NoticiaLa pintora, escultora y hasta poeta, murió a los 97 años. Fue reconocida por conquistar al mundo con sus icónicos puntos. Esta es su historia.obra de Yayoi Kusama Foto: AFP Y EFEPERIODISTA27.08.2026 18:40 Actualizado: 27.08.2026 18:40
os patrones y puntos con los que Yayoi Kusama alucinaba cuando tenía 10 años pasaron de convertirse en figuras incomprensibles para ella a una fuente de inspiración a nivel mundial que la llevó a crear una obra original marcada por la reiteración hasta el infinito de motivos emblemáticos como los lunares. Hoy el mundo despide a una de las artistas contemporáneas más importantes de Japón. Yayoi Kusama murió a los 97 años en un hospital de Tokio el pasado 14 de agosto, pero su fallecimiento solo fue anunciado públicamente hasta ayer.“A lo largo de una vida extraordinaria dedicada por entero a la creación artística, Kusama desarrolló una aclamada carrera internacional como artista de vanguardia, cuya creación incluyó el arte visual, la performance, la narrativa y la poesía. Continuó pintando hasta sus últimos días, sin apartar nunca el pincel, y continuó su exploración del amor eterno y del alma perpetua”, compartió en un comunicado su empresa. Obras de Yayoi Kusama en la galería David Zwirner de Nueva York. Foto:EFELa artista nació el 22 de marzo de 1929 en la ciudad de Matsumoto. Desde 1939 se adentró en el mundo de los lienzos, en los que untó acuarelas, pastel y óleos. Y de ahí en adelante desarrolló una carrera aclamada internacionalmente que la convirtió en figura clave de la psicodelia, además de una de las artistas más relevantes del último siglo, al exponer en museos de todo el mundo y recibir la Orden de las Artes y las Letras de Japón y la Orden de Cultura japonesa. En 2006 se convirtió en la primera mujer en obtener el Praemium Imperiale de la Asociación de Arte de Japón, uno de los galardones internacionales de arte más prestigiosos del mundo.Era la hija menor de una familia acomodada. Comenzó a plasmar en el lienzo esos característicos patrones de puntos y redes, que solo ella veía flotar en el aire. Mucho después, en la adultez, Yayoi confesó que al parecer esas figuras que fascinan al mudo eran provocadas por estrés psicológico y que de no ser por una relación tortuosa con su madre, una mujer fría que intentaba impedirle pintar y obligarla a seguir patrones de comportamiento tradicionales, tal vez sus visiones no existirían.Obras de Yayoi Kusama en la galería David Zwirner de Nueva York. Foto:EFE“Mis obras de arte son la expresión de mi vida, en particular de mi enfermedad mental”, declaró Kusama en una ocasión a la revista Bomb Magazine.“Un día, después de haber visto sobre una mesa un mantel decorado con un motivo de flores rojas, empecé a observar el mismo motivo de flores rojas en todo el techo, las ventanas y las columnas. Llenaba toda la habitación, e incluso recubría mi cuerpo”, contaba en su autobiografía evocando aquella inspiración inicial.Fácilmente reconocible por su llamativa peluca roja y sus atuendos de lunares, su exuberante obra fue la expresión de una larga lucha contra la enfermedad mental. Kusama estudió Bellas Artes en Japón, terminó sus estudios y empezó a sentir que la isla ya no era su lugar. “Mis padres intentaban constantemente obligarme a contraer matrimonios concertados con hombres a los que nunca había conocido”, le contó Yayoi en una ocasión al escritor Andrew Solomon, y describió sus primeros años de veintena como una época de crisis nerviosa. Cada vez se sentía más como “una prisionera, rodeada por un velo de despersonalización”, decía. Hasta 1958 se desató de las convenciones y los roles sociales del Japón de la posguerra y se mudó a Nueva York en 1958. Incluso, su madre le ayudó económicamente en un inicio, con la condición de que nunca se devolviera para Japón.Pese a la discriminación que sufrió como mujer japonesa en un país todavía marcado por la Segunda Guerra Mundial, logró hacerse conocer con sus obras y sus provocadores happenings en los años 1960, en los que experimentó con la pintura corporal y el sempiterno motivo de los lunares. También lanzó una marca de ropa, fundó una “iglesia de la autodestrucción” y se autoproclamó “Gran Sacerdotisa de los Lunares” para oficiar una boda entre dos hombres.La instalación de Yayoi Kusama abraza el edificio de Louis Vuitton, en París. FOTO: GETTY Foto:GettyAl llegar al nuevo continente, Kusama trabajaba jornadas enteras, creando sus obras. Y con rapidez entró al exclusivo círculo de la vanguardia neoyorquina con patrones monocromáticos en forma de red, las Infinity Nets, que causaron sensación en su primera exposición. Con sus repeticiones en