Mientras la contaminación provoca la desaparición de numerosas especies en diferentes cursos de agua del sudeste asiático, hay un particular pez que no solamente consigue sobrevivir, sino también multiplicarse y conquistar nuevos ambientes. Se lo conoce popularmente como sapu-sapu y su extraordinaria resistencia se convirtió en un verdadero problema en varios países. Para los argentinos su aspecto no resulta tan extraño. Bajo el nombre sapu-sapu se agrupan varias especies de bagres acorazados de la familia Loricariidae, principalmente de géneros como Pterygoplichthys e Hypostomus, peces originarios de Sudamérica y emparentados con los que popularmente conocemos como “viejas del agua”.

El término sapu-sapu puede traducirse como “pez escoba” o “barrendero”, una denominación relacionada con la forma en que estos animales utilizan su particular boca en forma de ventosa para raspar diferentes superficies en busca de alimento. Precisamente, esa característica hizo que durante mucho tiempo fueran muy populares entre los aficionados a los acuarios, ya que consumen algas y materia orgánica. Sin embargo, la liberación de ejemplares fuera de su área natural terminó favoreciendo su establecimiento en países como Filipinas, Indonesia, Tailandia y Bangladesh.