Vertiginoso, desequilibrado y sin rumbo claro. El presente de Talleres trasciende a lo que el equipo exhibe adentro de la cancha bajo la conducción de Jorge Sampaoli. En el club de barrio Jardín, las novedades no dan respiro. Cuando la gran mayoría del mundo albiazul esperaba la salida del director técnico, el que termino dando el portazo fue el vicepresidente 3°. La renuncia de Rodrigo Escribano sumó un nuevo capítulo a una de las sagas más complejas de la gestión de Andrés Fassi. Las últimas dos semanas mostraron reuniones por doquier (presidente con entrenador; presidente con futbolistas; presidente con asambleístas; presidente con glorias del club; barrabravas con referentes del plantel), ‘indultos’ para jugadores marginados, la reasignación de Ezequiel Carboni como DT de la reserva y, como si fuera poco, un par de partidos que dejaron poco y nada, con más silbidos que puntos a la hora del balance.
Según trascendió, la dimisión de Escribano, sin explicaciones formales de uno y otro lado del mostrador, será tratada en los próximos días por la conducción de la ‘T’, que suma su primera baja desde los comicios del pasado 19 de octubre, cuando la lista oficialista ‘Adelante Talleres’ se impuso con el 80,60% de los votos a la disidente ‘Talleres Somos Todos’ del funcionario cordobesista Román Huespe (13,73%) y a la opositora ‘Talleres es de su Gente’ del empresario Adrián Gruppi (5,67%).