serie, sus obras se asemejaban a las de Andy Warhol. Sus esculturas de tela, en su mayoría con forma fálica, recuerdan a las obras de Claes Oldenburg, creadas por esa misma época.La competitividad del medio y ver que sus compañeros masculinos tuvieran más éxito comercial que ella contribuyeron a que Kusama intentara suicidarse. Cuando se recuperó expresó su protesta contra la brecha salarial de género, entre otras cosas, con la escultura Traveling Life (1964): una escalera invadida por formas fálicas y en cuyos peldaños se encuentran zapatos de mujer. Los falos fueron otro motivo recurrente con el que Kusama intentó superar su “miedo al sexo como algo sucio”, como lo cuenta en su autobiografía.En alguna etapa de su carrera inspiró orgías sexuales en la comunidad hippie, aunque ella no participara. Pues, las acciones que tomó en contra de la guerra de Vietnam llevaron a sus fanáticos a interpretar sus pensamientos desde la perspectiva del deseo. “¿Por qué las personas que comparten el deseo deberían ir a la guerra y matar a otros? El sexo libre permite derribar el muro entre mí y los demás”, escribió Kusama en su autobiografía. A menudo pintaba cuerpos desnudos de mujeres y hombres con puntos, lo que tenía como objetivo hacer desaparecer la individualidad de quienes eran pintados. A este concepto lo denominó Self-obliteration (autodestrucción). Y esta idea se extendió a lo largo de toda su obra: “Mediante la autodestrucción, uno regresa al universo infinito”, dijo Kusama en una ocasión. Y posiciones políticas como esta abundaron a lo largo de su trayectoria. Kusama con calabaza, 2010. Yayoi Kusama. Foto:Ota Fine Arts; Victoria Miro; David Zwirner, Nueva York.En 1966 colocó 1.500 esferas reflectantes sobre el césped frente a la entrada de la Bienal de Venecia, a la que no había sido invitada, y las vendió a dos dólares cada una, hasta que molestó a los responsables de la Bienal y pusieron fin a su rebelión.Se devolvió a Japón en 1970, decidió voluntariamente ingresar en un centro psiquiátrico en Tokio para recibir tratamiento para su depresión. Siguió creando hasta el final. “Seguiré creando obras de arte mientras mi pasión me impulse a hacerlo”, declaró en una ocasión a Bomb Magazine. “Me conmueve profundamente que tanta gente sea fan mía (...). Creo que solo después de mi muerte sabré cómo valora la gente mi arte. Creo arte para sanar a toda la humanidad”. En ese contexto desarrolló sus esculturas de calabazas, una de ellas exhibida en Naoshima, “la isla del arte” en Japón.Las redes sociales impulsaron obras como estas en los últimos años. Además, ha cautivado a numerosas audiencias con las formas florales de sus museos y sus brillantes esferas de acero, que se convirtieron en los escenarios predilectos para selfis y fotografías de los turistas de todo el mundo. Entre sus numerosos motivos, la calabaza se convirtió en uno de los elementos más icónicos de su obra. Para Kusama, este vegetal representaba comodidad, según contó en alguna entrevista: “Las calabazas me hablan. Representan una sensación de estabilidad y me dan tranquilidad”.En 1993 por fin se ganó su entrada a la Bienal y declaró ese como el mejor momento de su vida. “Quiero ser aún más famosa, cada vez más famosa”, decretó al Financial Times. Y después fue criticada por esta búsqueda de la fama tan abiertamente exhibida.A una edad avanzada se convirtió por fin en una superestrella, como había soñado: en 2018, el Museo The Broad de Los Ángeles vendió 90.000 entradas en una sola tarde para su exposición dedicada a Kusama. Una exposición programada para un año en la Tate Modern de Londres en 2022 se agotó en muy poco tiempo, al igual que la prórroga por tres años más. Por esa misma época, una de sus pinturas alcanzó los 10,5 millones de dólares en una subasta, lo que convirtió sus obras en algunas de las que han alcanzado mayores precios en el mundo entre artistas mujeres.obra de Yayoi Kusama Foto:AFP Y EFEÚltimamente era conocida sobre todo por sus Infinity Rooms, instalaciones en las que el espectador puede entrar, compuestas por espejos y puntos de luz, muy populares en Instagram, así como por sus esculturas de gran formato con lunares. Sus obras suelen parecer lúdicas, pero detrás de ellas se esconde la historia de una mujer que tuvo que superar enormes retos sociales y de salud.El mundo del arte está de luto y despide hoy a uno de sus personajes más coloridos, alegres y singulares. Yayoi Kusama no solo creó obras de arte, sino que regaló experiencias inolvidables a quienes se adentraron en las galerías y museos donde su particular universo quedó expuesto. Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.











