El Altalena era un barco de la organización judía clandestina de derecha Irgún que, en 1948, un mes después de la declaración de independencia de Israel, llegó a sus costas con inmigrantes y armas. El recién formado ejército israelí lo hundió por orden del primer ministro David Ben Gurión. De pronto, esta semana, 78 años después, se ha anunciado su hallazgo y la voluntad de volver a sacarlo a flote. Al barco, pero también a uno de los incidentes más controvertidos de la violencia entre judíos en el país. El anuncio del hallazgo no lo hizo ningún organismo estatal de los que informan diligentemente sobre los constantes descubrimientos arqueológicos, sino dos ministros: Itamar Ben Gvir, de Seguridad Interior y líder del partido supremacista Poder Judío, y el ministro de Patrimonio, Amichai Eliyahu, de la misma formación. Según la prensa israelí, el primer ministro, Benjamin Netanyahu, se enteró del descubrimiento a través de los medios de comunicación, en lo que se especula que es un intento de Ben Gvir de adelantarse a Netanyahu y apropiarse de un símbolo fundamental del partido Likud, al que pertenece el primer ministro. El barco Altalena y su cargamento llegaron a Israel bajo las órdenes del legendario líder revisionista Menajem Béguin, futuro primer ministro, cuyo movimiento político, Herut, pasó a ser parte del Likud. El anuncio del hallazgo del barco a más de 500 metros bajo el mar desató de inmediato una batalla política sobre el reconocimiento y la memoria (y las tareas de rescate) en torno a uno de los episodios más polémicos de los inicios de la historia del país. Netanyahu se apresuró a llegar al Museo Etzel —que es la pronunciación de las siglas en hebreo del nombre completo del Irgún—, en la playa al sur de Tel Aviv. Desde el exterior del museo emitió una declaración en vídeo minutos antes de que los dos ministros ofrecieran una rueda de prensa dentro del museo sobre el mismo asunto. TE PUEDE INTERESAR Netanyahu afirmó que Ben Gurión había tomado la "trágica decisión de abrir fuego" contra el barco mientras "transportaba armas esenciales para nuestros combatientes en la Guerra de la Independencia". "En lugar de permitir la descarga", lamentó, "los hombres de la Haganá en la playa abrieron fuego". El Altalena, pseudónimo del ideólogo del revisionismo Zeev Jabotinsky, llegó procedente de Francia el 20 de junio de 1948. Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) acababan de formarse y todas las milicias clandestinas habían recibido la orden de desarmarse. Ben Gurion consideraba al barco y a su cargamento una amenaza para la soberanía del Estado. Y Béguin era su gran rival político. El Altalena en llamas frente a las costas de Tel Aviv en 1948. (Getty/Keystone) Unos 900 inmigrantes desembarcaron en una playa más al norte y las FDI ordenaron a los miembros del Irgún que entregaran las armas. Se produjo un tiroteo y el barco zarpó hacia Tel Aviv, donde milicianos de Béguin asaltaron el cuartel general del Palmaj, una milicia rival que formaba parte de la Haganá de Ben Gurion y que había sido absorbida por el ejército. Yitzhak Rabin, quien más tarde se convertiría en primer ministro, estuvo presente y activo durante el enfrentamiento. Los soldados dispararon contra el barco y le prendieron fuego. Tres soldados de las FDI y 16 miembros del Irgún murieron. En las últimas décadas, la memoria del Altalena se ha convertido en un arma política. Las ceremonias conmemorativas de los caídos a bordo del barco rinden homenaje únicamente a los miembros del Irgún. Netanyahu suele repetir cada año que, si las armas a bordo no se hubieran hundido, "es muy posible que la Guerra de la Independencia hubiera terminado antes y en condiciones mucho mejores". Si bien la mayor parte de las armas acabaron en manos del ejército. Unidad nacional En un sketch del muy popular programa televisivo israelí de sátira política llamado "País Maravilloso", una pareja es entrevistada sobre las