CONTENIDO publicitarioHay una forma de entender la transformación de Barranquilla que no empieza en sus edificios, sino en lo que ocurrió antes de que estos llegaran. Foto: Grupo Argos26.08.2026 16:56 Actualizado: 26.08.2026 16:56
Buena parte del norte de la ciudad y de su expansión hacia Puerto Colombia se levantó sobre terrenos que durante décadas tuvieron vocación industrial y minera. Donde antes hubo canteras, hoy existen barrios, parques, ecosistemas urbanos, colegios, comercio, infraestructura de servicios y una red vial que conecta a miles de familias. Esa transición es el resultado de décadas de planeación urbana y de una articulación entre inversión privada, participación comunitaria y articulación institucional que ha permitido transformar suelo e integrarlo de manera ordenada y exitosa a la ciudad.La historia se remonta a los terrenos de Cementos del Caribe y a la decisión de darles una nueva vocación a medida que Barranquilla crecía hacia el norte. En 1974 se creó Urbanizadora Villa Santos, Urvisa, para planear y habilitar esos suelos; posteriormente la actividad evolucionó hacia Situm y, desde 2017, se integró como el Negocio de Desarrollo Urbano de Grupo Argos. El principio se ha mantenido: antes de construir edificios hay que construir ciudad, es decir, habilitar tierra con redes de servicios, vías, espacio público, zonas verdes y equipamientos para que luego diferentes constructores desarrollen los proyectos de vivienda, comercio, salud, educación, recreación y otros usos complementarios. Ese modelo está detrás de una parte relevante del paisaje urbano que hoy los barranquilleros consideran cotidiano. Villa Santos, La Castellana, Buenavista, Villa Carolina y Miramar son algunos de los sectores que surgieron sobre terrenos que anteriormente tuvieron usos industriales o mineros y que luego fueron incorporados a la ciudad. Más recientemente, Ciudad Mallorquín ha llevado esa experiencia hacia Puerto Colombia. En conjunto, la experiencia de desarrollo urbano comprende más de 1.000 hectáreas y más de 200 hectáreas de espacio público, demostrando que el desarrollo del suelo puede integrar vivienda, infraestructura verde, movilidad, servicios y equipamientos de manera armónica y generando prosperidad para los barranquilleros. La escala económica de esa transformación también es significativa. Solo en los últimos cinco años, los desarrollos asociados al banco de tierras en esta zona han atraído más de COP 4 billones en inversiones para el área metropolitana de Barranquilla, y para los próximos cinco años se proyectan inversiones adicionales superiores a COP 3 billones. Es decir, en una ventana de diez años el efecto movilizador de estos desarrollos supera los COP 7 billones, con lo que esto significa en ingresos a perpetuidad en impuesto predial para los municipios, en la generación de empleo formal, infraestructura urbana, crecimiento del comercio y la actividad económica que empieza a generarse cuando un terreno pasa de ser un activo aislado a integrarse efectivamente con la ciudad. Las vías permiten entender mejor esa lógica. En 2019 entró en funcionamiento la prolongación de la Carrera 65, conocida como Vía al Lago, una doble calzada de 1,8 kilómetros que conecta la Calle 96 con la Avenida Circunvalar. Grupo Argos invirtió más de COP 16.000 millones en una infraestructura que incorporó andenes amplios, ciclorruta, iluminación LED, arborización y dos glorietas. Más que acompañar un desarrollo inmobiliario ya consolidado, la vía fue construida anticipándose al crecimiento del sector: primero se generó conectividad y después se habilitó el territorio para recibir nuevos usos y habitantes. Esa intervención se complementó en Villa Carolina con 2,4 kilómetros adicionales de vías, más de 7.100 metros cuadrados de andenes, 12.500 metros cuadrados de parques y cerca de 370 metros de ciclorrutas. La inversión superó los COP 9.000 millones y permitió conectar mejor este barrio con la Carrera 65 y con el resto del norte de Barranquilla. Una parte sustancial del valor del desarrollo urbano está en la infraestructura que termina siendo pública y que sirve tanto a los nuevos proyectos como a comunidades que ya existían. La misma filosofía estuvo detrás del circuito vial desarrollado junto con Tecnoglass y la Alcaldía de Barranquilla entre la Carrera 75A, la Calle 98 y la Vía 40. Entregado en febrero de 2025, el proyecto representó una inversión conjunta de COP 15.000 millones y creó una nueva alternativa de conexión para una zona en la que convergen actividades industriales, comerciales y residenciales. Ciudad Mallorquín representa hoy la evolución más visible de ese modelo. El barrio crece sobre un terreno de cerca de 80 hectáreas que había pertenecido durante más de cuatro décadas a Cementos del Caribe y que originalmente fue adquirido con fines de extracción de caliza. Allí se edifican 16.000 viviendas junto con parques, equipamientos y una infraestructura vial diseñada como parte integral del barrio. Este año se habilitó del 100% de su malla vial, con 14 accesos y salidas, dos retornos sobre la Carrera 53 y nuevas obras de señalización y organización del tránsito. La transformación del norte de Barranquilla permite, por tanto, contar una historia que va mucho más allá de la urbanización de unos predios. Es la historia de cómo antiguas canteras pudieron convertirse en barrios; de cómo la inversión en vías abrió nuevas conexiones antes de que llegaran los edificios; y de cómo el capital de empresas, constructores y familias terminó multiplicando el impacto de la habilitación inicial del suelo. La Carrera 65, la conexión de Villa Carolina, el circuito desarrollado entre Grupo Argos y Tecnoglass y la malla vial de Ciudad Mallorquín son capítulos de una misma visión: hacer que el crecimiento de Barranquilla ocurra con planificación, espacio público, movilidad y colaboración entre lo público y lo privado. Sigue toda la información de Más Contenido en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.






