0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialHacía mucho tiempo que el independentismo catalán no exhibía su fuerza en una manifestación pública como la que se vivió el pasado jueves en el Camp Nou. La indignación general producida por una arbitraria detención en Elx de un joven hincha culé, con agresión innecesaria incluida, provocó que el estadio del Barça se llenase de banderas esteladas. La causa de la detención del joven de 17 años fue precisamente que llevaba una bandera independentista de este tipo.Estoy cien por cien de acuerdo con el artículo que firmóayer Lola García en esta misma sección, y creo que no se debería de haber suspendido el homenaje a los jugadores del Barça que ganaron la Copa del Mundo con España, pero me quiero detener en la reacción natural de muchos simpatizantes culés quemostraron su apoyo a la estelada y su indignación por la actuación policial.Lo del jueves fue una demostración palmaria, para el que la quiera ver, de que el independentismo catalán puede estar en crisis, desnortado y desmoralizado, pero no está muerto. Una cosa es que el procés haya sido un fracaso para sus partidarios y, sobre todo, para Catalunya en su conjunto, y otra cosa es que el sentimiento identitario de miles de catalanes se haya diluido por arte de magia. Al contrario, está bien latente.Aficionados en las gradas sostienen esteladas este jueves en el Camp NouEnric Fontcuberta / EFESolo hace falta que alguna chispa lo pueda volver a encender. El caso que afecta al joven simpatizante barcelonista tendrá el recorrido judicial que toque y esta polémica no tiene visos de eternizarse, a no ser que se quiera impedir otra vez la libertad de expresión de cualquier ciudadano a la hora de exhibir sus banderas.La protesta del Camp Nou es, sin embargo, todo un síntoma de lo que puede suceder en un futuro en Catalunya si desde los poderes públicos no se actúa con inteligencia y habilidad para no generar más conflictos. El proceso de normalización en el que Catalunya está inmersa en los últimos años es, posiblemente, uno de los mejores aciertos de los discutidos gobiernos de Pedro Sánchez. Lo que ha costado tanto rehacer, se puede romper con suma facilidad.Director de La Vanguardia desde marzo de 2020. Ha trabajado como redactor en las secciones de Política, Sociedad y Ciudades de La Vanguardia, donde entró en 1992