La economista Carolina Soto Losada aceptó presidir uno de los principales gremios de Colombia, el de los constructores de infraestructura, la tarde de este martes. Mientras el sector se empezaba a acomodar a la noticia, ella misma echó marcha atrás. “Ante la oposición que generó mi nombramiento como presidenta ejecutiva de la Cámara Colombiana de la Infraestructura, he decidido declinar el ofrecimiento”, señaló en una carta a la junta directiva de la llamada CCI, una misiva que ella misma hizo pública la mañana del miércoles. No fue un cambio de opinión, fue una forma en la que la antigua viceministra de Hacienda evitaba a la junta directiva tomar una decisión difícil, mantenerla y chocar con el Gobierno o “desnombrarla” y perder autonomía. Así lo indicó: la misma Soto en el cierre de su misiva: “Quiero llamar la atención sobre la importancia de la independencia de las decisiones del sector privado y del respeto del gobierno a las mismas”. La secuencia es corta, pero dice más del Gobierno de Abelardo de la Espriella que cualquier discurso. El 25, los 12 miembros de la junta directiva de la CCI la escogieron para reemplazar a María Consuelo Araújo, nombrada por De la Espreilla embajadora en Washington tras apenas un semestre en cabeza del gremio. La decisión parecía de trámite. La CCI hizo un proceso con una empresa cazatalentos hace varios meses para elegir el reemplazo de su presidente por más de una década, Juan Martín Caicedo. Araújo ocupó el primer lugar, Soto el segundo. La economista aceptó públicamente la designación y la agradeció. Pero pocas horas después, la vocera designada del Gobierno, Carolina Gómez, cuestionó la elección en X —mensajes que luego borró—, calificándola de “afrenta” sin explicar por qué. Incluso advirtió que ningún funcionario del Ejecutivo se reuniría con la nueva presidenta, ni siquiera la ministra del ramo. Aunque luego moderó su lenguaje en un segundo trino, en el que elogiaba la hoja de vida de Soto, la secuencia ya estaba en marcha. Según una fuente conocedora, también manifestó su molestia la ministra de Transporte, Elsa Noguera. La junta volvió a reunirse esa misma noche. Según el medio especializado Valora Analitik, la decisión inicial había sido dividida, por una votación de 8 a 4. De fondo está la realidad de que buena parte del negocio de los afiliados a la CCI está en manejar contratos públicos, especialmente de concesión vial, portuaria o aeroportuaria, y cualquier roce con el Ejecutivo puede ser negativo. Más cuando vienen de una relación distante con el de Gustavo Petro y la expectativa es vivir un boom con el de Abelardo de la Espriella.La CCI confirmó que Soto no será su cabeza. En la misma mañana, un comunicado de la junta informó que la bogotana “decidió declinar su designación como presidenta ejecutiva”, le agradeció su “disposición” y el “tiempo y la atención que dedicó durante el proceso de selección”, reconoció su “trayectoria y experiencia” y remató, dos veces en cuatro párrafos, que la CCI “continuará desarrollando con plena normalidad su agenda institucional y gremial”. No dijo una palabra sobre por qué una decisión de su propia junta no sobrevivió ni 24 horas.El motivo de fondo no es un secreto que nadie se haya tomado el trabajo de disimular, aunque nadie lo haya mencionado explícitamente: Soto está casada con Alejandro Gaviria, ministro de Educación a inicios del gobierno de Gustavo Petro. Pese a que el exministro se ha convertido en un fuerte crítico del presidente de izquierdas desde hace ya más de tres años, a que Soto tiene una sólida trayectoria propia y a que incluso sonó para la cartera de Hacienda del nuevo Gobierno, algunos en el equipo de De La Espriella rechazaron la designación, como dejó claro la vocera Gómez. A esa lectura política se sumó una fractura empresarial: según Semana, los delegados de compañías como Sacyr y Grupo Colpatria en la junta no apoyaron la designación inicial, de modo que la presión de Casa de Nariño encontró un terreno interno ya dividido.Uno, pese a que Soto, sin ser experta en el sector de infraestructura, tiene una hoja de vida reconocida. Economista de la Universidad de los Andes con maestría en Administración y Políticas Públicas de la Universidad de Columbia, ha construido su carrera casi enteramente en el sector público y multilateral: fue directora general de Presupuesto Público del Ministerio de Hacienda durante el gobierno de derechas de Álvaro Uribe; viceministra de Hacienda, alta consejera para el Sector Privado y la Competitividad en la Presidencia de Juan Manuel Santos, y codirectora del Banco de la República entre 2018 y 2021. Pasó también por Fasecolda, el gremio de las empresas aseguradoras, y por la multilateral CAF. Tras la salida, las críticas no se han hecho esperar. Incluso desde la derecha: el congresista Andrés Forero, del uribista Centro Democrático, nombró la escena sin eufemismos: “Pésima noticia el desnombramiento de la brillante y competente Carolina Soto (...) La autonomía e independencia gremial es un activo que el país no puede perder. Se equivoca la CCI y se equivoca el Gobierno. Así no”. Que la crítica venga de un partido cercano al Ejecutivo, no de la oposición de izquierda, señala que lo que está en juego va más allá de si Soto era la persona indicada, y pasa a la relación entre el Gobierno y los gremios. La CCI tendrá que escoger de nuevo, ahora con la sombra de lo ocurrido este martes.