Michael Schnirch y André Kalish nacieron en Alemania: Michael, en Núremberg, y André, en Berlín. Sin embargo, no fue en su tierra natal donde se conocieron, sino en Buenos Aires. La ciudad los reunió en una juntada de la comunidad alemana para ver un partido de la Eurocopa entre salchichas y cerveza, alemanas, por supuesto. Aquella noche marcó el comienzo de una amistad que, con el tiempo, se transformaría en una sociedad.Ambos habían llegado a la Argentina dejando atrás a sus familias y costumbres para perseguir un amor. Pero, una vez instalados, descubrieron que no solo los había conquistado el amor de pareja. La calidez de los porteños, el trato cotidiano con los vecinos y esa particular “argentinidad” también fueron ganando un lugar en sus corazones. Solo había algo que todavía no encontraban: un lugar donde comer buenas salchichas alemanas.Ante la falta de opciones, decidieron crear ese lugar ellos mismos. Así nació Extrawurst, un espacio dedicado a la gastronomía alemana en pleno corazón porteño. Allí ofrecen 30 variedades de salchichas, además de cerveza tirada y otras especialidades de la cocina germana. La propuesta busca ir más allá de la comida: música alemana, cerveza y sabores tradicionales completan una experiencia que, bocado a bocado, invita a viajar al viejo continente sin salir de Buenos Aires.La historia de ExtrawurstPrevio a su llegada a Argentina hace 15 años, Kai André Kalish supo tener un pequeño restaurante en Berlín que manejaba con un grupo de amigos, por lo que la gastronomía no le era ajena. Vino a estas tierras por amor y está convencido de que ese es el único motor que puede hacer que un extranjero decida afincarse en otro país. “Argentina es un país hermoso. Para mí, el más hermoso del mundo”, dice con pasión y con una tonada que ni siquiera la década que lleva en Buenos Aires puede atenuar. “No hay países sin ovejas negras, no hay países sin problemas. Y en Argentina, por el momento, los problemas no son graves. Me gusta mucho la vida acá, mi trabajo, la gente, los argentinos”, dice André remarcando: “Berlín es mi ciudad, mi sangre; pero Buenos Aires es mi casa”.Entre las cualidades que le gustan al restaurateur y charcutero alemán es que para los argentinos primero está la vida y después el trabajo cuando en su país natal siente que todo es trabajo y más trabajo.Michael Schnirch acaba de cumplir sus primeros 20 años en Argentina. Después de enamorarse de Laura -su actual esposa y madre de su hijo Max- decidió asentarse en suelo argento. Como a André, le encanta la cotidianidad que se maneja en Argentina. “En Augsburg, donde estudié tres años, no conocía ni a la cajera del supermercado. Acá conozco todos, desde los del “chino”, de la fiambrería, de los supermercados… me encanta eso”, dice. Y recuerda que cuando operaron a su hijo todos los vecinos del barrio, cuando lo veían lo paraban para preguntarle por el niño y para ofrecer su ayuda. Situación impensada en territorio alemán.En su juventud coqueteó con la gastronomía ya que se desempeñó en una fábrica de cerveza y también fue camarero.Las vidas de André y Michael se entrelazaron en esta tierra, pero por amor a la suya. Corría el año 2012 y Alemania jugaba un partido en la Eurocopa. André alquiló un bar para poder ver el partido con alemanes deseosos de compartir un momento entre coterráneos. Preparó salchichas y no faltó la cerveza. Entre los alemanes que participaron del ágape se encontraba Michael y forjaron una amistad.Ambos sentían que no había restaurantes auténticamente alemanes, y menos, con buenas salchichas. Para André las que había probado al llegar a Argentina sabían como “empanadas de papel”. Por eso, mientras trabajaban juntos en una empresa de software, adquirieron una picadora de carne y con el sabor en mente -y en el corazón- comenzaron a elaborar 6 estilos diferentes de salchichas que preparaban en la cocina de André. Participaron de ferias y mercados donde llegaron a vender 15 kilos en un solo día. “Ahí conocimos a la gente de la embajada de Alemania y nos invitaron a hacer una degustación de nuestros productos. Les encantaron y nos contrataron un catering para dos mil personas en la celebración de la Fiesta Nacional de Alemania”, recuerda Michael.En ese momento, los socios se dieron cuenta de que la elaboración de salchichas no era un