Que Andrew Garfield es un actor excelente es algo de dominio público. Que debería gozar de más popularidad resulta mucho más subjetivo, pero también defendible. Y que a sus películas las acecha el mal fario... pues basta con fijarse en sus últimos pasos para sospechar que algo de verdad habrá ahí. Porque aquí no vamos a hablar del prematuro fin de The Amazing Spider-Man, ni tampoco de la nefasta taquilla de El árbol muy muy lejano, su último estreno hasta la fecha. Nos referimos a Artificial y a El hombre que desafió al rey, películas dirigidas por Luca Guadagnino y Paul Greengrass, respectivamente, cuyas trayectorias hacen pensar que a ambas las ha mirado un tuerto. ¿No te lo crees? Echemos un vistazo. 'Artificial': Los peligros de molestar a la IACon Cooper Hoffman, Jason Schwartzman y Mark Rylance en el reparto, además de un director ilustre, Artificial parece un filme con buenas expectativas en el circuito de festivales. No en vano hablamos de un biopic de Sam Altman, CEO de OpenAI y uno de los máximos impulsores de la inteligencia artificial en la actualidad. En junio, sin embargo, estalló la bomba: Amazon Studios, productora de la cinta, anunciaba que no iba a distribuirla. "Creemos que Artificial se beneficiaría más si la estrenara otro estudio", afirmó la empresa de Jeff Bezos, mientras que la prensa señalaba a un acuerdo suscrito por Amazon y OpenAI como verdadera causa de la ruptura.Con Amazon dispuesta a invertir 50.000 millones de dólares en los servicios de OpenAI, no convenía molestar al nuevo socio de la corporación, aunque eso supusiera tirar a la basura los 40 millones invertidos en la película. Máxime si contamos con que, según fuentes citadas por Variety y otros medios, Artificial no deja en buen lugar ni a Sam Altman ni a Elon Musk, otro plutócrata dispuesto a desencadenar tormentas en redes sociales contra quienes le llevan la contraria. Aun así, el nombre de Guadagnino es demasiado atractivo como para que la cinta fuese a parar a un cajón. El 30 de junio, tras una puja entre varios estudios, Neon se hacía con los derechos de Artificial, con vistas a un estreno en el Festival de Venecia y una campaña intensa en la temporada de premios. Además, Neon aprovechó las circunstancias y puso una "no money guarantee" como condición para hacerse cargo de Artificial. Gracias a dicha garantía, Neon no pagó ni un dólar por los derechos de la película, limitándose a garantizar unos costes de distribución y marketing que podrían ascender a 20 millones. Satirizar las intrigas de Silicon Valley y las grandes tecnológicas es algo que, visto lo visto, puede salir muy caro. ¿Qué pinta Robin Hood en esto? El hombre que desafió al rey, por su parte, tiene una pinta mucho menos peliaguda. Hablamos de una épica medieval ambientada en la Gran Rebelión un alzamiento campesino que sacudió Inglaterra a mediados del siglo XIV y en el que se ve envuelto el personaje de Andrew Garfield. Jamie Bell, Stephen Dillane y Thomasin McKenzie, entre otros, secundan al actor en el reparto.