La reciente visita de Javier Milei a ORT me interpela especialmente porque trabajé allí durante cuatro años, entre 1979 y 1983, y porque la ORT que conocí significó para mí algo muy especial. Fui profesor en el último año de la escuela secundaria. Trabajé en las áreas de física, tecnología y también de ciencias sociales. Además, fui Supervisor de todos los Laboratorios de Ciencias del Programa Educación Creativa, un proyecto en el que participaban miles de alumnos y cientos de docentes y que brindaba asesoramiento a más de treinta escuelas de la Argentina y de otros países. Pero hay algo todavía más importante. En los años más duros de la dictadura, ORT fue un verdadero reducto de libertad. Había libertad de trabajo y una notable apertura intelectual. Incluso encontraron allí un lugar muchos docentes y profesionales que habían sido declarados prescindibles por la dictadura debido a sus ideas políticas.

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Por eso me consterna lo sucedido ahora. No me molesta que ORT invite a un presidente con cuyas ideas pueda estar profundamente en desacuerdo. Al contrario: una institución plural debe poder recibir a personas que piensan de maneras muy diferentes. Había libertad de trabajo y una notable apertura intelectual; encontraron allí un lugar muchos docentes y profesionales declarados prescindibles por la dictadura" Lo que me preocupa es otra cosa: que un presidente vaya a una escuela secundaria a presentar sus convicciones políticas y religiosas prácticamente como verdades reveladas, como si se creyera una suerte de reencarnación de Moisés, y, sobre todo, que frente a adolescentes fomente la descalificación del que piensa distinto y aliente el abucheo a los periodistas. ¿Qué tiene que ver eso con educar para la libertad? Y hay algo más que me preocupa especialmente como alguien que estuvo ligado con orgullo a ORT. Me resulta particularmente paradójico que esto ocurra en ORT: una institución que nació en la Rusia zarista para ofrecer educación, trabajo y posibilidades de progreso a judíos perseguidos y empobrecidos; una institución cuya historia está atravesada por la educación y la emancipación; una institución internacional que siempre promovió no solo una educación de calidad, sino también la tolerancia y el respeto por la diversidad de opiniones. Me pregunto por qué la institución no pudo contrarrestar sus embates contra la libertad de expresión y recordar, precisamente en ese momento, qué había significado históricamente ORT" Hoy ORT es una institución internacional presente en más de 30 países en los cinco continentes. Los valores judíos vinculados con el humanismo, la discusión, la pregunta, la justicia, la diversidad de interpretaciones y el derecho a disentir son precisamente lo contrario del odio y la intolerancia que, a mi juicio, representa quien visitó la institución. Y esa vocación plural se expresaba también en su comunidad educativa: un porcentaje importante de sus alumnos no era judío. Nada tienen que ver esos valores con convertir una concepción política en una verdad revelada ni con enseñar a un auditorio de adolescentes a abuchear a quien piensa o informa de otra manera. Hasta donde recuerdo, eso no figuraba en los programas de estudio de ORT. Tal vez porque conocí otra ORT, lo ocurrido me resulta especialmente doloroso. No cuestiono que Milei haya sido invitado. Me pregunto por qué, una vez allí, la institución no pudo contrarrestar sus embates contra la libertad de expresión y de prensa y recordar, precisamente en ese momento, qué había significado históricamente ORT. *Físico, filósofo y escritor; ex profesor en ORT