elecciones. Es del año 2022, después de cuatro convocatorias electorales. Él acaba diciendo que la única solución es una guerra civil. "Porque este pueblo no se adhiere, no hay química, no se lleva bien (…) todos los países respetables han tenido una guerra civil ¿por qué nosotros nos quedamos atrás? Todos sabemos luchar, todos tenemos el equipo en casa, gracias a Dios". Su consejo: "La próxima vez que haya una bronca en la piscina y empiecen a darse sillazos y sombrillazos, que nadie lo detenga, dejemos que se desarrolle". "Yo me partí de risa con ese clip cuando lo vi por primera vez", dice Shira Mor, una abogada de Tel Aviv. "Y recuerdo muy bien que cuando me saltó en algún feed un par de años después, después de que el gobierno comenzara a cambiar el sistema judicial y en medio de la guerra tras el 7 de octubre, no me hizo ninguna gracia. Pero ninguna". El concepto de "guerra civil", manejado por políticos, analistas, periodistas y más, es uno de los más manidos en estos tiempos en los que los actos y el lenguaje son teatrales, no solo en Israel. Pero también manifiesta temores reales. TE PUEDE INTERESAR El Instituto de la Democracia de Israel (IDI) hace sondeos periódicos sobre el estado de ánimo nacional. Pregunta sobre cuatro parámetros: el futuro de la seguridad del país, el futuro del sistema democrático, el futuro de la economía y el futuro de la cohesión social. El optimismo es siempre más bajo con respecto al último asunto. Con respecto a la seguridad, entre los judíos consultados los optimistas son un 41% y entre los árabes, un 14%; sobre la democracia, un 43% entre los judíos y un 24,5% entre los árabes; sobre la economía, un 33% entre los judíos y un 9% entre los árabes; y, con respecto a la cohesión social, son optimistas solo un 22% de los judíos y un 20% de los árabes. Campaña preelectoral Los tres políticos que la mañana del lunes anunciaron el descubrimiento también advirtieron sobre los peligros de una guerra civil. "Hermanos mataron a hermanos" frente a la costa de Tel Aviv cuando "el Altalena se incendió", lamentó Netanyahu, recordando cómo Béguin "detuvo la lucha" y prometió que "no habrá guerra civil". "Esa es la lección del Altalena", afirmó el primer ministro. TE PUEDE INTERESAR Ben Gvir dijo: "Ante toda la persecución, Menajem Béguin se mantuvo firme en su verdad, con una convicción muy clara: Somos hermanos, toda la Casa de Israel; no importa nuestro origen, color o etnia, ni a qué partido votemos. Jamás habrá una guerra civil". El politólogo Arieh Kacowicz, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, es optimista y encuentra improbable un enfrentamiento civil, "a menos que haya un intento de asesinato de la procuradora (la fiscal general del Estado, Gali Barhav Miara) o de Eisenkot (Gadi, líder del partido centrista Yashar) o se posterguen las elecciones". Lo cual, para ser optimista, no lo es tanto. Sin embargo, Matías Rott, analista en asuntos de seguridad, aventura que, incluso si atentan contra la vida de Eisenkot, no habría una guerra civil. "Mataron a Rabin y no hubo guerra, pasaron otras cosas muy malas, pero no guerra civil. Cierto que estábamos en otro contexto histórico, pero, aun así, no creo que estemos en un momento de fractura social tal y sí creo que el sentimiento nacional está por encima del político". Rott no descarta, eso sí, la posibilidad de actos terroristas como el magnicidio de 1995, pero cree que en Israel "no hay espacio para una guerra civil, porque te comen de fuera, eso todo el mundo lo sabe". "Si se llegase a ese punto es la destrucción del Estado y los actores involucrados saben eso", sentencia.
El fantasma del Altalena: el barco que puso a Israel al borde de la guerra civil reemerge
78 años después de su hundimiento, se ha anunciado su hallazgo y la voluntad de volver a sacarlo a flote. Al barco, pero también a uno de los incidentes más controvertidos de la violencia entre judíos en el país










