Pluma invitadaCentroamérica no necesita convertirse en un solo país. Necesita convertirse en un solo mercado.
Hay impuestos que aparecen en la factura y otros que pagamos sin saberlo. Uno de ellos es el costo absurdo de mover productos entre los pequeños países de Centroamérica. Lo paga una madre cuando compra alimentos. Lo paga el pequeño empresario que quiere vender en el país vecino. Lo paga el agricultor que necesita fertilizantes o maquinaria. Y lo pagamos todos cuando nuestras empresas crecen menos y generan menos empleos.
Centroamérica tiene más de 50 millones de habitantes. Pero insistimos en funcionar como seis pequeños mercados, cada uno aferrado a sus trámites, permisos y fronteras, como si fuéramos enormes economías. Con frecuencia confundimos soberanía con burocracia, y orgullo nacional con aislamiento económico. Esa confusión no es ingenua: tiene consecuencias concretas en la vida de las personas y en la competitividad de nuestra región.
Según el Banco Mundial, un camión que atraviesa Centroamérica desde Guatemala hasta Panamá avanza, en promedio, a apenas 18.5 kilómetros por hora. Los costos logísticos pueden llegar a agregar hasta un 50% al precio final de algunos productos comercializados en la región. Cifras que deberían hacernos reflexionar sobre lo que estamos desperdiciando y el potencial que dejamos de aprovechar.







