Tierra de crimen (Rietland, Países Bajos, Bélgica/2025). Dirección y guion: Sven Bresser. Fotografía: Sam du Pon. Edición: Lot Rossmark. Elenco: Gerrit Knobbe, Loïs Reinders, Mirthe Labree, Rolinka Stoter, Dirk Braad y Vincent Linthorst. Duración: 112 minutos. Calificación: R-17 (Restringida). Nuestra opinión: buena.Ya desde su primer plano, Tierra de crimen plantea una amenaza. Algo inquietante se desprende de esa imagen de un carrizal agitado por el viento: los tallos crujen, se doblan y vuelven a levantarse. El fuego y el agua completan un paisaje de una belleza extraña que Sven Bresser filma de una manera particular para instalar un clima. Y lo logra.Ese espacio natural de la región neerlandesa de Weerribben-Wieden es muy importante en esta ópera prima que arranca como drama rural, adopta después las formas de un policial y acaba desplazándose hacia el misterio psicológico con algún tinte fantástico. Presentado mundialmente en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes de 2025, Tierra de crimen fue el primer largometraje dirigido por un neerlandés que llegó a esa sección desde La novia polaca, en 1998. Después continuó su recorrido por festivales como Sarajevo, Nueva Zelanda, Busan y Chicago. Países Bajos la eligió como su representante para competir por el Oscar a mejor película internacional, aunque finalmente no consiguió ingresar en la lista de quince preseleccionadas. Johan (Gerrit Knobbe) es un hombre de campo con una vida rutinaria: corta, recoge, quema, navega… Hasta que encuentra entre los juncos el cuerpo de una joven asesinada. El foco de la historia no es estrictamente el descubrimiento de la identidad del victimario, sino qué ha despertado ese crimen en Johan. La policía sigue sus propias pistas, mientras el protagonista comienza una pesquisa personal, alarmado por el peligro que puede representar un criminal merodeando el lugar donde vive su nieta adolescente.Tierra de crimen fue presentado en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes de 2025Zeta FilmsLa elección de Knobbe es una de las grandes apuestas de la película. Sin experiencia actoral previa, el protagonista es un verdadero cortador de juncos de la región donde se desarrolló el rodaje y consigue con una gestualidad mínima transmitir una ambigüedad que transforma a su personaje en un enigma: puede parecer un abuelo protector, un hombre asustado por la irrupción inesperada de la violencia en un contexto normalmente sereno y por momentos alguien de quien también convendría desconfiar.Tierra de crimen juega todo el tiempo con esa incertidumbre. El asesinato pone en circulación sospechas, prejuicios y una xenofobia apenas disimulada que comienza a aflorar entre los habitantes de la zona. Y el paisaje tiene también un rol clave. La notable fotografía de Sam du Pon convierte el carrizal en un laberinto, y el diseño sonoro amplifica el viento, los motores, el fuego y los ruidos de la naturaleza hasta volverlos perturbadores. Lo cotidiano se va contaminando gradualmente: aparece una misteriosa sustancia negra y el relato siembra con astucia la sospecha de que algunas imágenes pueden pertenecer tanto a la realidad como a la percepción alterada de Johan.En el film neerlandés, el crimen es un detonante y no el centro del relatoZeta FilmsEn más de un pasaje Tierra de crimen recuerda a La humanidad, el polémico film del francés Bruno Dumont, ambientado igualmente en un contexto rural en el que conviven lo banal y lo monstruoso. Bresser también se nutre de algunos códigos del cine negro y el folk horror, pero es justamente esa ambición por tocar demasiadas cuerdas la que termina por debilitar la película. En aras de generar una atmósfera enrarecida abre demasiadas puertas, y algunas no conducen a ninguna parte. Los silencios pueden prolongarse hasta rozar la afectación, y el último tramo de la historia acumula misterios que deliberadamente quedarán sin respuesta. La estrategia del director debutante funcionará mejor para quien acepte que el crimen es apenas el detonante y no el centro de la película.Estrenos de CineCríticasPaíses Bajos