Dolly Parton habla con niños en el lanzamiento de su proyecto de libro "Imagination Library" en el Magna Centre de Sheffield, en el norte de Inglaterra, el 5 de diciembre de 2007 (REUTERS/Nigel Roddis)Cada mes salen de las imprentas de Penguin Random House alrededor de tres millones de libros infantiles con una etiqueta postal pegada en la contratapa. En la etiqueta figura el nombre de un chico. No el de la madre, no el de la casa: el del chico. Dolly Parton insistió siempre en ese detalle y lo explicó en febrero de 2018, en Washington, cuando le entregó a la bibliotecaria del Congreso Carla Hayden el ejemplar número cien millones del programa. Para ellos, dijo, es personal. La decisión de fondo de la Imagination Library no fue regalar libros. Fue mandarlos a un domicilio, con destinatario propio, a alguien que todavía no sabe leer.Dolly Parton murió el martes en Nashville, a los 80 años. Su publicista, Marcel Pariseau, habló de una batalla breve contra un cáncer; su sobrino Bryan Seaver, que era además su jefe de seguridad, anunció la muerte en un video grabado. El funeral será privado. La familia pidió donaciones a la Imagination Library en lugar de flores, de modo que el obituario y el programa pasaron a ser el mismo documento.PUBLICIDADEl programa empezó en 1995 en el condado de Sevier, Tennessee, donde ella nació, cuarta de doce hermanos. La versión del origen es que su padre, Robert Lee Parton, no sabía leer ni escribir, y que ella quiso arreglar por adelantado lo que a él lo había limitado toda la vida. Los chicos del condado empezaron a llamarla «la señora de los libros», y ella cultivó el apodo con más entusiasmo que casi cualquier otro. En agosto de 2022, en Columbus, dijo delante del gobernador de Ohio que cuando la enterraran iba a estar pensando en la Imagination Library. Pero cómo funciona. No es una fundación que compra libros y los reparte. Dollywood Foundation, la entidad sin fines de lucro que Parton creó, tiene un contrato exclusivo con Penguin Random House: la editorial imprime los títulos cada mes exclusivamente para el programa y los personaliza con el logo y con recomendaciones de lectura para los adultos. Un comité de selección de expertos en primera infancia, bibliotecarios y autores se reúne una vez al año, revisa cientos de títulos del catálogo de la editorial y rota cerca de un cuarto de la lista de cada franja etaria. Todos los chicos del mundo inscriptos en el programa reciben el mismo primer libro, The Little Engine That Could, y el mismo último, a los cinco años, Look Out Kindergarten, Here I Come! PUBLICIDADDolly Parton no paga los libros. La fundación negocia el precio mayorista y sostiene la infraestructura de despacho; el dinero lo pone un socio local, que puede ser una filial de United Way, una biblioteca de condado, una empresa o, cada vez más, un estado. Lo que ella aportó fue escala, un precio y un nombre que hacía que las partidas se aprobaran. Es una cooperativa de compra con garantía de celebridad y por eso ahora se vuelve frágil.Dolly Parton en el lanzamiento del proyecto Imagination Library, 2007 (REUTERS/Nigel Roddis)Las cifras hay que tomarlas por lo que son. Una hoja de datos difundida por el programa en junio habla de más de trescientos millones de libros entregados en Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido, Australia e Irlanda, y de uno de cada seis chicos estadounidenses menores de cinco años inscriptos. El obituario que difundió la familia dice uno de cada siete.PUBLICIDADLa inscripción es voluntaria. El adulto que completa un formulario para que le manden un libro por mes a su hijo de ocho meses ya es, por definición, un adulto dispuesto a leerle. Emparejar por ingreso, por educación materna, por código postal, no resuelve eso, porque la variable que importa es la única que no se puede auditar. En abril de este año, un ensayo publicado por escuelas en PNAS planteó que pese al alcance enorme de los programas de donación de libros —el texto menciona a la Imagination Library por nombre—, no existía evidencia experimental sobre su efecto en el rendimiento escolar. Ese ensayo, con treinta escuelas de tratamiento y treinta de control seguidas entre 2018 y 2023, con unos siete libros por chico por año, encontró que el acceso acumulado sí mejora los resultados de lectura, y que los