hobby sino un trabajo en sí. André renunció a la empresa donde trabajaba y comenzó a dedicarse full time a la elaboración de salchichas.Las ventas crecieron tanto que en tres años, en 2016, decidieron abrir un local solo de despacho para los clientes fieles y para los restaurantes que no tardaron en elegirlos como proveedores. Aunque la idea era solo vender envasado al vacío, los clientes querían probar las salchichas cocidas por lo que ampliaron la venta.En 2018 abrieron otro local en Retiro, mucho más grande, que transmite la esencia germana desde que se atraviesa la puerta. Luego de la pandemia cerraron el local original.En Retiro los frecuenta la comunidad alemana pero también son habitués miembros de la embajada de Austria, Dinamarca, Suiza y hasta de Japón y sus comunidades. “También vienen muchos argentinos descendientes alemanes o austríacos y también muchos argentinos que simplemente quieren conocer algo nuevo”, cuenta Michael.Cómo es y qué comer en ExtrawurstSin dudas, hay que probar las salchichas alemanas. Ofrecen más de 30 variedades y son una más rica que la otra. Hay que saber que no son las salchichas de Viena que uno espera en pancho. Estas son saborizadas, carnosas, artesanales, bien diferentes. Aparte, no se hierven sino que se cocinan a la plancha o sartén lo que les da una apariencia dorada y crocante. “Yo creo que las salchichas para los alemanes son las empanadas o el choripán de los argentinos. Las comemos hasta en el desayuno. Tenemos tipos de salchichas para todo momento del día. Es una tradición cultural muy grande. ¡Hasta después del boliche buscamos un lugar donde comerlas!”, dice Andé.“En Alemania hay más de mil estilos de salchichas, cada pueblo tiene una: en el este de Alemania son las Thüringer, las Nürnberger son las de mi pueblo, en Munich está la Weißwurst que es la salchicha blanca”, explica Michael. Para los paladares argentinos eligieron algunas y ofrecen salchichas de cerdo, de vaca, de pollo, de cordero, ahumadas, con queso… E incluso, para Pascuas, de salmón. Para poder probar unas cuantas, la mejor opción es optar por las tablas o picadas. La Gute Freunde (para compartir entre 2 a 3 personas) tiene variedad de salchichas parrilleras como las de Berlín y Bavaria. Sale con papas fritas, chucrut, ensalada de papas, ensalada de repollo y pan casero. Incluye un litro de cerveza artesanal y cuesta $ 69.990.Si el grupo es grande se puede optar por la Picada Wurstwunder Deutschland para compartir hasta 10 comensales de buen comer. Es la madre de las picadas e incluye 27 salchichas parrilleras de distintos tipos, carré de cerdo ahumado, papas fritas, ensalada de papas, ensalada de repollo y pan casero. También incluye dos Brezeln (pretzels) y dos litros de cerveza artesanal. $ 189.990. Los platos son abundantes y rendidores. Se puede pedir panchos alemanes desde $ 5.990 o la porción de salchichas al plato con ensalada de papa, chucrut, o diversas guarniciones (desde $ 16.990)Otro ítem a destacar es la cantidad de opciones de goulash ($ 27.990). “Hay de cerdo con paprika, cebolla y salsa de tomate. El de vaca en una salsa de vino tinto con champiñones, también un goulash en una salsa de cerveza negra”, dice con orgullo André y remarca que una vez por mes, en los meses fríos hay una fiesta en honor a este plato: “El domingo 13 de septiembre es la próxima. Hay tres turnos y se pueden pedir 6 variedades de goulash”, remarca.Para beber, la cerveza tirada lidera los pedidos. En estilo alemán hay de trigo rubia y roja y la típica lager de Alemania estilo Pilsner, que es más popular en el norte de Berlín. También, hay IPA, stout y honey (½ pinta $ 4.950, pinta $ 6.950). Imposible no tentarse con los Brezeln, pancitos alemanes, como los pretzels, pero son muy suaves y tiernos ($ 2.990)Strudel de manzana es el postre indiscutido ($ 9.990). Es una receta de la abuela austriaca de Michael. “Me costó imponerlo porque la gente esperaba otra cosa. Pero, hace un par de años, el entonces embajador austríaco me dijo, ´Es el mejor strudel que comí fuera de Viena’, y ahí me quedé tranquilo”, dice Michael. ¿El secreto de su éxito? La masa filo es casera, lleva un relleno de manzanas, pasas de uva y canela y se sirve con helado.Extrawurst: Tres Sargentos 427, CABA. Abre de martes a sábado, de 12 a 00. Instagram: @extrawurst_argentina