28 de agosto, 2026 - 08h00Desde hace unos días he visto en redes sociales videos sobre batallas de farmear aura. Curiosos personajes jóvenes se enfrentan en espacios públicos haciendo poses, gestos y movimientos para demostrar quién proyecta más “aura”; el público o un jurado decide quién gana.La expresión mezcla varios códigos de la cultura digital. “Farmear” viene de los videojuegos: repetir acciones para acumular experiencia, recursos o puntos. “Aura” se usa para describir esa cualidad intangible que hace que alguien proyecte presencia, magnetismo, misterio o estilo y aumente la percepción de carisma de una persona. Es interesante cómo el fenómeno saltó de TikTok a encuentros presenciales en varias ciudades, ubicando estas batallas como una forma de socialización, identidad, creatividad y recuperación del espacio público.Pero más que este fenómeno en sí, que me parece gracioso e inofensivo, me han llamado la atención las distintas reacciones ante el mismo, una suerte de tensión entre el adolescentrismo y la jovenofobia.El adolescentrismo es un concepto que acuña Agustín Laje. Su tesis es que la adolescencia se ha convertido en el modelo cultural al que también aspiran los adultos. Laje plantea una inversión histórica interesante. En sociedades anteriores, el niño y el adolescente deseaban el mundo adulto: crecer significaba adquirir independencia, responsabilidades y reconocimiento. En la sociedad que él denomina adolescéntrica, el adulto sería visto como alguien con menos flexibilidad, originalidad, dominio tecnológico, espontaneidad o menos “aura”. Farmear aura podría ser un pequeño ejemplo: una expresión nacida de códigos juveniles y digitales que rápidamente comienza a ser comprendida, repetida e incluso practicada por otras generaciones. Una niña en TikTok resume bastante bien el conflicto generacional. Indignada por la apropiación adulta del fenómeno, reclamaba: “Era un término de la generación Z, no se metan los ancianos de la era medieval. Cuando pasa a los mayores, el meme pierde el chiste”. En el otro extremo aparece la jovenofobia: el prejuicio, rechazo o descalificación de los jóvenes y de sus formas culturales simplemente por ser jóvenes. Una desconfianza que muchas veces nace, precisamente, de aquello que no comprendemos.Esta generación es probablemente la primera que domina desde muy temprano un activo que los adultos necesitamos para desenvolvernos en el mundo contemporáneo, la tecnología. Eso altera, de alguna manera, la relación tradicional entre generaciones. Durante siglos fueron los mayores quienes poseían el conocimiento y la experiencia que los jóvenes necesitaban adquirir. Hoy, al menos en el territorio digital, muchas veces ocurre al revés, y frente a aquello que no comprendemos o controlamos, una reacción posible es descalificarlo: cuestionar sus hábitos, su lenguaje, su forma de relacionarse o incluso su capacidad para enfrentar la vida.El tema no se agota, pero este espacio sí, qué poca aura terminar la columna así. En el siguiente artículo quiero explorar, desde este fenómeno, preguntas como ¿desde dónde juzgamos? ¿Cómo enfrentamos la incertidumbre? (O)
Enrique Rojas: Farmeando aura I | Columnistas | Opinión
En el otro extremo aparece la jovenofobia: el prejuicio, rechazo o descalificación de los jóvenes y de sus formas culturales...















