Las preguntas siempre suelen ser las mismas. ¿Por qué más canciones? ¿Por qué lanzar nuevos discos con material nuevo? ¿Por qué meterse en el estudio si ya lo han hecho todo, si ya son mitos de la música popular y si sus economías ya no dependen de ello? ¿No bastaría con las giras y las regalías de los grandes éxitos de antaño? Y las respuestas se repiten cuando los aludidos son interrogados. Detrás siempre hay una cuestión de “creatividad”, de “impulso irrefrenable”, de “necesidad”, “adicción” o incluso de algo más mundano como “motivos de salud”. Y, aunque sus palabras puedan sonar a tópico, habrá que creerles: además, si tu vida ha consistido en componer letras y melodías que han entonado generaciones enteras, ¿cómo no pensar que aún tienes algo que aportar en el terreno artístico? Dicen que retirarse a tiempo es una victoria, pero desde antiguo sabemos que mantener la lucha es lo verdaderamente heroico. Habría que ver caso por caso.Este 2026 ha sido especialmente prolífico para los grupos y artistas legendarios del rock, la mayoría de ellos rondando las ocho décadas de edad y las seis de trayectoria artística. Se dice pronto. Hay incluso cifras mareantes, porque pocos seres humanos dejarán este planeta con un currículum que incluya más de un centenar de álbumes. Más que sus propios años. O lo que es lo mismo, haciendo un cálculo rápido a una media de tres minutos y medio cada canción, unos tres días seguidos de música sin interrupciones. Sí, exacto, con todos ustedes el rey de la longevidad, Willie Nelson. Ya hablaremos de él.El guitarrista Steve Howe es el único miembro histórico de Yes, banda británica de rock progresivo. Acaban de lanzar el disco ‘Aurora’ Scott Dudelson / GettyEl caso es que, en un lapso de apenas cinco meses, han aparecido siete discos de auténticos, auténticos veteranos. Por un lado, están los indiscutibles. Los mainstream. No pasa muy a menudo que los dos exBeatles vivos y los Rollings Stones, probablemente las dos bandas más conocidas de todos los tiempos –¡incluso los de la generación Z saben quiénes son!–, lancen disco el mismo año. Y ha ocurrido. Y con la publicidad y expectación esperadas en el caso de los Jagger, Richards y Wood, y algo menos con Paul McCartney y, especialmente, Ringo Starr. Pero también están los olvidados. Los que se corresponden más con esa expresión tan peyorativa de “viejas glorias”. Caso de las bandas –también británicas, ¡ojo!– Deep Purple o Yes, ambas mitos del rock duro y progresivo de los años setenta. O el caso también del bonus track de última hora y que hay que mencionar sí o sí: la neoyorquina Carly Simon (83), única representante femenina de la lista –lo que nos indica algo– e icono indiscutible del pop-folk llamado “confesional” de los setenta. Come in waves ha sido su última confesión, este agosto, tras 18 años de silencio. O el caso de Neil Young (80), que se sumará al elenco en septiembre. Y, claro, también está Willie Nelson, pero ya hablaremos de él.¿Nostalgia? Por qué noSiempre se corre el riesgo de que el titular de “tal leyenda lanza disco a equis edad” esconda la obra, que debería tener valor por sí misma. Quizás sea inevitable hablar de edad, y también hay que asumir que ya no van a ser estos los discos de sus vidas, pero hay que intentar ceñirse a la música. Y conviene empezar por el genio creativo más indiscutible de la lista. Hay ciertas suspicacias en torno a si McCartney aún tiene algo interesante que decir o sobre si este The boys of Dungeon Lane, publicado en mayo, ha sido un mero ejercicio nostálgico que suena a adiós. Por ahí han disparado algunos, pero lo cierto es que el álbum mantiene un alto nivel, con un empeño evidente de seguir explorando terrenos que, aunque conocidos, siempre admiten nuevas combinaciones.Es cierto que desde el mismo