mayores beneficios se concentran en los chicos que recibieron libros en todas las rondas. El sitio de la fundación afirma que el mayor estudio del mundo sobre lectura compartida, hecho en cinco países, «reafirma» un impacto positivo significativo.En febrero de 2025 la legislatura de Indiana propuso eliminar del presupuesto estatal la línea de cuatro millones de dólares destinada al programa, dentro de un presupuesto de más de 51 mil millones. Jeff Conyers, presidente del Dollywood Foundation, salió a pedir públicamente la restitución con una frase que resume toda la doctrina de la casa: la Imagination Library nos une a todos, sin importar la política. El gobernador Mike Braun prometió que el programa no iba a desaparecer, pero no lo reincorporó al presupuesto. La solución fue que su esposa organizara eventos de recaudación privada; a abril de 2026, según relevó Book Riot, esa recaudación no había alcanzado las metas anunciadas. En Kentucky, este año, se propuso reducir el aporte estatal de un dólar por cada dólar local a un tercio, lo que según los propios operadores habría cerrado cerca del 80% de los programas de condado en un año, con 138.000 chicos inscriptos; hubo pelea larga y el aporte se restituyó. En Washington no: el estado eliminó su contribución en el presupuesto siguiente, cuatro años después de haberla creado por ley. En California, el intento de financiamiento estatal se ejecutó mal, según reveló CalMatters en abril. En Alabama y Pensilvania los proyectos quedaron trabados en el Senado. El registro más completo de esta serie lo lleva Kelly Jensen en Book Riot, que la publica dentro de su columna sobre censura, y con razón: los recortes llegan junto con las leyes de retiro de libros escolares, no por separado.PUBLICIDADEn marzo de 2022, el senador estatal de Kentucky Stephen Meredith preguntó, durante el tratamiento del convenio con el programa, si no convendría agregar al texto una garantía de que los libros fueran «apropiados en cuanto al tema», además de apropiados para la edad. Aclaró que no era un ataque a Dolly Parton. La que salió a contestarle fue su hermana Stella, en Twitter, con una virulencia que ocupó una semana de ciclo noticioso; la cláusula no se agregó. La cantante no dijo nada. Nunca decía nada. Cuando la criticaron en 2023 por grabar con Kid Rock, respondió que ella no condena ni critica a nadie, y esa es, literalmente, la política editorial de su vida pública.La estatuia a Dolly Parton en el centro de Sevierville, Tennessee, Estados Unidos (REUTERS/Megan Varner)El precio de poner un libro por mes en cada condado de Tennessee, de Kentucky, de Texas y de Washington al mismo tiempo es no ser parte del combate sobre qué dice el libro. La prudencia del comité de selección forma parte del mismo trato. Quien crea que Dolly Parton podía haber usado su enorme capital político a favor de las bibliotecas públicas sin poner en riesgo la distribución probablemente subestime cuán rápido se rompe una coalición en Estados Unidos hoy. Pero la cuenta la pagó alguien, y no fue ella. La pagó, por ejemplo, la directora de la biblioteca del condado de Rutherford, Tennessee, despedida este año por negarse a reubicar 130 libros infantiles y juveniles que el consejo de la biblioteca consideraba inconvenientes. En su propio estado, y sin ninguna aliada célebre.PUBLICIDADTrescientos millones de ejemplares es la cifra de imprenta, no de lectura. Nadie sabe cuántos de esos libros se leyeron en voz alta, cuántos quedaron en una caja, cuántos terminaron donados a un refugio por familias que ya tenían el título repetido de un hermano mayor. Lo que ella sí sabía es que un chico de tres años que recibe un sobre con su nombre aprende algo antes de abrirlo: que existe un objeto en el mundo dirigido a él.El mes que viene los sobres van a salir igual. La pregunta es quién los paga en 2027, en Indianápolis, en Olympia y en Frankfurt, ahora que el argumento ya no puede ser que son los libros de Dolly, la señora de los libros.PUBLICIDAD
La señora de los libros: cómo Dolly Parton construyó el programa de lectura infantil más grande del mundo
Una fundación creada por la cantante envía un libro por mes, con el nombre del niño en el sobre, a familias de bajos recursos en Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido, Australia e Irlanda











