Río de Janeiro (EFE).- El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, admitió este jueves que está «muy decepcionado» con la situación que enfrentan tanto su hijo mayor como su exjefe de Gabinete, investigados por supuesto tráfico de influencias en negociaciones con cabilderos.

El líder progresista atribuyó las acusaciones contra ambos a simples «ilaciones» aún no probadas, pero afirmó que no hará nada para sabotear las investigaciones; aseguró que si son culpables tendrá que pagar por lo que hicieron y admitió que su jefe de Gabinete tuvo un comportamiento «totalmente equivocado».

«Estoy muy tranquilo (sobre si el escándalo puede afectar su Gobierno), pero también muy decepcionado. Mi hijo sabe que no podía cometer ningún error. Si cometió, va a pagar por eso», aseguró el jefe de Estado en una entrevista a la red de televisión Globo.

Mientras que la Fiscalía investiga por tres casos de tráfico de influencias a Fabio Lula da Silva, el primogénito del mandatario, las autoridades indagan al exjefe de Gabinete de Lula, Marco Aurélio Ribeiro Santana, conocido como Marcola, por recibir recursos y regalos de una cabildera.

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, participa en la conmemoración del Día del Soldado, en el Cuartel General del Ejército, en Brasilia (Brasil). EFE/Andre Borges