El rey Harald V de Noruega, hasta ahora decano de los monarcas europeos, falleci� este viernes a los 89 a�os, anunci� el Palacio real."Con profunda tristeza anunciamos que Su Majestad el rey Harald nos dej� el d�a de hoy. El rey Harald falleci� apaciblemente en el hospital nacional (Rikshospitalet) el viernes 28 de agosto, a las 6:35 horas, escribi� el Palacio en un comunicado.La intensa vida de Harald, el tercer monarca en la historia moderna del pa�s escandinavo desde su independencia en 1905, qued� marcada por un desgarrador acontecimiento hist�rico del que �l seguramente no guardar�a recuerdo alguno. Porque cuando el 9 de abril de 1940 las tropas alemanas del Tercer Reich invadieron Noruega, Harald apenas contaba con tres a�os -hab�a nacido en Asker, actual suburbio de Oslo, el 21 de febrero de 1937-. Y, sin embargo, aquella jornada determinar�a el futuro de la dinast�a y sin duda de su reinado varias d�cadas despu�s.Ocupaba entonces el trono noruego su abuelo Haakon VII, quien hab�a sido proclamado soberano por elecci�n popular con el naciente pa�s tras la pac�fica disoluci�n del Reino Unido de Suecia y Noruega. Y Haakon VII no titube� ni un instante ante el avance de las botas nazis. Se jug� el pellejo al oponerse frontalmente a la invasi�n y rechaz� de plano los planes de Berl�n, como se neg� a reconocer al colaboracionista Vidkun Quisling como primer ministro, el pol�tico t�tere que ejerci� como ministro presidente aupado por las fuerzas de ocupaci�n durante el conocido como Gobierno nacional. Haakon VII tuvo el respaldo del Ejecutivo democr�tico y de las principales fuerzas del Parlamento, y se improvis� a marchas forzadas un plan de evacuaci�n para impedir que la familia real cayera en manos del ej�rcito nazi.El monarca y su Heredero, el futuro Olav V, pudieron escapar a Londres, donde permanecieron hasta la capitulaci�n del r�gimen de Hitler, al frente del Gobierno de resistencia en el exilio. Por su parte, la madre de Harald, la entonces princesa heredera consorte Marta, logr� huir la misma noche de aquel 9 de abril de 1940 a la vecina Suecia, su patria natal, llev�ndose consigo a sus tres peque�os hijos: las princesas Ragnhild y Astrid, y el pr�ncipe Harald, para quien en la cortedad de su edad todo aquello debi� de ser poco m�s que una aventura. Posteriormente, los cuatro se acomodaron en Estados Unidos, por ser un refugio m�s seguro, invitados por el presidente Franklin D. Roosevelt, donde pasaron el resto de la Segunda Guerra Mundial.Harald, de joven, junto a su padre y su abuelo, el rey Haakon VII.GettyCuando, el 8 de mayo de 1945, la familia real al completo desembarc� en el Honn�rbrygga, el Muelle de honor del puerto de Oslo, una multitud de ciudadanos les recibieron con entusiasmo, felices por la derrota de Hitler, y con el reconocimiento de la heroicidad de su dinast�a y sobre todo de su firme compromiso con la democracia y las libertades, a diferencia de lo que sucedi� con algunas otras familias reales que confraternizaron con el nazismo.De ah� se estableci� una comuni�n entre el pueblo noruego y la Monarqu�a, como s�mbolo del pluralismo, de la soberan�a nacional y de los derechos individuales, que llega hasta nuestros d�as. Harald creci� inspirado por esos principios grabados a fuego en la Corona noruega. Y, cuando le correspondi� asumir el trono, no tard� en hacer gala de sus fuertes convicciones democr�ticas y de la importancia que tiene en nuestros d�as que los reyes europeos sean tanto fieles garantes de la Constituci�n y de la unidad nacional, como ant�dotos contra todo populismo extremista.Enorme respaldo popularTan bien ha cumplido Harald V sus funciones como monarca parlamentario de Noruega, que a lo largo de su reinado ha mantenido casi invariables �ndices de popularidad cercanos al 85%, lo que le convert�a no s�lo en el rey con m�s apoyo de sus conciudadanos en todo el continente, sino tambi�n probablemente en uno de los jefes de Estado m�s respaldados del globo.Harald, como se ha dicho, fue el �nico hijo var�n de los entonces pr�ncipes herederos Olav y Marta. Aunque