12 fotosLa artista japonesa Yayoi Kusama (Matsumoto, 1929-Tokio, 2026) creció en una familia acomodada de comerciantes de semillas. Era la pequeña de la casa, la menor de cuatro hermanos, y desde niña mantuvo una tensa relación con su madre. También desde niña dejó patente su profundo sentido de la estética, como se aprecia en este retrato de 1939, cuando Kusama tenía 10 años, que forma parte de la exposición retrospectiva que le va a dedicar el Museo Stedelijk de Ámsterdam. La muestra abrirá sus puertas el 11 de septiembre y se podrá visitar hasta el 27 de febrero de 2027.© YAYOI KUSAMA / Cortesía del Museo Stedelijk Yayoi Kusama Inc. anunció en su página web este 27 de agosto la muerte de la artista, de 97 años, que tuvo lugar en un hospital de Tokio el pasado 14 de agosto. "A lo largo de una vida extraordinaria dedicada por completo a la creación artística, Kusama desarrolló una carrera aclamada internacionalmente como pionera artista de vanguardia cuya práctica creativa abarcó las artes visuales, la 'performance', la ficción y la poesía", señalaba el comunicado. Kusama había estudiado la pintura tradicional japonesa en Kioto, pero dejó su país para desarrollar su propio arte: las constantes tiranteces con su conservadora familia la llevaron a seguir los consejos de la artista estadounidense Georgia O'Keeffe, con quien se solía escribir cartas, y en 1958 se mudó a Estados Unidos. Irrumpió en la escena artística neoyorquina con sus 'happenings' en espacios públicos (en la imagen, con el artista Louis Abolafia en Central Park, en 1969).New York Daily News (NY Daily News via Getty Images)Su estética no dejaba indiferente a nadie y en 1969 creó Kusama Enterprises, una compañía en la que, según recuerda su nota biográfica en la web del MoMA, "vendía ropa, bolsos e incluso automóviles que exhibían su estética singular, caracterizada por el uso generoso de lunares y patrones densos y repetitivos para crear una sensación de infinitud". Los lunares ('polka dots') se convirtieron en su seña. Pequeños o exagerados, la acompañaron a lo largo de su vida y su obra en mil y una formas: pintados sobre el cuerpo (en la imagen, con Kent Feathergill en 1967), estampados en calabazas gigantes, ocupando sus famosas habitaciones infinitas ('infinity rooms') con juegos de espejos o decorando bolsos de Louis Vuitton.New York Daily News (NY Daily News via Getty Images)"Desde mi infancia, siempre he creado obras con lunares. La Tierra, la Luna, el Sol y los seres humanos representan puntos: una sola partícula entre miles de millones. Esta es una de mis filosofías fundamentales, la cual es compartida por muchas personas", explicaba sobre su obsesión con ese estampado en una entrevista con el 'HuffPost' publicada en 2017. La moda, de los complementos a la ropa, fue otra de las constantes en su obra: en la imagen un cuadro con un bolso parte de la exposición que en 1999 le dedicó el Crown Art Center de Taipei.TAO-CHUAN YEH (AFP via Getty Images)El sexo se mezclaba para ella con el arte y la indumentaria. Llegó a tener una tienda en Nueva York a finales de los sesenta donde vendía creaciones como los 'vestidos transparentes y de orgía'. Esos encuentros sexuales fueron objeto por entonces varias de sus intervenciones artísticas, como su 'Grand Orgy to Awaken the Dead', un 'happening' que protagonizó en el Jardín de Esculturas del MoMA y con el que buscaba criticar el conservadurismo del mundo artístico. Sus esculturas fálicas también cobraron protagonismo en esa época. En este retrato que se podrá ver en la exposición del museo Stedelijk posa con sus prendas y esculturas fálicas en 1971.Tom Haar / © YAYOI KUSAMA / Cortesía del Museo StedelijkEl Museo Whitney de Nueva York expuso algunas de esas creaciones de los años setenta en la retrospectiva que le dedicó en 2012 (en la imagen). "En esas pieza la superficie de color rosa intenso estaba realzada por numerosos relieves fálicos de tela rellena cosidos a la prenda", precisa la web de la Tate Gallery, "muchos de sus diseños eran atrevidos y presentaban aberturas estratégicamente situadas que dejaban al descubierto los pechos, los glúteos o los genitales de quien los llevaba. Para su 'performance' 'Gay Wedding' de 1968, diseñó un vestido de novia de orgía para dos personas".J. Countess (Getty Images)Lunares y patrones orgánicos se repetían en sus prendas, que la artista solía lucir en sus apariciones públicas. En Martin Gropius Bau (Berlín) le dedicaron una exposición en 2021 en la que mostraban varios de sus diseños, de vestidos minifalderos a voluminosas túnicas. Adam Berry (Getty Images)El mundo de la moda cayó rendido al universo Kusama en 2012, cuando realizó su primera colaboración con la firma de lujo Louis Vuitton. En la imagen, una modelo luce un estilismo con prendas de esa colección, de los pies a la cabeza. En ella se podían observar las constantes que marcaron la obra de Kusama: los lunares y la repetición infinita. Fairchild Archive (Penske Media via Getty Images)La artista se convirtió en protagonista de escaparates: creó réplicas de sí misma, transformó su silueta —grandes gafas, túnica de lunares, pelo rojísimo con flequillo geométrico— en un icono pop. En la imagen se puede ver una instalación que creó para las tiendas de Louis Vuitton y se mostró en 2016 en su retrospectiva 'Infinity', en el Museo Moderna de Estocolmo.JONATHAN NACKSTRAND (AFP via Getty Images)La edición limitada de 2012 incluía piezas como estos zapatos, que evocan el estampado de una de sus piezas más reconocidas, la calabaza de lunares gigante que la artista instaló en el museo al aire libre de la isla de Naoshima (Japón) en 1994. La artista dejó en los setenta Nueva York para regresar a su país de origen: en 1973 volvió a Japón y en 1977 decidió su ingreso voluntario en el hospital psiquiátrico Seiwa (Tokio), donde continuó residiendo a lo largo de los años. Llegó allí con una depresión tras la muerte de su compañero, el también artista Joseph Cornell; fue una reclusión elegida para controlar sus problemas de salud mental y tener tiempo y tranquilidad para entregarse por completo a la creación.Fairchild Archive (Penske Media via Getty Images)"Un día estaba mirando el estampado de flores rojas de un mantel. Y, de repente, lo vi también cuando miré al techo, cubría las ventanas, todo el cuarto. Hasta a mí misma. Me asusté, sentí que comenzaba autodestruirme", contó sobre las alucinaciones que sufría. Desde niña padecía un trastorno obsesivo compulsivo y el arte fue para ella una forma de canalizar traumas y construir un universo propio.