Con el protocolo reservado a los actos de más alto rango militar colombiano, Abelardo de la Espriella vio este miércoles 26 de agosto a sus generales jurar en el cargo. La escena, con un presidente que ha hecho propios los símbolos castristas, cerró un capítulo que empezó una semana atrás, cuando el mandatario anunció desde ese mismo lugar en Barranquilla quiénes conducirían las Fuerzas Militares en el inicio de su Gobierno. Con el acto de hoy, quedó sellada la salida de al menos 25 generales y almirantes de la era de Gustavo Petro y la llegada de una cúpula hecha, oficial por oficial, a la medida del nuevo mandatario. El nombre que más pesa en esa nueva cúpula es el del general Erik Rodríguez Aparicio, nuevo comandante general de las Fuerzas Militares, el cargo más alto de toda la jerarquía. Su llegada tiene una carga política y simbólica, pues apenas en junio pasado había pasado al retiro en medio de una pequeña polémica. Rodríguez dio unas declaraciones sobre las presuntas presiones de grupos armados en las elecciones presidenciales, y algunos ataron los dos hechos, mientras el Ministerio de Defensa argumentó que tomó la decisión por una investigación en su contra en un caso por corrupción. Su ruidosa salida se dio cuando el entonces candidato opositor De la Espriella prometía reintegrar a militares retirados por el Gobierno de Gustavo Petro, argumentando que se trataba de decisiones políticas erradas. Era parte de su política para reivindicar las Fuerzas Militares. El ahora presidente cumplió: el hombre que salió por la puerta de atrás durante una administración de izquierda regresa por la puerta grande.La reorganización de la cúpula militar, con ascensos y regresos, ha implicado la salida de 26 generales y almirantes, 12 de ellos del Ejército Nacional. Como ocurre cuando hay ascensos, deben salir los oficiales de mayor antigüedad, pues en la lógica militar colombiana es deshonroso tener un comandante con menos años en la carrera. Entre las bajas más sonadas está la del general Walter Giraldo, quien pidió su salida la semana pasada, tras el anuncio de la nueva cúpula. El vacío que dejan los 26 altos oficiales fue llenado con un equipo que combina caras nuevas con nombres que ya habían pasado por la cúpula: el general Carlos Carrasquilla Gómez es el nuevo jefe del Estado Mayor Conjunto; el general José Bertulfo Soto Sánchez comanda el Ejército, con el general Rodolfo Morales Franco como su segundo; el vicealmirante Javier Alfonso Jaimes Pinilla asume la dirección de la Armada Nacional; y el general Juan Jaime Martínez Ossa queda al mando de la Fuerza Aeroespacial Colombiana, rebautizada Fuerza Aérea.Aunque el regreso de Rodríguez impacta la lógica militar de la antigüedad, hay antecedentes, pues es frecuente que los jefes de Estado prioricen personas de su confianza o de su cercanía para los más altos cargos. El general retirado de la FAC Guillermo León, presidente de la Asociación Colombiana de Oficiales Retirados (Acore), comenta que, si bien la decisión es política, sí afecta la jerarquía y la confianza de los militares, pues puede enviar un mensaje equivocado a los oficiales activos. “Es como decirles que no se confía en ellos, que no se cree que tengan las competencias para dirigir la institución y por eso se reintegran a los retirados. Eso genera una desmotivación porque pierden las expectativas de crecimiento”, señala quien fue comandante de la FAC. También menciona la ya constante politización de las Fuerzas Militares, que no inicia en un Gobierno que ha reivindicado lo militar para llevarlo a espacios civiles, pero que ha tenido manifestaciones distintas en otros momentos. León critica esa tendencia: “se rompen los procesos internos y se induce a que los oficiales piensen que hay que acercarse más a la política para tener opción de ascender”, dice. El problema, además, es de escala. En campaña, De la Espriella habló de revisar “caso por caso” más de 50 reitors debidos a supuestas “razones ideológicas”. “Los reintegros sin duda también son ideológicos”, repite León. Hugo Acero, sociólogo experto en la materia y exsecretario de Seguridad de Bogotá, ha explicado que los reintegros y los movimientos militares ordenados por la Presidencia comenzaron con Álvaro Uribe Vélez. “Bajo ese Gobierno, en 2002, se nombró en la dirección de la Policía al general retirado Teodoro Campo Gómez”. Luego, Gustavo Petro tomó decisiones similares, designando a oficiales retirados en su cúpula. La tendencia, que mantiene De la Espriella, en su opinión afecta las carreras policial y militar. “Hoy, para ascender, no es necesario esforzarse, ser un buen policía y militar y tener buenos resultados. Solo se requiere un padrino político”, cuestiona.
De la Espriella posesiona una nueva cúpula militar que llevó a la salida de 26 generales
El presidente colombiano posesionó su nueva cúpula militar y devolvió al servicio activo al general Erick Rodríguez Aparicio, retirado meses atrás por el Gobierno de Petro










