Los hombres y las mujeres tienen formas distintas de habitar el mundo, de sentirlo, de imaginarlo y de proyectarse en él. Se buscan, se miden, se atraen, se gozan, se prometen, se cuidan, se inspiran, se pelean, se juzgan, se extrañan, se traicionan, se necesitan y se aman, pero en la actualidad, es muy probable que nunca lleguen a reproducirse. Para que un hombre y una mujer decidan concebir un hijo deben cumplirse muchas condiciones. Cómo mínimo, deben encontrarse físicamente, comunicarse y despertar deseo en el otro. Eso sólo, hoy, constituye casi un logro. Pero además tienen que sostener un vínculo, posponer placeres y objetivos, suspender la racionalidad, superar dudas, miedos, prejuicios; despejar fantasmas pasados e imaginarfuturos posibles; disponer de una vivienda y de una fuente de ingresos razonablemente estable...entre otras cosas. Comprometerse con un proyecto tan largo, demandante y costoso como formar una familia es hoy una utopía para la mayoría de jóvenes que tiene cada vez más obstáculos y menos motivación para encontrarse. El deseo de unión vibra en ellos, pero choca contra la realidad material de un sistema económico que no puede garantizarles nada y un mundo virtual, el de las redes sociales, que lejos de conectarlos, los distrae y los aleja.