título, que remite a una calle de Liverpool en la que el exbeatle pasó momentos de su infancia, hay una mirada indisimulada al pasado. Los títulos de los temas –y sus letras–, como Days we left behind, We two, Life can be hard o Home to us, despejan toda duda: McCartney echa la vista atrás. Hay recuerdos de aquellos días, pero también de los que no están: sus padres (Salesman saint) o Lennon y Harrison (Down south). Sí, es un disco nostálgico que quiere serlo. Y tampoco se le puede culpar por ello. ¿No es acaso lo lógico a los 84 años? ¿Apelar a lo vivido no puede resultar en un buen material artístico? También hay evidentes ecos beatlerianos, por supuesto. Están por todas partes: en la introducción de Mountain top, en Lost horizon, en la juguetona Never know, o en la propia Home to us, que comparte créditos con su excompañero Ringo. Pero qué extraño suena decir eso. En realidad, hay ecos beatlerianos en buena parte del pop, que por algo son el canon. ¿Cómo no van a influir The Beatles en McCartney si han influido en todo hijo de vecino? ¿Cómo reprocharle poca originalidad por eso?En el álbum, no obstante, se nota el esfuerzo por no repetirse, por hacer de cada canción algo especial. El tema que abre el disco, As you lie there, con esos fragmentos hablados que hacen memoria y esos cambios rítmicos y sonoros de cierta complejidad, es un buen ejemplo. También entra en la misma categoría un tema como Come inside, más simple y enérgico, y cuyo estribillo podría pasar por un himno indie o brit más de nuestro siglo. No es nuevo en McCartney: seguir buscando sonoridades en aquellos que se inspiraron en él. Cerrando el círculo. Y así tantas: cada tema tiene detalles dignos de mención que ganan valor en cada escucha, lo que da cuenta de que McCartney puede ser nostálgico, pero no se conforma con simplezas y es fiel a Paul McCartney, al pozo de creatividad sin fondo que siempre ha sido.Paul McCartney, presentando su disco en televisión NBC / GettyFidelidad a la propia historiaY es que quizás lo que más une a todos estos discos y artistas sea la fidelidad a sí mismos. Alguien dirá que lo extraño sería revolucionarse a estas alturas, pero hay también una autoafirmación, una reivindicación del propio legado. Se nota, por ejemplo, en SPLAT!, el último trabajo de Deep Purple, pioneros del hard rock y el metal en los años setenta y que, con seis discos en los últimos trece años, mantienen un ritmo creativo más que notable. No está de más recordar que los británicos cuentan con tres miembros históricos, Ian Gilan a la voz (80), Roger Glover al bajo (80) y Ian Paice a la batería (78). Grabado con toda la banda junta en el estudio, el álbum capta perfectamente esa espontaneidad y, sobre todo, una energía sorprendente. En lo estrictamente sonoro, Splat! pasaría como un álbum de la época dorada si no fuera por una característica inevitable: Gilan ya no conserva la voz de antaño. Pero, por el resto, y con especial mención al órgano aquí a cargo de Don Airey (78), todo suena a Deep Purple puro.⁄ McCartney nostálgico; Stones, Deep Purple y Yes, fieles a sí mismos, y Willie Nelson nos regala honestidadEs esa pureza sin artificios la única nostalgia que se percibe en el disco. Las letras de Gillan, imaginativas y con personajes entre rebeldes, solitarios y fantásticos, proyectan inconformismo y esperanza a pesar de que el onomatopéyico título remita a una especie de fin del mundo. Destaca Arrogant boy, primer corte y sencillo, vitalista y acelerado como pocos. Y se deja ver cierta ambición estilística –siempre dentro de la ortodoxia rockera– en temas como Sacred land, con ecos celtas, o The rider, más de carretera. Así, los trece temas no decaen, y tal vez ese sea el mérito principal: crear un conjunto sólido aunque parezca que ya has escrito todas las canciones