Ernesto Álvarez, el ministro de Justicia, el ilustre señor que se desmelena cuando habla de los caviares, ha reclamado más de una vez para sí el Lugar de la Memoria (LUM). Su argumento es que la izquierda hace con él un relato indulgente con los terrucos e ingrato con las Fuerzas del Orden. Martín Tanaka, aquí en El Comercio, ha explicado, con profusas citas del Informe Final de la Comisión de la Verdad, que ese relato es mucho más equilibrado que como lo pinta el Minjus. Jaime de Althaus ha terciado poniéndose en un punto intermedio entre Tanaka y Álvarez. He aquí una polémica al rojo vivo que pone en el candelero al dueño de la cancha a la que está adscrito actualmente el museo: don Alberto Beingolea, flamante cabeza del Ministerio de Cultura (Mincul).