¿Sueles ir al trabajo por la misma ruta cada día? ¿Tienes una rutina matutina determinada? ¿Intentas acostarte y levantarte siempre a la misma hora? Todos tenemos nuestra propia manera de hacer las cosas y, por lo general, somos criaturas de hábitos. ¿Por qué? Mantener las cosas en un orden reduce nuestra ansiedad y nos ayuda a automatizar las partes menos interesantes de nuestro día. También nos sitúa en una posición de control.

El impacto de las rutinas y los hábitos diarios en los niños es igual de importante. Para un niño pequeño, un día predecible es un día tranquilo. Reduce la ansiedad que genera lo desconocido, liberando valiosa energía mental para aprender, jugar y relacionarse.

“Las rutinas crean un mapa en el cerebro de los niños y niñas en el que se establecen secuencias y se asocian lugares a acciones. Esto les da sensación de control al poder predecir y prepararse para lo siguiente, lo que les aporta seguridad y favorece su autoestima”, explica Sara Ferro, psicóloga infantojuvenil y familiar en Grupo Crece.

Por qué son importantes las rutinas en los niños

Los niños se desarrollan mejor con estructura y las rutinas crean ese entorno predecible donde pueden desarrollar independencia, aprender autodisciplina y ganar confianza. De hecho, algunas investigaciones demuestran que las rutinas tienen un impacto positivo en el desarrollo de los niños, y les permite pensar con mayor claridad y gestionar mejor su comportamiento.