cuando lleg� al mundo ya hab�an nacido sus dos hermanas, la Ley Fundamental que reg�a estipulaba que s�lo los varones pod�an acceder al trono, por lo que recibi� la educaci�n que correspond�a a quien estaba llamado a reinar alg�n d�a. Hasta la invasi�n nazi, los primeros pasos de la criatura transcurrieron entre los apacibles muros y jardines de Skaugum, la residencia oficial de los Herederos entonces, igual que despu�s lo ser�a de Haakon y Mette-Marit.Ya de vuelta del exilio estadounidense, una vez apagados los rescoldos de la terrible segunda gran guerra, Harald, que ya contaba con ocho a�os, comenz� su formaci�n en la escuela Smestad, en Oslo. Sus padres se negaron a que fuera instruido por preceptores en Palacio y, al rev�s, quisieron que el pr�ncipe tuviera la educaci�n m�s parecida a los chavales de su edad. Otra elecci�n que naturalmente forj� su personalidad y que le ayudar�a tanto con el tiempo a empatizar con el noruego medio. Con posterioridad, ingres� en la Escuela de Formaci�n de Oficiales de Caballer�a de Noruega y complet� su formaci�n militar en la Academia Militar, ya en 1959. Tras finalizar el servicio militar obligatorio, se traslad� a Oxford para realizar estudios, entre 1960 y 1962, de ciencias sociales, historia y econom�a.Harald y Sonia, en la ceremonia religiosa por su coronaci�n, en la catedral de Trodheim, en junio de 1991.GettyLa etapa universitaria le lleg� ya como pr�ncipe heredero. Porque su abuelo Haakon VII falleci� en oto�o de 1957, lo que situ� autom�ticamente en el trono a su padre, Olav V. Ello supuso que el futuro rey tuviera que asumir de golpe una intensa agenda institucional, con hitos como su primera visita oficial al extranjero, en 1960. a esos Estados Unidos que tan bien le hab�an acogido de ni�o, en este caso con motivo del 50� aniversario de la Fundaci�n AmericanoEscandinava.A lo largo de las tres d�cadas que pas� como Heredero, una de las principales funciones de Harald al servicio de la Corona y de la naci�n fue ejercer como alto delegado comercial, facilitando en numerosos viajes extranjeros el acceso de la industria noruega al mercado internacional.Amante del deporte y de la naturalezaEl deporte y la naturaleza fueron dos de las pasiones durante su juventud. Particip� en tres Juegos Ol�mpicos, los de 1964, 1968 y 1972, en la especialidad de vela. Y con el tiempo presidir�a la Asociaci�n noruega de Vela y formar�a parte del Comit� Internacional Yacht Racing Union. Participar�a en regatas nacionales e internacionales hasta que anunci� su retirada de la vela de competici�n ya en 2022, con 85 a�os cumplidos. Tambi�n fue uno de los impulsores de la rama noruega de WWF (Fondo Mundial para la Naturaleza). La preservaci�n medioambiental ha sido uno de los ejes de su reinado, en un tiempo en el que le ha dado tiempo a ver c�mo el cambio clim�tico est� afectando tanto a la fisonom�a de su pa�s.A finales de los a�os 60, Noruega, la que hab�a sido una naci�n modesta cuyos principales recursos proven�an del mar, descubri� sus primeros yacimientos gigantes de petr�leo y gas en el Mar del Norte. El Estado constituy� el Fondo nacional de petr�leo. Y, ya en los a�os 90, se cre� el Fondo Global de Pensiones del Gobierno Noruego para ahorrar los ingresos del gas y el petr�leo. Estamos hablando del fondo soberano m�s grande del mundo, que supera los dos billones de d�lares y que, a la vez que respalda la salud de la econom�a nacional, invierte en proyectos multinacionales. Considerado como uno de los 10 pa�ses con mayor riqueza por habitante, Noruega presume de un envidiable modelo social en el que su familia real ejerce el liderazgo en eso que muchos analistas definen como Monarqu�a del Bienestar, un estadio moderno de la instituci�n que prioriza en la agenda las iniciativas de inclusi�n, de labor social y de extensi�n de derechos de nueva generaci�n. Si en lo pol�tico la Corona, en las 10 Monarqu�as parlamentarias que hay hoy en Europa, se caracteriza por ejercer como un poder moderador neutral por encima de la lucha partidista, en aras de ser percibida como �til asume las