controlan las llamas: la pérdida de cobertura vegetal y la degradación del suelo pueden desencadenar una segunda emergencia —erosión, deslizamientos e inundaciones— apenas lleguen las primeras lluvias.Con 21 incendios activos en cinco departamentos y cerca de 30.000 hectáreas afectadas solo en Tolima, según el reporte más actualizado de la UNGRD, la temporada de incendios que vive Colombia ya es, en cifras, una de las más severas de los últimos años. Pero según el Instituto Humboldt, medir su impacto exclusivamente por el número de focos activos o las hectáreas quemadas es quedarse corto. El daño real, explican sus investigadores, empieza justo donde termina el fuego: en el suelo, en su capacidad de retener agua y en lo que ocurre cuando, después de meses de sequía, finalmente llueve. LEA TAMBIÉN La degradación del suelo y la pérdida de hábitat hacen parte de los impactos. Foto:Daniel López / EL TIEMPO.“Estamos en medio de lo que se ha denominado un Niño de alta severidad. Nuestros ecosistemas, nuestros suelos, llegan en situación de estrés por la menor lluvia”, explica Hernando García, director del Instituto Humboldt. La actual temporada seca ocurre en un contexto de condiciones climáticas atípicas —menor precipitación, temperaturas más altas y vientos más fuertes— particularmente en el valle del río Magdalena-Cauca y el Caribe colombiano, lo que ha elevado el estrés de los ecosistemas y facilitado la propagación de los incendios.El instituto ha detectado anomalías de temperatura desde mayo de 2026 que, de mantenerse la tendencia, podrían superar los extremos registrados en 2024 y 2025. Con base en información térmica satelital de la Nasa, el Humboldt documentó un cambio progresivo en el comportamiento de los puntos de calor en el territorio nacional: el incremento se hizo visible entre mayo y junio, pero durante julio y agosto se aceleró de forma marcada, llegando a duplicarse en algunas regiones del país.Detrás de buena parte de esos focos hay una causa que no es climática, sino humana. Según los análisis del Instituto, el 99 % de los eventos de fuego en Colombia se relaciona con actividades como quemas agropecuarias, turismo no gestionado, cerillas o colillas de cigarrillo, además de conflagraciones directamente provocadas. La sequía y las altas temperaturas no generan los incendios: crean las condiciones para que, una vez iniciados, se propaguen con mayor facilidad.Además, el fuego no solo consume vegetación: cuando ocurre con alta intensidad, altera físicamente el suelo y reduce su capacidad para absorber e infiltrar agua. Ese cambio, advierte el Humboldt, no se resuelve cuando se controlan las llamas, sino que se prolonga y se manifiesta con fuerza en el momento en que llegan las lluvias posteriores al periodo seco: un suelo desnudo y compactado por el fuego absorbe menos agua, la deja correr con más fuerza sobre la superficie y queda mucho más expuesto a la erosión.Esa alteración también modifica la forma en que el agua llega a los ríos y afecta las condiciones de las fuentes que alimentan los acueductos. “Perdemos los bosques, perdemos los rastrojos que son esos bosques del futuro y perdemos toda la vida que hace parte de esos bosques y, muy importante, perdemos esa capacidad de los suelos para retener el agua en época de lluvias”, resume García. LEA TAMBIÉN La pérdida de cobertura vegetal reduce la capacidad del suelo para absorber e infiltrar agua. Foto:Daniel López / EL TIEMPO.El riesgo, explican los investigadores, no es uniforme: depende de la intensidad del fuego, que a su vez está relacionada con qué tan seco estaba el terreno antes del incendio. Entre más severa la sequía previa, más profundo el daño sobre la vegetación y los suelos, y más larga la sombra de sus efectos una vez el incendio ya está controlado.La fauna que no logra escapar a tiempoEl fuego tampoco afecta a todas las especies por igual. Según José Manuel Ochoa Quintero, gerente del Centro de Estudios Socioecológicos y Cambio Global del Instituto Humboldt, el nivel de incertidumbre sobre el impacto es mayor en las especies con más movilidad. “Los impactos son un poco más inciertos cuando están asociados a especies que son un poco más móviles, llámese mamíferos y aves que se tienen que desplazar de los sitios donde estaban habitando para ubicar otros sitios que no fueron afectados por los incendios”, explica.La pérdida de cobertura vegetal implica, además, la pérdida de hábitat y puede romper la conectividad entre los remanentes