27 de agosto, 2026 - 07h00El agricultor y el ganadero tienen diferencias abismales frente al industrial y al comerciante y poco tienen en común con el burócrata y el profesional urbano. Es que agricultura y ganadería, además de actividades económicas, son formas de vida, modos de vincularse al suelo y entender el país. No son simples empleos que puedan inventariarse en una encuesta. No obedecen solo a la lógica de la ganancia y la competencia; están determinadas por el hecho de que agricultores y ganaderos administran seres vivos y trabajan la tierra, lo que tiene enorme significado cuando se trata de asumir la complejidad de la sociedad más allá de balances, presupuestos y resultados financieros. Y de mirar las connotaciones humanas de la economía.Esta reflexión viene a cuento porque escucho, veo y vivo los dramas de los agricultores y de los productores de leche, esos millones de personas que madrugan cada día, que tienen su predio no solo como activo, sino como patrimonio familiar, como referente moral, como sitio para vivir. En la agricultura y en la ganadería, el lugar de trabajo, es, además, el hogar. Eso significa que si quiebra la actividad, el problema no se reduce a buscar otro empleo; el tema implica liquidación de la casa, migración y, con frecuencia, ruptura de los nexos familiares, despoblación de unos sitios y masificación de otros. Ejemplos dramáticos: Quito, Guayaquil y los cinturones de miseria de las ciudades ecuatorianas donde se concentran campesinos que dejaron sus tierras para “acomodarse” al suburbio y engrosar las multitudes de desocupados, informales y obreros de circunstancia, sin otro destino que la incertidumbre, el desamparo, la inseguridad y la violencia.Quito y Guayaquil, en buena medida, son ciudades de migrantes serranos, excampesinos que llevan a su espalda, y en su memoria, el desarraigo del campo abandonado por la falta de oportunidades, porque “las lógicas del mercado” a veces olvidan las otras dimensiones de la economía. Y porque se ignoran las implicaciones de erróneas políticas públicas.¿Han analizado estos temas quienes tienen que ver con la promoción de la inversión? ¿Han considerado estos asuntos los que hablan de fomentar el empleo? ¿Se ha examinado la función social del agricultor, el ganadero y la empresa agrícola productora de alimentos para el consumo local? Me temo que no. Me temo que lo usual es atenerse a las cifras, y a la balanza comercial, a la libertad abstracta de comercio y a las especulaciones doctrinarias. A los grandes resultados. Me temo que en esta materia prevalecen intereses circunstanciales y políticos, argumentos puramente comerciales y visiones de supermercado y de clase media urbana. No es prudente desatender los problemas que afectan a miles de productores agropecuarios. No es razonable admitir y, menos aún, legitimar políticas que ponen en riesgo la supervivencia de la ganadería y la agricultura. Las autoridades tienen un reto ineludible frente a la incertidumbre que aqueja al sector agropecuario.Ojo con el campo. Ojo con su seguridad, y con su paz. (O)
Fabián Corral B.: El campo, ese olvidado | Columnistas | Opinión
No es prudente desatender los problemas que afectan a miles de productores agropecuarios.