preocupaciones sociales como su principal raz�n de ser, en expresi�n del historiador Frank Prochaska. Y en ello Harald ha sido un rey especialmente comprometido, lo que explica esa alta popularidad de la que ha gozado antes se�alada.Noviazgo y boda con SoniaNo faltan supuestas relaciones ni una ristra de princesas europeas con las que en su tiempo se habr�a intentado emparejar al joven Harald, entre ellas Irene de Grecia, Tatiana Radziwill o Benedicta de Dinamarca. Y no se olvide que el Heredero con hechuras de vikingo fue al parecer el primer amor de la Reina Sof�a, quien con el tiempo acabar�a cas�ndose con Juan Carlos de Borb�n y convirti�ndose en la Consorte espa�ola.Pero lo cierto es que Harald fue protagonista de una historia sentimental que tambi�n marc� impronta en la instituci�n. Y es que, en el verano de 1959, cuando contaba con 22 a�os, conoci� a Sonia Haraldsen, y surgi� lo que ambos calificaron de "amor a primera vista". Coincidieron en un sarao gracias a un amigo com�n. A partir de ah�, su c�rculo m�s cercano les ayud� a mantener el noviazgo en secreto durante a�os. La relaci�n, que no gustaba nada en Palacio, dado que ella era plebeya, se puso a prueba mientras �l estudiaba en Oxford y ella fue convenientemente alejada por su parte a Suiza. Pero ni por esas. Ninguno de los dos estaba dispuesto a renunciar a lo que sent�an. En 1964, medios brit�nicos y noruegos publicaron una foto de Sonia y destaparon el romance. Y aquell� provoc� un terremoto social y tambi�n una grave crisis en la instituci�n. Ni el entonces rey Olav ni el Consejo de Estado lo aceptaban. "Ten�a sentimientos muy encontrados, yo amaba a Sonja Haraldsen, pero tambi�n ten�a mala conciencia hacia mi padre y hacia Noruega", explicar�a el rey Harald con el tiempo.El Heredero necesitaba el consentimiento del Parlamento para poder contraer matrimonio. Y siempre se ha dicho que Harald lleg� a amenazar a su padre con renunciar a sus derechos din�sticos si no pod�a casarse con la mujer que amaba y despu�s con permanecer soltero para siempre, lo que tambi�n hubiera acarreado problemas sucesorios. Medios como Presse-Norg advirtieron que la boda morgan�tica ser�a el final de la Monarqu�a. "Estan en juego cosas m�s importantes que el coraz�n", se se�alaba en duros editoriales.Pero Harald y Sonia tiraron de paciencia, convencidos de que el tiempo jugar�a a su favor. Y, tras ocho a�os de noviazgo, en 1967, el rey Olav empez� a hablar con el Gobierno encabezado por el primer ministro Per Borten sobre el asunto y acept� conocer a la joven. Finalmente, el Parlamento y el Ejecutivo optaron por dejar que la decisi�n recayera exclusivamente en el monarca, y �ste dio finalmente su brazo a torcer. La boda se celebr� en agosto de 1968 en la Catedral de Oslo. Harald se convirti� en el primer pr�ncipe heredero de una de las grandes Monarqu�as europeas en protagonizar un matrimonio morgan�tico, allanando el camino a tantos otros que vendr�an despu�s, como su mismo hijo Haakon, Felipe de Borb�n en Espa�a, Federico en Dinamarca, y un largo etc�tera, hasta haberse convertido aquella an�mala excepci�n en la regla.En 1971 naci� la primera hija de la pareja real, la princesa Marta Luisa, y dos a�os despu�s, Haakon. La sucesi�n qued� as� asegurada.Harald, junto a su mujer, la reina Sonia, saluda desde el Palacio Real.GettyEn junio de 1990, el delicado estado de salud del rey Olav llev� a que Harald fuera nombrado regente. Unos meses m�s tarde, en enero, el anciano monarca falleci�. Su hijo jur� la Constituci�n ante el Parlamento el 21 de enero de 1991, siendo proclamado en ese acto nuevo soberano de Noruega.Modernizaci�n de la CoronaEn sus primeros a�os de reinado, Harald acometi� profundas reformas de modernizaci�n y racionalizaci�n en una Monarqu�a con unos usos y costumbres ya de por s� mucho m�s modestos que otras como la sueca o la brit�nica. Y la instituci�n goz� de una notable estabilidad y supo sortear bien los esc�ndalos hasta el pol�mico anuncio en 2001 del enlace del pr�ncipe heredero Haakon con Mette-Marit Tjessem H�iby, una joven de origen modesto