posibles. Y más todavía cuando el álbum ya no es la unidad musical de referencia de la industria ni del público, cuando hoy en día tantos temas funcionan de relleno de un par de éxitos más o menos llamativos.El mismo respeto por el formato y la misma fidelidad a su historia se ve en Aurora, de Yes. Y no podía ser de otro modo, teniendo en cuenta de que han sido uno de los grandes exponentes del rock progresivo. Es cierto que la formación británica solo conserva a uno de sus miembros históricos, el guitarrista Steve Howe, pero también lo es que la vocación de mantener un mismo espíritu sigue intacta. Lo demuestra que la portada lleve la firma de Roger Dean, el hombre que ya diseñó las icónicas cubiertas de Close to the edge y Fragile. O la voz de Jon Davison, tan parecida y cristalina como la del histórico Jon Anderson. Pero Yes también mantiene un pie en el presente y Aurora tiene pasajes críticos, por ejemplo, con la IA, a las que suma proclamas espirituales y de esperanza para la humanidad. En lo musical, desprende ambición creativa desde el minuto uno y se nota en aspectos como la participación de la Orquesta Sinfónica Nacional Checa. Aurora, el extenso tema que abre el disco, es de lo mejor que han publicado estos últimos años.Ian Paice, Ian Gillan y Don Airey, de Deep Purple. Los británicos han sorprendido con un disco de sonido enérgico y rockero Venla Shalin / GettyLa lucha contra el paso del tiempoLes sonarán algo unos tal The Rolling Stones, que este julio lanzaron su vigésimo quinto disco de estudio, Foreign tongues, y que han hecho de la longevidad su otra imagen de marca. Desde 1962, sin interrupción. Pensar en los Stones no es ya solo pensar en rock, es pensar en perdurabilidad, en eternidad, en lucha victoriosa contra el paso del tiempo. El álbum no hará otra cosa que ensanchar la leyenda, especialmente de un Mick Jagger que, a diferencia del resto de protagonistas de este artículo, incluso ha sabido mantener la energía vocal intacta. Foreign tongues y Hackney diamonds, el inmediato precedente de 2023, funcionan como un ciclo de retorno al clasicismo stoniano. Una vuelta al sonido de siempre, a los estilos de siempre, a la lírica de siempre, en el que la tarea del productor Andrew Watt ha sido fundamental –mismo productor de McCartney, por cierto–, al ser capaz de captar un sonido genuino y que no suene oxidado, sino contemporáneo. Así, Rought and twisted, el tema de arranque, ya es una declaración de intenciones, un blues-rock denso que no puede ser más suyo. Otros fieles a sí mismos. In the stars, el que sigue, es otro himno marca de la casa y Jealous lover, en la que Jagger recupera el falsete, representa la habitual ración de sensualidad de cada álbum.Seis discos y un bonus track de agosto1Paul McCartney29 de mayo / Capitol / 19.º álbum de estudio en solitario'The Boys of Dungeon Lane'2Deep Purple3 de julio / earMusic / 24.º álbum de estudio'SPLAT!'3Willie Nelson29 de mayo / Legacy Records / 79.º álbum de estudio'Dream chaser'4The Rolling Stones10 de julio / Polydor/Universal / 25.º álbum de estudio'Foreign Tongues'5Ringo Starr24 de abril / Universal / 22.º álbum en solitario'Long Long Road'6Yes12 de junio / InsideOut/Sony / 24.º álbum de estudio'Aurora'7Carly Simon14 de agosto'Comes in waves'Destacan también la distópica Divine intervention, la disco-rock Never wanna lose you o la breve descarga protopunkera Hit me in the head, así como la versión de You know I’m no good, de Amy Winhouse que, sin aportar demasiado, es un bonito homenaje a los referentes compartidos de la música afroamericana. Tampoco hay nostalgia, pero sí, ojo, algo de desencanto con el momento actual, sin llegar al espinoso terreno de la política. Se escucha en Covered in you (en el bajo está McCartney) y especialmente en Ringing hollow, un