Baldomero Rubio Segovia en el 2008.Se podrían decir muchas cosas de Baldomero Rubio Segovia, Baldo para sus amigos, fallecido el martes 25 de agosto a los 88 años: hablar de su obra matemática, de sus libros, de sus años de docencia, de Princeton, Buenos Aires o París, de su estrecha relación con Miguel de Guzmán, de tantos discípulos y compañeros. Pero no quisiera convertir su recuerdo en una fría enumeración de méritos. Una vida como la de Baldo se refleja mejor por las huellas que fue dejando en las personas y en las instituciones.Una de ellas fue su extraordinaria labor como Decano de la Facultad de Matemáticas de la Universidad Complutense, entre 1978 y 1985. Fueron años excepcionales. España estaba aprendiendo a vivir en democracia y también la Universidad debía aprender nuevas formas de convivencia, participación y gobierno. Si se me permite la comparación, Baldomero y sus equipos decanales fueron como nuestros “padres de la Constitución”. Supieron pilotar una transición en la que había que cambiar muchas cosas sin destruir lo que merecía conservarse; escuchar sensibilidades diferentes, conciliar posiciones y, sobre todo, mirar hacia adelante.Aquella Facultad estaba llena de jóvenes Profesores No Numerarios que reclamábamos participar en la construcción de una Universidad diferente. Baldo comprendió aquella energía y supo encauzarla. Se preocupó, además, por recuperar para la Complutense a jóvenes matemáticos formados en ella que el sistema universitario había dispersado por toda España. Cuando recuerdo aquellos años, no veo a Baldomero ocupando su despacho de Decano: lo veo abriendo puertas y ventanas para que otros pudiéramos atravesarlas respirando aire fresco.Pero quizá su huella más duradera haya sido la de forjador de matemáticos. Los profesores universitarios sentimos a veces la tentación de refugiarnos en cursos avanzados, cerca a nuestras investigaciones. Baldomero, cuyos resultados sobre “diferenciación de integrales” fueron recogidos en el libro de Walter Rudin, hizo lo contrario. Eligió enseñar en primer curso, allí donde el estudiante se encuentra por primera vez con la Matemática superior. Enseñaba algo más importante que teoremas: enseñaba a pensar.Fue el colaborador más estrecho de Miguel de Guzmán. Juntos escribieron libros que aportaron aire nuevo a la enseñanza del Análisis. Para ellos la Matemática no consistía en coleccionar resultados para almacenar, sino en un saber hacer: aprender estrategias, descubrir caminos, formular las preguntas adecuadas. Enseñar, en definitiva, las «estrategias del pensamiento matemático».Tras la muerte de Miguel en 2004, Baldo no permitió que aquella obra quedara inmóvil: la continuó, revisó y perfeccionó. Ya jubilado, siguió escribiendo. Cuando había desaparecido toda obligación académica, continuó haciendo lo que verdaderamente amaba: explicar Matemáticas. Amplió incluso sus lectores hacia los más jóvenes y volvió también a la Astronomía, presente ya en uno de sus primeros libros. Para él, jubilarse pareció significar simplemente disponer de más tiempo para aprender y enseñar.Y se nos ha ido también el amigo. Fue mi primer profesor de Análisis en la Universidad; después fuimos compañeros durante más de medio siglo y compartimos Matemáticas, Universidad, amigos, viajes, alegrías y dificultades. Para mí fue mi “otro hermano mayor”.Los matemáticos sabemos que algunas cosas permanecen cuando ya ha desaparecido aquello que las originó. También ocurre con las personas. Queda una manera de enseñar, una institución que ayudaron a construir, un consejo recordado medio siglo después, un libro abierto sobre la mesa de un estudiante.Baldo se ha ido, pero seguirá enseñando mientras alguien, al sumergirse en uno de sus libros, descubra que las Matemáticas no consisten solamente en encontrar respuestas, sino en aprender a mirar. Y quizá sea esa la forma más hermosa de permanecer: seguir encendiendo una luz en la inteligencia de quienes nunca llegaron a conocernos.
Baldomero Rubio Segovia, decano y forjador de matemáticos
Seguirá enseñando mientras alguien, al sumergirse en uno de sus libros, descubra que las Matemáticas no consisten solamente en encontrar respuestas, sino en aprender a mirar






