Entrevista Exclusivo suscriptores EL TIEMPO habló con Laura Micolta, cuyo bebé nació durante el devastador sismo de 7,4. Su hijo nació en el parqueadero de un hospital del oriente. Laura Micolta con su bebé, nacido durante el feroz terremoto del 10 de agosto en Cali. Foto: Samir Rojas y foto del fondo Carolina Bohórquez / EL TIEMPOPERIODISTA27.08.2026 18:43 Actualizado: 27.08.2026 18:53
Cuando la tierra se estremeció con fuerza, Laura Camila Micolta estaba lista para el momento más crucial de su vida.En el primer piso del hospital Carlos Holmes Trujillo, ubicado en el vulnerable distrito de Aguablanca, en el oriente de Cali, las alertas sísmicas comenzaron a sonar mientras las paredes se sacudían. Laura Micolta y su hijo recién nacido. El pequeño llegó al mundo cuando la tierra se embraveció. Foto:Samir RojasLlevaba hospitalizada desde el domingo 9 de agosto esperando a su primer hijo. Las contracciones eran intensas y el nacimiento era inminente, pero la naturaleza impuso su propio ritmo violento a las 7:34 de la mañana.El niño que nació durante el terremoto en Cali. Foto:samir rojasCali, entre las ciudades más afectadas por el terremoto del 10 de agosto. Foto:Samir Rojas"Ya me tenían ahí lista para pujar en el burro, pero cuando ya iba a pujar, la tierra comenzó a moverse y todas esas máquinas allí, todo eso, mejor dicho", recuerda Laura Camila, una mujer afrodescendiente de mirada fuerte y voz pausada, habitante del barrio Manuela Beltrán, en el mismo distrito de Aguablanca. En un instante, el orden hospitalario se transformó en caos.Laura Micolta y su hijo recién nacido. El pequeño llegó al mundo cuando la tierra se embraveció. Foto:Samir Rojas'¡Salgan todos. Yo me quedo con ella!'En la sala, la tensión se disparó. Frente al vaivén de las estructuras, la ginecóloga de turno priorizó la vida de su paciente y gritó una orden desesperada: "¡Ay, salgan todos, que yo me quedo con ella aquí pariendo!". Sin embargo, al ver los monitores y equipos apagados o balanceándose con peligro, el instinto de supervivencia de Laura fue más rápido. "Cuando yo ya vi que esas máquinas estaban muertas y demás, le dije: no, salgamos que yo voy a tener allá afuera", relató a EL TIEMPO, asegurando que tuvo la lucidez de tomar las riendas en medio de una emergencia.Laura Micolta y su hijo recién nacido. El pequeño llegó al mundo cuando la tierra se embraveció. Foto:Samir RojasEl éxodo hacia el exterior se convirtió en una carrera contra el tiempo y la gravedad. Arrastrando el dolor de las contracciones, Laura logró llegar al parqueadero del centro médico. Terremoto en Colombia. Cali fue una de las ciudades más afectadas. Foto:Samir RojasAllí, en un escenario improvisado sobre el asfalto y encima de una camilla de ambulancia, el milagro de la vida se abrió paso. No hubo salas esterilizadas ni luces de quirófano; el cielo de Cali fue el único techo.Laura Micolta y su recién nacido. El pequeño llegó al mundo cuando la tierra se embraveció. Foto:Samir RojasLa esperanza por la vida entre el pánico a la muerteA su lado, sosteniendo su mano, estuvo su pareja, pero la emergencia unió a todo el hospital en un solo bloque de resistencia. "Los auxiliares de enfermería, los doctores, los médicos, mejor dicho, todo el mundo estaba ahí que era conmigo", evocó Laura con profunda gratitud. Los profesionales de la salud reaccionaron con rapidez milimétrica y lograron evacuar los instrumentos médicos necesarios para la atención.El proceso fue una ráfaga de adrenalina que desafió el terremoto más violento en una década en Colombia."El parto duró unos 20 minutos, no más, o sea que mi hijo nació a las 8:01 a. m.", afirmó. "A las 7:34 empezamos a movernos y a las 8:01 ya había nacido el bebé. Ahí ya estaba pujando", detalló con precisión. En ese lapso, la pericia médica controló la situación en plena intemperie: "Sí, todos lo sacaron a tiempo, lo alcanzaron a sacar y ya ahí eso fue rapidito, lo tuve, me cortaron el cordón umbilical porque pudieron sacar sus instrumentos", comentó.Terremoto en Colombia. Cali fue una de las ciudades más afectadas. Foto:Samir RojasUna vez que el temblor cesó y la calma retornó parcialmente a la infraestructura del hospital, Laura y su recién nacido fueron ingresados nuevamente a la sala de partos para ser vestidos y acomodados en condiciones seguras. En su casa del barrio Manuela Beltrán, afortunadamente, no se registraron daños materiales, dejando el susto concentrado únicamente en los terrenos del centro asistencial.El pequeño fue bautizado como Yeray Quintero Micolta, un nombre que su madre eligió simplemente porque investigando en internet le cautivó el corazón. Hoy, Yeray es un símbolo viviente de esperanza para una ciudad golpeada por el miedo del sismo. Cuando transcurrieron 17 días desde el terremoto, Laura llegó con su pequeño en brazos a la institución educativa Eustaquio Palacios, una de las estructuras más afectadas en Cali. Su bebé se convirtió de inmediato en una luz de esperanza en medio de una tragedia que, con solo recorrer las agrietadas instalaciones del colegio en el sur de la capital del Valle, deja ver también la magnitud del terremoto. En ese escenario de destrucción material, la madre del niño nacido durante el seísmo entregó ese mensaje de fe a las autoridades locales que evaluaban los daños.Al pensar en las familias caleñas que sufrieron pérdidas materiales o la muerte de sus seres queridos en esta tragedia, Laura Camila envió ese mensaje de resiliencia desde su propia experiencia de supervivencia: "Que se entreguen a Dios, que Dios es el único que da la fortaleza".Laura con su pequeño y acompañada por el padre del niño, Jorge Iván Quintero, sonríen orgullosos de que la vida, pese a la tragedia, prevaleció en su hogar. El padre siempre destaca la valentía de su esposa y que su hijo es la razón para seguir adelante “Agradezco a Dios y a los doctores que estuvieron en ese momento con nosotros", dijo el feliz padre. El esposo se acercó por la espalda a Laura y la rodeó con sus brazos, depositando un beso tierno en su frente. Entre ellos, envuelto en esa cobija de algodón azul, descansaba el pequeño Yeray. El bebé, ajeno al caos del mundo exterior y al desplome de los muros del colegio Eustaquio Palacios, respiraba con un compás suave y ajeno al miedo. Había nacido en el epicentro de la fractura, pero su llegada parecía haber venido a unir todo lo que se había roto.CAROLINA BOHÓRQUEZCorresponsal de EL TIEMPOCaliConsulte más noticiasAnuncio del presidente Abelardo De La Espriella. Foto: Sigue toda la información de Colombia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.