country blues sureño que apunta a reflexionar hacia dónde van esos EE.UU. que siempre admiraron. Con menciones al fentanilo y a un “rey” que debe ser Trump, el estribillo lamenta: “Lady Liberty don’t look so good, when she’s wearing a frown” (Lady Liberty –en referencia a la Estatua de la Libertad– no se ve tan bien cuando frunce el ceño). Y es que los Stones solo miran atrás para hablar del hoy. Quizás ese sea el modo para que sus canciones sigan teniendo sentido en 2026.Algo muy distinto le ocurre a otra leyenda, que en su caso no parece tener demasiado interés en llegar a grandes audiencias, sino en hacer lo que más le viene en gana. Ringo Starr (86), al que siempre perseguirá el sambenito de beatle menor, nunca le ha importado demasiado lo que dirán. Y si le gusta el country, le gusta el country. Y si quiere seguir haciendo discos de country, pues los hace. Eso es Long long road , un álbum al que le encaja más la etiqueta de americana, esa malgama de estilos de raíz profundamente estadounidense. El disco ha pasado sin despertar demasiados entusiasmos. Ringo y sus cosas, parecían resumir algunos con cierta condescendencia. Pero tampoco es exactamente un capricho de veterano. Quizás nos hayamos olvidado de que en 1970, con los Fab Four recién separados, Starr publicó Beaucoups of Blues, un álbum de country tradicional en el que demostraba su amor desde adolescente a este tipo de música. Un amor que le viene de aquellos discos que llegaban por el puerto de Liverpool en los cincuenta. A diferencia de McCartney, así es como canaliza la nostalgia el bueno de Richard Starkey. No con recuerdos, sino grabando canciones como aquellas. Y sin grandes composiciones, pero bien trabadas, caso de It’s been too long, la emotiva Returning without tears y la beatlera Choose love. Como Look up (2025), este Long long road está producido por el especialista en estos sonidos, T Bone Burnett, y el resultado es solvente y elegante.La lección del sabioPero si alguien puede hablar de country, ese es Willie Nelson, el más senior de esta cosecha creativa de 2026. Ya habíamos dicho que hablaríamos de él. A sus 93 años, Dream chaser es su álbum de estudio número 79. Si contamos directos, recopilatorios y colaboraciones, alcanza los más de 150. Quizás no sea el récord absoluto, pero seguro que se le acerca. Sin embargo, tampoco es exactamente nostalgia lo que hay en el disco –que se ha acompañado de su preceptiva gira este verano–; lo que sorprende es que el tejano sigue grabando con naturalidad. Con normalidad. Siempre compuso y cantó y aún compone y canta, sin darse demasiada importancia. Claro que mira al pasado, especialmente en el tema que da título al disco: “Wasn't I just a kid, movin’ to Tennessee, with an old guitar and eyes full of stars, chasin’ a crazy dream? ” (¿Acaso no era yo solo un niño, mudándome a Tennessee, con una vieja guitarra y los ojos llenos de estrellas, persiguiendo un sueño loco?). Pero sin aspavientos ni despedidas. Son diez canciones sencillas y reposadas sobre amor, desamor, whisky y paso del tiempo –con colaboración de Bob Dylan incluida: I can’t read your mind–, y que suponen una honesta lección de humildad.A sus 93 años, Willie Nelson, leyenda del country, sigue publicando discos y de gira. La fotografía es de marzo Gary Miller / GettyEsa es una buena conclusión para todos estos discos, que podrían parecer innecesarios, pero no lo son: aunque persistan los focos y artificios del pop de masas, estos artistas no solo comparten generación, sino un mismo compromiso en el acto de escribir, componer y comunicar música. De seguir creando, pese a todo. No puede ser solo vanidad.Licenciado en Periodismo y Humanidades, en La Vanguardia desde 2008. Actualmente es redactor del suplemento Cultura/s. Antes pasó por la sección de Última Hora.