OpiniónPerseguir caricaturistas no es cosa exclusiva de dictaduras; en las democracias también les cierran el espacio.25.08.2026 22:01 Actualizado: 25.08.2026 22:01 El viernes 12 de junio, tres días antes de su muerte, el caricaturista ruso Semión Skrepetski posó frente a la embajada de su país en Berlín, con uno de sus dibujos —una parodia de un ícono ortodoxo donde aparecía Stalin cargando a Vladimir Putin como a un niño de brazos—. Además, tiró a la basura una bandera rusa. El lunes siguiente, fue acribillado en el parqueadero de su casa, en la ciudad polaca de Biala Podlaska. Le propinaron cinco tiros; tres de ellos a quemarropa, cuando yacía en el piso. Tenía 44 años, estaba exiliado desde 2021 en Polonia, y no le temblaba el pulso para dibujar a Putin ni a sus títeres Aleksander Lukashenko, de Bielorrusia, y Ramzán Kadírov, de Chechenia.El principal sospechoso del asesinato no es un sicario novato; es un tipo de 36 años, capturado cerca de Varsovia, con pasaporte georgiano —tal vez falso—, y vínculos con bandas organizadas. La semana pasada la fiscalía polaca lo acusó de participar en 2022 en otro homicidio, en un hostal de la capital, y las autoridades no descartan que tras bambalinas haya participación estatal, aunque de un país no especificado. La hipótesis que trabajan, según el propio primer ministro, Donald Tusk, es la de un crimen político, con servicios extranjeros que contratan matones a sueldo para hacer el trabajo sucio.La manía de perseguir a la prensa crítica o incómoda no es nueva. Sin embargo, hasta no hace mucho, los caricaturistas contaban con cierto blindaje. Como bien lo decía Álvaro Gómez Hurtado, “esa inmunidad se considera indispensable para el ejercicio de la sátira y hoy forma parte del conjunto de garantías que constituye nuestro invaluable sistema de libertad de prensa”. Por desgracia, eso ya no es así, y el trabajo de los caricaturistas editoriales es cada vez más difícil.En este punto resulta inevitable recordar la masacre de Charlie Hebdo, ocurrida en París en enero 2015, cuando una célula de terroristas yihadistas incursionó en la sede de este semanario satírico, para vengar una supuesta blasfemia. El saldo: doce personas muertas, incluidos seis caricaturistas.El oficio del caricaturista, que antes gozaba de cierto blindaje, es hoy más difícil y más peligroso.Pero no siempre los trazos se borran tan violentamente. De hecho, mientras en las autocracias se usa la bala y la tortura, en las democracias se acude a la censura directa o indirecta. Recordemos que en 2019, The New York Times eliminó las caricaturas políticas de sus páginas, y en 2023, The Guardian despidió a Steve Bell tras cuarenta años de trabajo. Casualmente, en ambos casos, la polémica surgió a raíz de unas caricaturas alusivas Benjamín Netanyahu. Y en enero de 2025, Ann Telnaes —ganadora del premio Pulitzer— renunció a The Washington Post cuando le vetaron un dibujo donde aparecían varios magnates —entre ellos Jeff Bezos, dueño del periódico— haciéndole venias a Donald Trump.Las buenas caricaturas son piezas de opinión y no tienen que ser necesariamente graciosas. Y por eso, las que dan en el blanco no necesitan explicación ni se desmienten con una rectificación, y eso es lo que más mortifica al poder representado por un presidente, un dictador o algún magnate.Lo más triste es que cada vez que matan o vetan a un caricaturista, aparece el mismo sonsonete: “es que se pasó de la raya”, pero nadie sabe quién traza esa raya. ¿Un ministro, un fiscal, un general, un cardenal, un empresario? En todo caso, esa línea nunca la pone el lector, sino alguien que manda. El problema es que cuando desde el poder pretenden determinar qué opinión es válida, ya no hablamos de buen gusto, sino de uno de los pilares de la democracia: la libertad de expresión.Al final, silenciar a un caricaturista —a punta de bala o de censura— no es un golpe contra el humor ni contra la prensa, sino contra el pluralismo y contra la libertad de todos. Incluso, la de los que nunca leen un periódico.puntoyaparte@vladdo.com Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. Mantente siempre actualizado con las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en Google News.EL TIEMPO WHATSAPPÚnete al canal de El Tiempo en WhatsApp para estar al día con las noticias más relevantes al momento.EL TIEMPO APPMantente informado con la app de EL TIEMPO. Recibe las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en tu dispositivo.SUSCRÍBETE AL DIGITALInformación confiable para ti. Suscríbete a EL TIEMPO y consulta de forma ilimitada nuestros contenidos periodísticos.