La fecha y el lugar eran propicios: sábado de finales de agosto, ocho de la tarde, Plaza de la Armería, enclave histórico situado junto al madrileño Palacio Real. Con algo más de 10.000 metros cuadrados (lejos de los cerca de 40.000 de la Plaza de Colón, por ejemplo), el lugar es ideal para dar sensación de concentración multitudinaria y sacar músculo. Save Europe Act, un grupo de extrema derecha que reclama, entre otras cosas, la expulsión de toda persona migrante del viejo continente, había preparado con mimo su llegada a Madrid en la que ha sido su segunda concentración en España tras la de Barcelona de hace una semana. Sin embargo, como ocurrió en la ciudad condal, esta solo ha congregado a unas decenas de manifestantes en un encuentro que ha discurrido con la única nota al pie del estupor de los turistas y que ha terminado, como ocurrió también en Barcelona, con ataques a la prensa.

Pasados unos minutos de las 20.00, procedentes de la cercana Plaza de Oriente, el medio centenar de entusiastas fieles de Save Europe Act asoma por la turística Plaza de la Armería gritando sus proclamas habituales: “España es cristiana y no musulmana. No es inmigración, es una invasión. Ceuta y Melilla son españolas. Esta es nuestra tierra y hay que defenderla”. Una joven sentada en la escalinata no tarda en reprocharles: “¡Pero estos son cánticos fascistas!”. Los manifestantes la mandan callar a gritos justo antes de entonar uno de los cánticos predilectos: “Pedro Sánchez, hijo de puta”. Y eso que nadie había dicho nada del presidente del Gobierno. La Policía Nacional interviene por primera vez: “¡Muchos cojones contra los patriotas pero en Melilla, nada!”, les echan en cara.