y madre soltera de un ni�o de cuatro a�os, Marius. La prensa describi� a la que iba a convertirse en nueva princesa como una mujer con un "pasado turbulento", que ella misma calific� de "salvaje" y del que confes� estar "arrepentida". Tambi�n generar�a algunos problemas a la Corona la otra hija de los reyes, la princesa Marta Luisa, primero por su matrimonio con el exc�ntrico escritor Ari Behn, y sobre todo despu�s por sus negocios privados junto a su nueva pareja, el cham�n Durek Verrett, incompatibles con lo que representa la dinast�a, lo que llev� a Harald a apartar a su hija de las funciones de representaci�n de la Monarqu�a.Todos ellos asuntos, sin embargo, que palidecen con los esc�ndalos m�s recientes que han sumido a la instituci�n en su mayor crisis desde la independencia noruega. Por un lado, la detenci�n y reciente condena del hijo de soltera de la princesa heredera consorte, Marius, declarado culpable culpable de delitos tan graves como violaci�n, maltrato a una ex novia, lesiones corporales graves y amenazas. Y, por otro, el caso que ha destrozado por completo la imagen de la propia Mette-Marit, su profunda amistad con el empresario ped�filo Jeffrey Epstein, asunto que a ojos de la mayor�a de los noruegos la convierte en alguien nada id�neo para convertirse en reina.El monarca junto a su hijo y Heredero, Haakon.Getty"Me atengo a lo que he dicho siempre, he hecho un juramento al Parlamento y dura toda la vida", declar� Harald en 2024 para dejar claro que jam�s abdicar�a, saliendo al paso del debate propiciado por otras renuncias como la que hab�a protagonizado la reina Margarita II de Dinamarca. No han faltado nunca expertos que atribu�an la firme decisi�n del rey en el abismo que representaba para la Corona que �l hubiera dado un paso al lado en el momento reputacional m�s delicado. De hecho, los noruegos han seguido manteniendo su pleno respaldo al anciano monarca, sin importarles que sus problemas de salud de los �ltimos a�os le impidieran asumir con todo el vigor sus responsabilidades."Un gran hombre" con auctoritasSeguramente lo que m�s orgullo deb�a de causarle es que, m�s all� de haberse visto respaldado siempre como rey, entre los noruegos est� muy extendida otra convicci�n a�n m�s importante, la de que era "un gran hombre". Se gan� muy pronto eso tan importante para todo monarca parlamentario que es la auctoritas. Uno de sus m�s memorables discursos, de 2016, sirvieron para constatar hasta qu� punto la Monarqu�a mantiene vigente la capacidad para erigirse en pegamento y s�mbolo nacional. Y es que, tras agrios debates y sucesos de car�cter xen�fobo en el pa�s n�rdico, pronuncio la alocuci�n m�s aplaudida de su reinado, todo un canto a la tolerancia que volv�a a poner a la Corona en la vanguardia de la protecci�n a las minor�as y el respeto racial, religioso o sexual: "Los noruegos somos gente del norte, del centro y del sur del pa�s. Pero noruegos somos tambi�n los que han emigrado aqu� desde Afganist�n, Pakist�n y Polonia, desde Suecia, Somalia y Siria. Los noruegos creemos en Dios, en Al�, en todo y en nada. Hay noruegos a quienes les gusta el f�tbol y noruegos a quienes les gusta el balonmano. Pero hay muchos que prefieren quedarse sentados en el sof�. Noruega somos chicos que aman a chicos, chicas que aman a chicas y chicos y chicas que se aman. En otras palabras, Noruega eres t�. Noruega somos nosotros. A pesar de todas las diferencias, somos un solo pueblo".Harald, en t�ndem con una reina excepcional como ha sido Sonia, ha sido la aut�ntica clave de b�veda de una Monarqu�a obligada a mudar de piel. Por eso su muerte no deja s�lo un vac�o en el pa�s que le identifica con la mejor etapa de la historia de los noruegos, sino que coloca a la Corona ante un escenario demasiado incierto.
Muere Harald de Noruega, el rey sin rival en popularidad que encarn� la Monarqu�a del Bienestar y las libertades
El rey Harald V de Noruega, hasta ahora decano de los monarcas europeos, falleci� este viernes a los 89 a�os, anunci� el Palacio real. "Con profunda tristeza anunciamos que...











