Esta semana un encuestador británico con el que suelo hablar contaba que su primer recuerdo de Dolly Parton es de cuando él tenía 11 o 12 años, en los años 90. En su colegio, un profesor de Matemáticas decía que las fracciones en las que el número de arriba es mayor que el de abajo eran como Dolly Parton, por los pechos grandes de la artista.

Eran los años en los que a un científico escocés se le ocurrió llamar a una oveja “Dolly” porque había nacido de la clonación de una célula mamaria. “No existe la mala publicidad”, dijo Dolly Parton entonces, imitando el balido de la oveja al decir “baaaad”. En 2024, casi 30 años después, la pionera compositora, cantante, empresaria, millonaria y filántropa seguía respondiendo preguntas con sorna sobre sus pechos y la oveja clonada. No había cómico que superara los chistes con los que ella reaccionaba a los comentarios machistas y/o clasistas sobre el tamaño de sus pechos, sus pelucas o sus vestidos.