El director de la CIA, John Ratcliffe, realizó esta semana una visita clandestina y sin previo aviso a Moscú en un avión de transporte militar C-17, marcando el primer viaje presencial de un jefe de la agencia de inteligencia estadounidense a Rusia en casi cinco años. Según revelaron fuentes del diario New York Times y otros medios internacionales, el objetivo central de la misión fue transmitir directamente al Kremlin una evaluación sombría sobre la situación militar y económica rusa en el frente ucraniano, instando a la administración de Vladimir Putin a considerar un acuerdo de paz. Durante su estancia de aproximadamente ocho horas en la capital rusa, Ratcliffe mantuvo un encuentro privado con Aleksandr Bortnikov, director del Servicio Federal de Seguridad (FSB). Con este movimiento, Washington apostó a que un mensaje frontal transmitido por el jefe de inteligencia –y dirigido a un exoficial de seguridad como Putin– tendría mayor peso y credibilidad que los canales diplomáticos tradicionales o las gestiones de enviados especiales.
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