Sliman Mansour siempre tuvo claro que Jesús vivió en la actual Palestina. El padre del arte contemporáneo palestino falleció el pasado lunes en Jerusalén a los 79 años tras una larga enfermedad, según confirmó su familia. Había nacido en el pueblo cristiano de Birzeit, cerca de Ramala, en 1947 –meses antes de la nakba, el éxodo palestino de 1948–, y su funeral se ha celebrado en la iglesia anglicana de su localidad natal, donde fue enterrado.Durante más de seis décadas, sus lienzos construyeron una iconografía de campesinos palestinos aferrados a su tierra, del bordado del thobe tradicional o de su raíz cristiana a través de un Jesús portando una kefia. Formado en la Academia Bezalel de Jerusalén, una de las facultades más progresistas de Israel, de donde regresó en 1970, Mansour desarrolló un estilo realista que se alejaba deliberadamente del expresionismo abstracto que se enseñaba y se acercó a la memoria de su pueblo. Quería pintar la vida cotidiana de quienes, como él, permanecían arraigados a la tierra palestina.La otra 'Ritos bajo la ocupación'Sliman MansourEse arraigo se convirtió en su gran tema, y también en su gran herramienta política. Durante la primera intifada, junto a otros artistas como Vera Tamari, Tayseer Barakat y Nabil Anani, fundó el colectivo New Vision, que decidió boicotear los materiales artísticos de fabricación israelí y recurrir en su lugar a barro, paja, cuero, henna y tintes naturales extraídos del propio territorio. Su iconografía se convirtió en el símbolo más representativo de resistencia de la revuelta de las piedras, cuyas láminas se pueden ver en ciudades como Jerusalén Este o Ramala.Mansour era cristiano y la simbología de Jesús reaparece en su obra como metáfora del sufrimiento colectivoEl barro, en concreto, tenía para él un significado casi personal. De niño ayudaba a su abuela a construir colmenas y hornos con esa tierra, y con el tiempo comprendió que también servía para representar el destino humano, con sus grietas, su fragilidad, su amenaza constante de desaparición.Esa búsqueda de un lenguaje visual propio bebía de fuentes muy diversas, como las civilizaciones antiguas de la región –cananea, egipcia, asiria–, la caligrafía y la geometría del arte islámico y la cultura popular. Ritos bajo la ocupación (1989) condensa la doble raíz –palestina y cristiana– de su imaginario, donde se ve como una multitud transporta el féretro de un palestino envuelto en la bandera nacional en forma de cruz. Mansour era cristiano, como una parte minoritaria pero históricamente arraigada de la sociedad palestina, y la simbología de Jesús reaparece en su obra como metáfora del sufrimiento colectivo y, a la vez, de la promesa de resurrección. El sacrificio, la persecución y la esperanza de un renacer se entrelazan en sus lienzos con los símbolos más terrenales de la causa, como el olivo, la llave del retorno o el pañuelo bordado.El ataúd de Mansour, entrando en la iglesia episcopal de Sant Pedro, anglicana, de su localidad natal, RamalaZAIN JAAFAR / AFPLo sagrado y lo cotidiano en su pintura trascendieron el ámbito artístico para convertirse en un vehículo de resistencia cultural. “Cualquier cosa que sea palestina, incluso estar aquí, respirar y pensar, es un asunto sensible para los israelíes, porque construyeron su relato en torno a la negación de nuestra existencia”, explicó en 2023 a la publicación Hyperallergic. “Nuestro trabajo, no solo como pintores sino como intelectuales –en la cultura, en todo–, es expresar que estamos aquí”. En 2021 en Al Jazeera, Mansour consideró el arte como “una forma de decir que estamos aquí” cuando no se tiene patria y el propio derecho a existir es negado.Durante seis décadas, sus lienzos crearon una iconografía de campesinos palestinos aferrados a su tierraEncarcelado, golpeado y amenazado por las autoridades israelíes a lo largo de su carrera, Mansour nunca abandonó Cisjordania. Desde su estudio en Ramala fue testigo y cronista de la vida palestina antes de la ocupación y de la devastación que trajo después. Más allá de su propia obra, contribuyó a levantar buena parte de la infraestructura cultural palestina. Presidió la Liga de Artistas Palestinos entre 1986 y 1990, cofundó en 1994 el Centro de Arte Al-Wasiti en Jerusalén Este –pensado como puente entre los artistas del interior y los del exilio– y formó parte del consejo fundador de la Academia Internacional de Arte de Palestina, creada en 2004.“Al mundo le deja una vida llena de belleza, memoria y un legado que seguirá vivo en todos a quienes tocó”, reza el anuncio de su muerte difundido en redes sociales por la familia. “Pero para nosotros, hemos perdido a un padre, nuestra fuente de amor, fuerza y hogar”, concluyen. Con Mansour desaparece uno de los últimos testigos directos de la nakba capaz de seguir contándola en imágenes y, con él, una generación entera de artistas que convirtió el lienzo en territorio de resistencia.Colaboradora de La Vanguardia en Oriente Medio. Anteriormente, pasó por la delegación de El Cairo de la Agencia EFE y el Parlamento Europeo
Fallece el pintor Sliman Mansour, padre del arte contemporáneo palestino
La obra del artista se erigió en la primera intifada como un símbolo de su pueblo










