La �ltima reina del pop, Yayoi Kusama, que siempre denunci� que el mism�simo Andy Warhol se hab�a apropiado de algunas de sus ideas en la salvaje Nueva York de los a�os 60, ha fallecido a los 97 a�os en un hospital de Tokio. Y lo ha hecho "sin soltar jam�s el pincel", como ha comunicado su estudio japon�s, convenientemente situado delante del hospital psiqui�trico de Seiwa, que nunca abandon� del todo desde que se intern� voluntariamente en los a�os 70. Tanto su alucinante obra -nacida literalmente de alucinaciones: violetas que hablan, lunares que saltan, redes que se meten bajo su piel- como su dura biograf�a la convirtieron en un icono pop. Y con el siglo XXI se volvi� viral: sus calabazas y bolsos Louis Vuitton han inundado de posts Instagram y Facebook. Por todo el mundo las entradas a sus exposiciones se agotan en minutos, incluso en algunas instalaciones ha habido que limitar a un minuto el tiempo que los visitantes pod�an pasar en la sala. ��Que venga Picasso, que venga Matisse, que venga quien sea! Yo les har�a frente con un solo lunar�, escribi�, provocadora, la que se convirti� en la mujer m�s cotizada del mundo del arte, con su ic�nica peluca naranja (o roja, seg�n el capricho). Aunque no le fue f�cil: las alucinaciones la atormentaron desde peque�a, pas� hambre en Nueva York (lleg� a comer repollos de la basura, hervidos), se enfrent� a un Jap�n hiperconservador que, al principio, la rechaz� por sus transgresiones y excentricidades. Nunca ocult� sus trastornos mentales, al contrario, escribi� profusamente sobre sus traumas y tentaciones suicidas en sus m�s de diez libros, entre novelas, poemarios y su autobiograf�a, donde hay frases como "Me siento como si condujese por una carretera interminable, camino de mi muerte" o "Combato el dolor, la ansiedad y el temor a diario, y el �nico m�todo que he descubierto y que me alivia la enfermedad es continuar creando arte".Para saber m�sCon sus esculturas de espejos, sus cuadros de topos, sus redes interminables y sus radicales performances de juventud (hoy podr�an cancelarla o causar�an mayor esc�ndalo), Kusama exorcizaba sus miedos y traumas. En sus escritos, la parte menos conocida de su obra (la mayor�a de sus novelas no se han traducido del japon�s), confesaba su asco irracional a los penes y a los macarrones. Por eso los incorpor� en sus esculturas de forma obsesiva pero en forma de inocuos falos blandos, casi peluches que desactivaban cualquier connotaci�n sexual. Luego vendr�an las performances medio desnuda (o "happenings sociopol�ticos", como ella los llamaba, en plena ola de protestas contra la guerra de Vietnam) y las org�as clandestinas en las que la japonesa se erig�a como una suerte de sacerdotisa que se paseaba entre los bacantes -la mayor�a homosexuales- sin participar en el coito pero pintando sus cuerpos con topos de colores. Es la parte m�s oscura de su biograf�a, que cont� con todo lujo de detalle en su primer libro, Manhattan Suicide Addict (1973). Solo una editorial francesa se atrevi� a traducirlo: hay pasajes de gran crudeza que cuesta digerir. Bajo la coartada de la novela -una ficci�n que encaja milim�tricamente con su biograf�a- Kusama cuenta c�mo se convirti� en una empresaria de �xito, una adelantada al m�rqueting que vend�a drogas (pod�a gastar hasta 10.000 d�lares en coca�na, que repart�a entre su corte de efebos gays) y entradas para sus org�as disfrazadas de happenings sexuales. Con su calculadora japonesa, hac�a las cuentas de una sola noche: 156 entradas a 50 d�lares cada una dan 7.800 d�lares, a los que hay que descontar los gastos art�sticos para los body paintings, 20 d�lares. Es el reverso de la adorable abuelita pop, la imagen que cultiv� en las �ltimas d�cadas: la de misteriosa artista internada en una cl�nica por decisi�n propia (en realidad, pasaba algunas horas en ella), la que casi nunca conced�a entrevistas ni mucho menos acud�a a las inauguraciones de sus exposiciones o cualquier evento art�stico. Detr�s de esa imagen de artista encerrada en su estudio, detr�s de la marca multimillonaria que fich� Louis Vuitton (la maison francesa hasta le dedic� una gigantesca escultura en su sede de Par�s para lanzar una de sus colecciones), laten violentos traumas de infancia: una madre autoritaria (sol�a decirle "ojal� no hubieras nacido"), un asfixiante Jap�n hiperconservador, la bomba at�mica cuando era una adolescente...Obra de Yayoi Kusama en la tienda de Louis Vuitton en los Campos Eliseos de Par�s, en 2023.AP Las violetas que hablanDe muy ni�a, cuando ni siquiera entend�a qu� era el sexo, su madre la obligaba a espiar a su padre, un playboy que ten�a