Cuando Milei era diputado y un candidato testimonial a la presidencia –2022–, su discurso enriquecía el debate público tanto como el de los representantes del trotskismo: faros que no son puertos ni destino pero permiten orientar un rumbo diferente perfeccionando su dirección. Un economista dogmático con agenda política en el caso de Milei, así como en el trotskismo, políticos dogmáticos con agenda económica. El mejor ejemplo de ser ambos opuestos especulares reside en el notable crecimiento del trotskismo en las encuestas, con Myriam Bregman por primera vez con dos dígitos de aprobación, el triple del promedio habitual de los distintos nombres que continuaron la corriente política trotskista en la Argentina como efecto reactivo a la presidencia de Milei. La fuente del opuesto es (“siempre y en todo lugar”) el opuesto. Y al este del este siempre está el oeste. En esa condición, Milei estimulaba intelectualmente por entonces con ponencias como la que brindó el jueves en el Colegio ORT. Hoy, en la condición de presidente, da pena en un recorrido donde pasó de ser interesante como candidato no competitivo a ser indignante como presidente al comienzo y ahora a generar pena. Una persona que no está bien, como hemos repetido innumerables veces, y que todavía resulta funcional a quienes se aprovechan para incrementar distintos tipos de conveniencias.