de bosque que quedan en pie. El Humboldt señala que esto es particularmente grave cuando el fuego afecta los corredores naturales asociados a los ríos, que son las rutas que usan muchas especies para desplazarse entre distintas áreas del territorio. Y como el daño no se limita a la biodiversidad, en los territorios donde coexisten ecosistemas naturales, viviendas y sistemas productivos, las consecuencias de un incendio también recaen directamente sobre las condiciones de vida de las comunidades rurales.Uno de los riesgos menos conocidos de la fase posterior al incendio es la llegada de especies invasoras. El Humboldt advierte que, tras la perturbación, algunas plantas pueden colonizar rápidamente las áreas afectadas y modificar por completo el proceso de recuperación natural del ecosistema. LEA TAMBIÉN Centros de atención reciben ocelotes, zarigüeyas, armadillos, osos hormigueros y otras especies. Foto:Asocars / Archivo particularEn las tierras altas, el retamo espinoso, la acacia y el pino requieren manejo especial porque pueden aumentar la disponibilidad de material combustible y generar condiciones favorables para que se repitan los incendios en temporadas secas futuras. En los ecosistemas secos, el instituto identificó además dos especies originarias del trópico pero con alto potencial invasor —el trupillo (Prosopis juliflora) y el aromo (Vachellia farnesiana)— capaces de colonizar zonas afectadas por el fuego, así como la leucaena (Leucaena leucocephala), que aunque no está declarada oficialmente como especie invasora, ha sido identificada por el Humboldt como de alto potencial invasor cuando pierde competencia la cobertura original del bosque.No siempre hay que sembrarFrente a la preocupación de las comunidades tras un incendio, la reacción más común es promover jornadas inmediatas de siembra. El Humboldt advierte que esa intervención, sin conocer antes las condiciones del territorio, puede ser contraproducente. En muchos casos, la primera acción no debería ser sembrar, sino proteger el área afectada y controlar los llamados tensionantes —como la entrada de ganado o el turismo no gestionado— para permitir que opere la regeneración natural a través del banco de semillas que permanece en el suelo, el rebrote de especies que toleran el fuego o la llegada de nuevas semillas por la lluvia, el viento, el agua o los propios animales.Cuando esas condiciones están presentes, una restauración pasiva —con intervención mínima— suele ser más adecuada. La restauración activa, en cambio, se reserva para los casos de degradación severa, donde el incendio eliminó los remanentes de bosque que servían de fuente de semillas o donde la capacidad de regeneración natural es baja. “Para el caso de los bosques secos, después de los incendios que han afectado grandes coberturas asociadas a ese paisaje, la mejor medida es aislar la zona quemada y es preferible que esos bosques que quedaron con su memoria ecológica puedan ser parte fundamental de la recuperación de esos bosques que vienen después de la quema”, explica García. LEA TAMBIÉN La intensidad de las llamas y la sequía previa determinan cuánto se afecta el suelo. Foto:Daniel López. EL TIEMPOAnte este panorama, el Instituto Humboldt enfocará sus esfuerzos de investigación en el bosque seco tropical, el ecosistema más golpeado por la actual temporada de incendios. El objetivo es determinar qué tipo de coberturas están siendo afectadas —bosques nativos, bosques en regeneración o áreas prioritarias para restauración— y qué condiciones favorecen o limitan su recuperación, incluida la cercanía de remanentes de vegetación nativa que puedan servir como fuente de semillas.Para eso, el instituto está utilizando sensores remotos e imágenes satelitales, incluida información de la Nasa, con el fin de establecer cuánto bosque se perdió, en qué condición estaba antes del incendio y qué ocurrió con la conectividad entre los ecosistemas afectados. Ese conocimiento, según el Humboldt, será clave para que las autoridades ambientales, las comunidades, las empresas y los productores puedan priorizar sus acciones de prevención, monitoreo y recuperación de acuerdo con las particularidades de cada territorio —en lugar de aplicar una misma fórmula a paisajes que, aunque hayan ardido al mismo tiempo, no necesitan lo mismo para recuperarse.EDWIN CAICEDOPeriodista de Medioambiente y Salud @CaicedoUcros Sigue toda la información de Vida en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.