Hay historias que no comienzan con una noche de gloria, un cinturón mundial o una multitud que celebra a un campeón. Algunas empiezan mucho antes, cuando todavía nadie sabe hasta dónde puede llegar un deportista. La de Léster Martínez y el entrenador Héctor Arreola comenzó cuando el hoy campeón mundial interino apenas tenía 12 años y todavía era un niño de San Benito, Petén, y buscaba una oportunidad para demostrar que tenía algo especial.
Arreola recuerda aquel primer encuentro como una de las grandes fortunas de su carrera. En ese entonces era entrenador del equipo nacional juvenil de Guatemala y en una de esas captaciones apareció aquel muchacho de brazos largos, buena estatura y un físico que llamó de inmediato su atención.
“Mi primer encuentro con Léster es una de las cosas de las que me siento muy afortunado de haber estado en la captación de él”, recuerda.
Aquel primer contacto sería el comienzo de un recorrido que se extendería durante casi dos décadas. Con el paso del tiempo, las condiciones físicas comenzaron a acompañarse de algo todavía más importante: talento, disciplina y constancia. Martínez comenzó a cosechar triunfos.
Léster no se hizo campeón mundial de la noche a la mañana. Antes de llegar a las grandes carteleras profesionales tuvo que recorrer un camino largo, lleno de mucho aprendizaje.