varias amantes y amigas. Cuando la peque�a Yayoi le contaba lo que hab�a visto, la madre descargaba su furia contra ella. Acab� desarrollando una especie de frigidez y aversi�n al sexo. Solo se le conoce una relaci�n de pareja significativa con el artista Joseph Cornell, al que conoci� cuando se instal� en Nueva York y que le sacaba 26 a�os de edad. Una relaci�n que Kusama describ�a como "apasionada y rom�ntica, pero plat�nica". Ambos detestaban el sexo (�l era impotente).Tambi�n de ni�a experiment� algunas de sus alucinaciones m�s dolorosas, incluso lleg� a perder audici�n cuando jugaba en los prados de Matsumoto, un valle rodeado de monta�as, en la prefectura de Nagano. All� fue donde o�a a las violetas hablar y ve�a un rostro en las flores, como si fueran personitas que, de golpe, saltaban sobre la ni�a y corr�an por su cuerrpo,entrando en su piel. Y la alucinaci�n se convert�a en pesadilla. Como le suceder�a en Nueva York a�os despu�s: se lanz� por la ventana de su apartamento en Greenwich Village cuando las redes que hab�a pintado cobraron vida, saltaron sobre ella y penetraron en su piel. Acab� en el hospital. Por eso Kusama entend�a su obra como "un arte que lucha en la frontera entre la vida y la muerte, que cuestiona lo que somos y lo que significa vivir y morir". O tambi�n: "La pintura era una fiebre producto de la desesperaci�n, el �nico modo que me quedaba de continuar viviendo en este mundo". La sensaci�n de v�rtigo y desconcierto que producen algunas de sus grandes instalaciones -como Infinity Mirrors, que la Tate Modern de Londres prorrog� m�s de un a�o por su enorme �xito- es la que Kusama experimentaba en sus trances alucinatorios. Pero hubo que esperar a los 2000 para que se convirtiera en un fen�meno global. El hacha, la hoguera y el "infierno" en Nueva YorkAntes de abandonar un herm�tico Jap�n, un Kusama de 27 a�os realiz� su particular hoguera redentora. Cogi� un hacha, destroz� cientos de sus obras -algunos cuadros med�an m�s de metro y medio- y les prendi� fuego en una hoguera detr�s de su casa. �Las quem� todas sin el menor remordimiento. Eso s�, al ver por cu�nto se venden ahora mis primeras obras, hice que cientos de millones de yenes se esfumaran en una columna de humo�, confiesa en su autobiograf�a, La red infinita.En 1957, cogi� un vuelo a Nueva York con unos pocos miles de d�lares cosidos en su vestido y 60 kimonos de seda. Apenas sab�a unas palabras de ingl�s. �Un infierno en la tierra�, as� recordar�a sus primeros a�os en la Gran Manzana. Pas� hambre, recogi� cabezas de pescado y hojas de repollo de la calle para hacerse una sopa y pint� compulsivamente sus interminables redes. Pero tambi�n se abri� paso en el underground, code�ndose con Warhol, Yoko Ono o la Velvet Underground. Pero a�n fue m�s lejos que todos ellos mezclando arte, sexo, pol�tica, drogas, provocaci�n. A.W., como se refiere a Warhol en muchos de sus escritos, parece un c�ndido personaje de Disney a su lado. Jap�n, del rechazo al estrellatoEn 1966 tocaba Bienal de Venecia. Y aunque no la hab�an invitado, Kusama se plant� en los Giardini y los llen� con 1.500 bolas de espejo: lo titul� Narcissus Garden y vend�a las esferas a dos d�lares. Fue expulsada y la prensa japonesa la destrip� calific�ndola de "verg�enza" nacional. En Manhattan Suicide Addict, escrita unos a�os despu�s, Kusama se despachaba as� de su pa�s: �Est�n enfermos de complejos. Me doy cuenta de que tienen un nivel inferior. Es peor que estar cubierta de restos de la masturbaci�n de Buda o de Cristo�.Tendr�a que esperar a 1993 para ser escogida oficialmente como la representante de Jap�n en la Bienal. Present� su Mirror Room (Pumpkin) una habitaci�n de espejos con calabazas de lunares que se multiplicaban al infinito. Desde entonces, Jap�n la adora: sus esculturas p�blicas se han multiplicado por todo el pa�s, ha recibido todos los premios posibles, ha tomado el t� con los emperadores en el palacio imperial y ella misma le regal� al entonces primer ministro Shinzo Abe un juego de t� marca Kusama.En 2017, en el barrio de Shinjuku, abri� el Yayoi Kusama Museum, su museo monogr�fico impulsado por ella misma y gestionado por la Yayoi Kusama Foundation. Solo organiza dos exposiciones al a�o y este 30 de agosto termina KUSAMA's POP. Con sus lunares, calabazas y libros, ella misma se ha convertido en una obra de arte infinita.
Muere la artista japonesa Yayoi Kusama, la �ltima reina del pop, a los 97 a�os
La �ltima reina del pop, Yayoi Kusama, que siempre denunci� que el mism�simo Andy Warhol se hab�a apropiado de algunas de sus ideas en la salvaje Nueva York de los a�os 60, ha...











