Maria del Mar Jiménez, presidenta de Las Kellys de Madrid, la agrupación en la capital de camareras de piso de los hoteles, ha viajado esta semana a Barcelona pero no precisamente para hacer turismo. “Yo no quiero que estas mujeres terminen como yo, incapacitada para trabajar, con cuatro hernias discales, quistes de Tarlov en el coxis de agacharme y levantarme, los dos metacarpianos de las manos hechos polvo, dolores en el hombro y en el codo”, dice en la concentración anual que el colectivo celebró este martes por la tarde. Cada 25 de agosto desde hace 12 años, las kellys (como les gusta denominarse, en un juego de palabras por “las que limpian”) de toda España protestan por sus condiciones laborales. Y apenas ha habido avances. Denuncian el impacto de su trabajo en la salud y que las condiciones han empeorado en las útimas décadas, cuando los hoteles dejaron de contratarlas directamente y contaron primero con Empresas de Trabajo Temporal y luego con empresas de servicios: una fórmula para esquivar el convenio de hostelería e incluirlas en el de la limpieza. La diferencia salarial, destacan, es de entre 600 y 800 euros.Jiménez y sus compañeras denuncian que se medican para poder trabajar: “Comenzamos el día con café, seguimos con paracetamol o Nolotil y acabamos con relajantes musculares y con ansiolíticos para poder dormir”. En el caso de la representante de Madrid, relata, el dolor es tan fuerte que los médicos le dan derivados de la morfina. A su lado, Maria Luisa Pérez, también de Madrid y de 57 años, muestra las operaciones de rodilla que tuvieron que hacerle antes de darle la incapacidad. Enérgica pese al dolor crónico, Jiménez ha calculado que, en sus 35 años de vida laboral, hizo 45.000 camas “sin contar las supletorias”, y retorció 31.000 trapos. “Tenemos cuatro bayetas distintas, multiplica por los días de trabajo de un año y por 35 años, multiplica”, invita.La presión, relatan, es tremenda. De la carga de trabajo, de hacerla a toda prisa para que las habitaciones se puedan volver a ocupar, de los supervisores que repasan que no hayan dejado ni una mota de polvo... Muchas toman relajantes musculares para dormir con tanto dolor. Y a la larga, a veces, acaban con ansiolíticos.En 35 años de vida laboral hice 45.000 camas, sin contar las supletorias, y retorcí 31.000 bayetas" Maria del Mar Jiménez, de Las Kellys de MadridJuani Pérez, que durante mucho tiempo ha trabajado en dos hoteles y suele hacer de portavoz en Barcelona, recuerda las reivindicaciones tradicionales del colectivo: “Jubilación anticipada, mejoras laborales, reconocimiento de las enfermedades laborales, estudios de riesgos ergonómicos, mejoras como camas elevables o carros motorizados... No es posible que la industria hotelera y turística tenga los beneficios que tiene y nuestras condiciones sean cada vez más deplorables, no tienen excusa, llevamos 12 años denunciándolo. Nuestra salud se queda en los pasillos de los hoteles, que siguen abiertos a costa nuestra”. Otra compañera, Magnolia Cuevas, remacha que las subcontrataciones les hacen “más pobres y vulnerables”. Y a la pregunta de si se plantean hacer huelga responde que no: “Cobramos solo el día que trabajamos, acaban con nuestra dignidad, promocionan un turismo de calidad que es para los dueños de los hoteles”. Eulalia Corralero, una de las fundadoras del colectivo tras trabajar 45 años en un hotel de Lloret de Mar (Barcelona) se indigna al recordar que “se sigue externalizando, se cobra cada día menos y se divide a las plantillas para que pierdan fuerza a la hora de negociar”. “Ya está bien”, continúa en alusión a las que no llegaron activas a la jubilación, “llevamos 12 años [de protestas] y somos un ejemplo vivo de lo que es la vida laboral de una camarera: tenemos incapacidades permanentes, la seguridad social nos dice que no podemos trabajar, pero vivimos la mitad del salario”. Otro problema que afrontan a la hora de plantear huelgas es que las kellys se organizan en asociaciones, y les falta el paraguas sindical.El geógrafo Ernest Cañada, del centro de investigación sobre el turismo y la industria turística Alba Sud, alerta de que “la medicalización de las trabajadoras de piso es sistémica y estructural en su trabajo: no es es que tomen sustancias para evadirse, sino para poder trabajar”. Y constata que “las causas de la dependencia están vinculadas a cómo es su trabajo, y cómo se organiza para exprimir al máximo: físico, duro y repetitivo, con picos y con mucha presión de hacer mucho en poco tiempo”. “Las consecuencias se trasladan directamente al cuerpo de las trabajadoras”, dice y apunta que, si se analizan modelos de riesgos psicosociales en el trabajo, “su trabajo encaja con las peores condiciones, tanto en salud mental como en física”. Cañada cuestiona además la falta de reconocimiento de una tarea que es básica para el turismo y la respuesta de los empresarios: “Habitualmente lo que dicen es que el problema es de las propias camareras que no atienden a las medidas ergonómicas [en algunos hoteles las camas suben y bajan con un sistema hidráulico]. Ellas invitan a cualquiera a trabajar durante semanas, meses y años”. En el sector, nadie llega a la jubilación trabajando en la limpieza de habitaciones: o se marchan a otro lado o cambian de tarea dentro del sector.